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Blog de Fernando Sanjosé

Noticias de Segovia

Ilusión

Archivado en: Lotería Navidad

Mire qué horas son y aquí estoy. Me he puesto a escribir porque he hecho el primer intento de meterme en la cama para dormir, que este miércoles es día de escuela, pero no ha habido forma: Todo el rato dando vueltas a la cosa. Qué si me toca el gordo paso la Nochebuena en Nueva York, viajando en primera y sólo un rato después de mandar a paseo con mala leche al director ese de mi entidad bancaria, el que me negó el crédito y un poco más tarde de ajustar las cuentas con el jefe de turno que no me diga usted ¡qué gusto sólo pensar que le levantas el dedo en la cara...

Lo de la lotería de Navidad es una de esas cosas especiales que uno no sabe bien por qué lo son: Suena a rancio, a España de después de la guerra. Si quiere hablamos de ello este miércoles, después de que salga el paisano desdentado, pero recién forrado, en el telediario de las tres diciendo que va "a tapar unos agujeros" con la billetada.

Pero también está lo de los niños esos de San Ildefonso, que tras esa imagen virginal y bien mirado, es repelente, que imagínese la cantinela en casa los días previos y el pavo con el que andan por el colegio.

El pago, en números reales, es escaso si se compara con cualquiera del puñado de loterías que se celebran cada día; si te toca y te descuidas, va y se entera el barrio entero, ¡Con lo malas que son las envidias! y encima, como andes torpe, puede tocarte un decimillo y acabar debiendo dinero, que te lías, te lías y al final...

Pues pese a todo, la mañana informativa se parará este miércoles para escuchar en la radio comentarios de puro relleno (ya me dirá usted qué se puede comentar, más allá de los tópicos, en un sorteo) con el fondo del niño repelente dando cuenta de miles de premios insulsos hasta que por fin salen los buenos, que es el momento estelar del desdentado de los agujeros. Hecho el día.

Me estoy torciendo, que no quiero aguarle la ilusión, sobre todo porque yo la tengo también (tiembla director de no sé qué, más director que yo, que tanto me das la coña día tras día) y si es necesario me arranco dos o tres dientes antes de que vengan los de la tele y los fotógrafos.

No, no es que juegue demasiado. Lo normal: las participaciones que me ha vendido el niño con recargo para que sea yo el que pague dos veces el viaje de fin de curso; las de los diez bares que tengo como habituales (siempre para tomar café, no se confunda); las que intercambio con mi cuñado, ese del que hablo todas las navidades y que en esto, dice que intercambiar cinco euros es poco, que mejor el décimo entero... ¡Uf, qué mal me cae!; el pastizal jugado en el periódico y el de esos sitios que "cómo no voy a llevar de aquí", yo qué sé por qué extraño mecanismo cerebral...

Vamos que otro año que caigo en la cuenta en una noche como esta de que podría llevar una semana en Nueva York flipando con las luces, recorriendo Manhatan en limusina de esas largas y comiendo como un poseso, eso sí, sin cuarenta décimos y participaciones en el bolsillo.

Qué raros somos. Yo por lo menos. Alguien me dijo hace unos días que soy arisco, que con los años pierdo el humor (si es precisamente con esa persona con la que recupero la chispa) y que no me río, pero yo quise tranquilizar las cosas argumentando que es transitorio, que estoy nervioso ante el sorteo, que encima es cierto.

A ver: Suerte en lo del sorteo, pero piense que sólo el trabajo honrado dignifica y el dinero ganado en el juego... ¡Cáscaras, que pedante y falso a la vez que soy! Que decía que suerte, que si no cae, pues más fortuna le deseo para 2011 y que si no, siempre nos quedan las comilonas y bebilonas pendientes en estas fechas de solsticio de invierno celebrado a todo trapo para ayudar a llegar a medio enero. Y ya está.

No sé cuántos millones de peeeeee  setas. Ah, no, que son euros. ¿Ve como invita a lo rancio?

Publicado el 22 de diciembre de 2010 a las 01:45.

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Pepe, vete en tren

Archivado en: Puente, Controladores, Unesco, Navidad

"De ninguna manera te vas tu a un hotel, que yo tengo cama para ti". Hombre, digo yo que no vas a dejar tirado a un amigo en ese jaleo que han sido los aeródromos, así que me lo traje. Es cierto que era para pasar la noche, aunque se ha quedado, que dice que habiendo perdido ya parte del puente para qué se va a ir a Roma. Menuda boca tengo.

Lo normal sería que me pusiera del lado de la ciudadanía en el asunto de los controladores, que con las vacaciones (y la pasta que generan) no se juega, aunque lo cierto es que además tengo la sensación de que el colectivo está en guerra con un ministro, Blanco, al que algunos achacan arrojo y otros soberbia.

Mire, los controladores ganan mucha pasta, aparentemente trabajan lo justo o menos y encima son un grupo con aspecto de casta. Es fácil así que te caigan mal, que te alegres de que les reduzcan los privilegios (aunque estén firmados) y que se lleven toda la caña del mundo. Como dijo Pepe, seguramente seríamos más comprensivos con una huelga salvaje, yo qué sé, de empleados de limpieza viaria o de los de una cadena de montaje. "Pero a estos señoritos, ni agua". Y punto. ¡Leche! Ya estoy caminando por el filo de la navaja.

Lo cierto es que el "conflito" me tiene aquí, sin yo tener muchas ganas, haciendo de anfitrión de Pepe, con el que he recorrido la ciudad con sus luces navideñas que al parecer son un gran aliciente para animar al consumo.

Ya hemos visto la pantomima del encendido oficial; las calles en las que el montaje completo está subvencionado y las otras menos afortunadas en las que obligan a los comerciantes a retratarse si quieren arco (creo que ese asunto nunca se resolvió adecuadamente); el pirulí de Nueva Segovia con sus brillos y el portal de Belén ese de la Plaza Oriental.

Me paro ahí, que Pepe, recalcitrante como es, me ha preguntado por qué hay un icono cristiano, uno de los mayores de esa religión, en el medio de la ciudad. Me ha preguntado si nuestros gobernantes han leído en estos días de conmemoración la parte esa de la Constitución que dice que somos laicos y que lo que nuestros antepasados celebraban era el solsticio de invierno.

Se empeña Pepe en hacerme reflexionar si la integración, la tolerancia y hasta la alianza de las civilizaciones no influye en esto y de paso remarca a modo de amenaza al aire si los que han puesto ahí ese portal con su santo José, la Inmaculada y el niño Jesús, con cuna y todo, aunque sea a base de luces de led (y bastante feo, añado yo que soy de imaginería tradicional) saben que "los otros" no sólo necesitan respeto aparente cuando llegan las elecciones.  "Exageras" le dije tajante. "¿Cuánto crees tu que duraría un grupo de budistas con su gordo dios junto al Acueducto?" me respondió antes de callarse y dejarme sordo.

No quise dejarme pillar otra vez el lunes y pensé que la celebración del cuarto de siglo de la declaración de la Unesco sería una buena cosa, ajena a cualquier conflicto e incluso divertida.

Para evitar los problemas del tráfico le monté en un urbano aunque claro, no sé qué pasa últimamente en ese servicio que los vehículos (tienen conductores profesionales, creo) corren mucho (quizá sea la tiranía de los horarios), meten frenazos de muerte y viajar de pie -es obligado a menudo- entraña ciertos riesgos. Ya estaba Pepe sacando punta a las cosas y yo, callado otra vez.

Bueno... Hacía solete y buen tiempo, así que opté por el paseo por la Calle Real donde tuvimos ocasión de cruzarnos con el alcalde Arahuetes, cosa rara, sin guardia pretoriana, un hecho que no pasó desapercibido a un grupo de jóvenes (luego supe que eran de Nuevas Generaciones) que con la insolencia de la juventud le soltaron alguna fresca del estilo "Qué sólo estás".

La cosa no pasó de ahí, aunque sospecho que les había oído: El cielo se cerró y se puso gris, comenzó a caer agua como si llegara el diluvio y la Plaza se vació para llenarse los soportales. Arahuetes, empapado, en el escenario; sólo sus concejales y allegados (diez conté) a pie de tablado; y un discurso bajo la lluvia al que nadie atendía.

Para quien crea que las cosas no pasan porque sí -mi amigo Pepe es de esos- la escena estaba llena de simbolismo Más si se tiene en cuenta que el chubasco duró sólo unos minutos más, lo justo para deslucir las fotos.

Total, que como ya le he dicho al principio, no me quedó más remedio que recurrir al Patrimonio inmaterial -ese invento también es bueno, bueno- e hinchar al jodido Pepe a vinos en todos los bares de la Plaza. Ahora duerme plácidamente la caraja mientras yo escruto los teletipos deseando encontrar el espacio aéreo lleno; posibilidades de vuelo a mansalva y ofertas que hagan que el tipo este se marche ya de mi casa y deje de incordiarme todo el tiempo con su retorcida óptica de las cosas de mi ciudad.

Qué tío. Me ha llenado de su realidad el puente. ¿Qué sabrá él? Ya no me quito el bajón hasta el 8 de enero. O hasta junio.

Publicado el 7 de diciembre de 2010 a las 02:30.

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Etapas navideñas

Archivado en: Navidad, Santos inocentes.

Ando yo con la caraja navideña y me muevo cansino, ratón en mano, por la pantalla del ordenador pinchando aquí y allá sin saber muy bien a dónde ir, que estos días la cadencia de informaciones baja lo suyo y llega un momento que "te lo sabes todo" y si quieres ampliar, hasta la mejor fuente pilla vacaciones y ¡apaga el móvil!

Eso de apagar el celular -me gusta ese nombre y cómo lo dicen los sudamericanos- es casi un delito hoy día y te puedes encontrar a alguien que te espeta desairado que te ha llamado hasta dos veces y no ha logrado encontrarte, que qué pasa contigo. Ya sabe, esclavitudes del siglo. ¡Pero qué torpes somos a veces!

Esta Navidad es escasa en villancicos y más llena de la cantinela atemorizadora de que lo peor de la crisis esta está por llegar en 2010, que lo vivido hasta ahora no ha sido nada... Encima el que te lo cuenta se apoya en su dedo acusador que apunta a cualquier comercio que esté por allí -da igual un brillante paseo remozado que la calle más tradicional- en el que el vacío deja ver claramente cómo detrás del mostrador, alguien trastea con el ordenador pinchando aquí y allá, sin saber muy bien a qué parte del ciberespacio ir... Está la cosa muy mala.

En ese ritmo cadencioso dejé pasar el día 28 sin escribir una sola línea, que aunque la tradición va para abajo aún se mantiene y en esa jornada todo lo que digas se somete a la inmediata pregunta: "¿No será una inocentada?" que viene a ser como devaluar la información. Y uno no está para esos trotes.

No le diré yo que no disfrutara en tiempos pasados del placer de plantar un titular falaz y modelar, por fin, una noticia a mi propio gusto. Que por una vez hiciera yo el chiste y no algunos de los señores y señoras a los que habitualmente entrecomillamos mientras dicen chorradas muy, muy en serio.

Y confieso que la que más me divirtió fue aquella que sólo motivó la envidia insana que me corroía al ver cómo los segovianos se repartían el pastón del Gordo aquel de la lotería que yo ni olí. Publiqué en titulares del periódico en el que trabajaba algo de una impugnación del sorteo, que Hacienda habría aceptado, que los quiosqueros me dijeron que causó muchos rostros pálidos y algún vahído... No quise preguntar en el hospital, por si me estropeaba mi maliciosa venganza.

Este año sí hubo compañeros -aún nos llamamos así en este colectivo, pero cuando estamos en grupos reducidos- que saltaron a la palestra. Me gustó la que preparó Alfonso -el de Sonrisa, el de Los 40- convocando a nerviosas fans de Pereza en el bar de los Santana, donde se suponía que se firmarían discos. Picaron treinta o cuarenta.

Vale. La próxima cita "inexcusable" es en Nochevieja. Diversión asegurada porque sí tras copiosa cena pagada a cojón de mico, cuñado listorro pimplándose tus espirituosos, abuela dormitando en el sillón y niños histéricos hasta altas horas, las mismas que utilizarán cientos de patosos para bordar el papel en nuestras calles y bares.

Venga, queda poco y hay que disfrutarlo. Enseguida volvemos a la rutina pero mientras, un villancico que hay que mantener las tradiciones: "Cascabeles, cascabeles, cascabeles todo el camino. Qué alegría llevar un coche de caballos descubierto" (Lo de que todo el mundo sepa algo de inglés causa muchas decepciones sobre la lírica de las canciones ¿No le parece?).

Publicado el 29 de diciembre de 2009 a las 13:00.

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Pinos sin ramas

Archivado en: Navidad, Adornos navideños, luces

No es que me molesten los adornos navideños, que las luces dan ambiente, animan al consumo y a veces (son ratos tontos) llegan a lograr que el espíritu navideño -"Tó er mundo es güeno", lo llamó Manuel Sumers- llegue a entrar dentro de cada uno. Vamos, que son muy bonitas.

Tampoco me molesta que cada año se repita el ritual que empieza por la adjudicación negociada del contrato a la empresa de Carmelo Plaza -ésta, la Pirotecnia Manchega y alguna otra son como perennes, no me diga por qué- que por octubre o noviembre ya se deja ver por aquí, colocando los primeros arcos... aunque para los últimos espere hasta el último instante.

Después llega el "momento alcalde", con el regidor apretando un botón, ya no sé si real o no, pero yo lo he visto con una caja de cartón, para arrojar la luz y el espíritu ese sobre los segovianos, admirados y boquiabiertos, suponen.

No espere más, que voy con lo que me molesta: Me saca de quicio ese acto innecesario y (que gracioso estoy hoy) buscando relumbrón sin venir a cuento; me irrita la repetición incesante de los motivos configurados a base de bombillas (de bajo consumo es lo que se lleva), da igual la ciudad o pueblo en el que uno se fije; me revienta la recaudación previa entre los comerciantes: el que quiera adorno, que pague y que lo haga de antemano. Hubo una vez debate con esto, pero se acalló por ambas partes.

Pero este año, lo que más repelús me da es el abeto metálico ese que han plantado en medio de la Plaza Oriental -no por la ubicación, que al Acueducto no le afecta, creo yo, y esa es la verdadera Plaza de la ciudad, junto al Azoguejo- curiosamente una réplica casi exacta del colocado en la Plaza Mayor de Madrid -bueno, aquel tiene corazoncitos-, que deben hacerlos en serie y así es muy difícil ser original.

Mi propia visión me dice que es feo, aunque para gustos se hicieron los colores, pero lo que me preocupa de verdad, aún reconociendo que este es un mercado muy cerrado, es el mimetismo, que lo mismo es paranoia mía, pero que de repente hace que me acuerde que los madrileños pusieron en marcha la "Noche en blanco" y detrás llegó "La Noche de la Luna llena" del Segovia 2016...

Me vienen otras cosas, pero un ejemplo basta. Este jueves, por decreto municipal y dedo mágico de regidor comienza la Navidad en Segovia, que seguro que tiene alguna novedad más, qué se yo, ¿Qué las uvas se coman en la Plaza Mayor? Mucho mejor, dónde va a parar, que la Puerta del Sol.

Venga, pues ya aprovecho para felicitarles a todos por acabar un año como 2009 -sólo para supervivientes-, tener los arrestos de afrontar el siguiente y aguantar al cuñado listo ese que se bebe su vino bueno. No se preocupe, que es breve: Viene con los cascabeles de Papa Noel y se va con el olor a incienso de los Reyes. Y todo con mucha luz brillante.

Publicado el 17 de diciembre de 2009 a las 11:15.

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Nubarrones antes de Navidad

Archivado en: Paro, Navidad, Comercio

Se palpa en el ambiente una especie de ansia por "poner en marcha la Navidad", que sectores como el comercio esperan que repare, al menos en parte, el catastrófico año que estamos acabando y que los observadores, en general, quieren utilizar de baremo para ver si la economía, por fin, comienza a mover sus oxidadas máquinas.

Sin esperar siquiera al "puente", ya nos invaden belenes, escaparates llenos de luces y mensajes que invitan a comer turrón. Parece demasiado pronto, pero si así nos animamos...

Sin embargo, hay poco lugar para el optimismo, menos aún en esta provincia, donde el paro está alcanzando niveles impensables -de nuevo, hemos sido los segovianos los que mayor porcentaje de desempleados hemos generado en un mes en comparación con el resto de la región- hace sólo unos años, cuando se rozó el pleno empleo y lo peor es que nada hace pensar que la tendencia cambie.

De entrada porque ya apuntamos a la estadística del próximo mes a más de un centenar de personas que hasta ahora estaban ocupados en la Choricera y hoy sólo esperan que la extinción de sus contratos tenga la mayor indemnización posible -o que al menos sea digna- mientras agentes sociales y políticos se limitan a poner cara de resignación ante el desastre.

No serán los únicos en este nefasto último trimestre. Los 8.490 parados contabilizados hasta noviembre significan otros tantos dramas de enorme calado en el que se ven envueltos además sus familiares. Y ninguno de ellos aparenta estar para alegrías navideñas o de otro tipo.

Lo peor de todo es esa sensación que da ser el furgón de cola del furgón de cola -a la comunidad tampoco le salen nada bien las cifras de empleo- y eso mientras se trata de convencer a los ciudadanos de las "enormes posibilidades de progreso" de esta tierra, absolutamente dependiente del precario empleo en el sector servicios y de la agricultura.

Quizá por ese marco oscuro que rodea la foto parezca que la mayoría asiste impávida a los estériles debates de asuntos prioritarios, permitiendo el tratamiento frívolo llevado exclusivamente al terreno de la rentabilidad política.

La postura global de nuestros electos ha sido más o menos esa siempre. Y así nos va. Escribiendo la carta a Papá Noel, hasta que nos damos cuenta que ese también es un invento.

Publicado el 4 de diciembre de 2009 a las 06:30.

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Fernando Sanjosé

Fernando Sanjosé

Fernando Sanjosé (Segovia, 1967) es director de Gente en Segovia desde su inicio, en noviembre de 2005, después de más de dos décadas dedicadas al periodismo activo en la ciudad y como corresponsal de la agencia Europa Press. En esta sección sólo se pretende ofrecer la opinión de cualquier asunto de interés, especialmente en el ámbito segoviano, pero también fuera de él. Incluye también las informaciones editoriales que aparecen cada semana. No se busca la confrontación personal, sino el intercambio crítico y libre de opiniones con los lectores.

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