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Blog de Alberto Castillo

Sin acritud

Un cheque en blanco para Rajoy

Archivado en: 20-N, resultados, Rajoy

Los resultados electorales han propiciado el mayor trasvase de votos de la democracia. La amplia mayoría absoluta obtenida por el PP va a permitir a Rajoy gobernar sin ataduras, sin tener que requerir los apoyos de otras fuerzas políticas. A los 186 escaños en el Congreso, suma el poder en la mayoría de las comunidades y grandes ayuntamientos. Jamás un partido político ha acumulado tanto poder central, autonómico y municipal. Un mapa de color azul conseguido más por desplome del adversario que por mérito propio, pues el PP ha sumado apenas 600.000 nuevos votantes a los poco más de 10 millones que ya tenía, frente a los 4,4 millones de votos perdidos por el PSOE sobre los mas de 11 millones con los que contaba en 2008. Sin restarle un ápice de mérito, el resultado permitirá a Rajoy tener las manos libres para adoptar las medidas de ajuste  necesarias, por duras que sean. Y tendrá que administrar su poder con responsabilidad, esperemos que lejos de la prepotencia con que el PP gobernó su segunda legislatura con el rodillo de la mayoría absoluta. El escenario es radicalmente distinto y las decisiones que tome no le van a salir gratis. Va a ser una legislatura agitada y contestada en la calle. Pero el interés general y lo grave de la situación requieren decisiones drásticas adoptadas sin titubear. Se ha agotado el tiempo de marear perdices. Esta es la lectura que se desprende del 20-N. Los españoles, han refrendado ampliamente las políticas mas firmes de austeridad, como las que han aplicado los gobiernos de Esperanza Aguirre y María Dolores de Cospedal en Madrid y Castilla La Mancha, y el de Artur Mas en Cataluña, donde lejos de retroceder, han afianzado su respaldo ciudadano. Han entendido, y así lo han hecho saber con sus votos, que los sacrificios son necesarios para salir de la crisis. Mariano Rajoy también ha entendido el mensaje y ha recogido rápidamente el guante. En sus primeros pasos como presidente electo ha mantenido una conversación con Angela Merkel para garantizarle que España cumplirá sus compromisos de reducción del déficit, pero reclamando a cambio que las instituciones europeas sigan apoyando a España porque va a hacer sus deberes. Junto a este mensaje de confianza, ha puesto a la persona de su máxima confianza, Soraya Sáenz de Santamaría, a organizar el proceso de traspaso de poderes con el gobierno socialista en funciones. Son señales de que tiene claro cuál es el camino a seguir en esta legislatura que arranca sin mas hipotecas que una ingente tarea por delante.  

Publicado el 22 de noviembre de 2011 a las 17:45.

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La hora de la verdad

Archivado en: Rajoy, PP, elecciones generales, 20-N, confianza, prima de riesgo

Como hemos podido comprobar estos días, los recientes cambios políticos en Grecia e Italia apenas han tenido impacto en los mercados, que  lejos de apaciguarse, han seguido dando señales de que no se están dispuestos a conformarse con el lavado de cara de los gobiernos que han cambiado a los políticos en ejercicio por tecnócratas de prestigio. Tampoco les parecen suficientes las declaraciones institucionales grandilocuentes, como las recientemente pronunciadas por Angela Merkel reconociendo que Europa atraviesa su hora más difícil desde la II Guerra Mundial, realidad de la que no está muy alejada. Los mercados no van a conceder la más mínima tregua a los nuevos gobiernos del sur de Europa. Quieren hechos concretos  y  no les basta con las promesas de enmienda de los Estados con mayores dificultades, como Italia, Grecia y, por supuesto, España. El recibimiento con que los mercados han saludado la llegada de los tecnócratas Papademos y Monti es el mejor ejemplo de que un cambio político no genera por sí mismo la confianza necesaria. Un serio aviso para España, cuya prima de riesgo se ha disparado en la recta final de la campaña electoral hasta alcanzar las cotas mas altas de la historia del euro, acercándose peligrosamente a los 500 puntos que marcaron Grecia Portugal e Irlanda antes de ser rescatadas. Son señales elocuentes de que las elecciones generales de este domingo no son suficientes por sí solas para generar la confianza que los mercados demandan y de que el Gobierno que tome las riendas debe ser consciente de que el cambio político no basta si no va acompañado urgentemente de una agenda de reformas en profundidad y de la determinación necesaria para sacarlas adelante. Un escenario en el que todos, Gobierno, oposición y agentes sociales tienen que actuar con responsabilidad y ser conscientes de que estamos en una situación límite y de que nos jugamos nuestra supervivencia como Estado soberano y el bienestar de los españoles. Los mercados aguardan expectantes como el cazador ante una posible presa, a la espera de que el domingo salga un gobierno fuerte, con mayoría suficiente para aplicar con coraje las reformas necesarias para cumplir los objetivos de deuda y déficit. El nuevo Gobierno tiene que ofrecer más que palabras y convencer con hechos de que se están tomando medidas que sienten las bases de una estabilidad que garantice el cumplimiento del déficit y el crecimiento de la economía. Va a costar sangre, sudor y lágrimas, pero hay que hacerlo, con consenso, o sin él.

Publicado el 18 de noviembre de 2011 a las 14:30.

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Un debate que finiquita la campaña

Archivado en: Debate, campaña electoral, Rubalcaba, Rajoy

Pocas veces en nuestra democracia la valoración de un debate electoral ha concitado tanta unanimidad como el cara a cara que protagonizaron Rubalcaba y Rajoy, curiosamente el único en el ninguno de los contenientes defendía su continuidad personal en la presidencia del Gobierno. Independientemente de que ninguno de los dos se impuso por goleada al otro, la sensación es que la campaña está sentenciada y nada de lo que se diga o haga en los días que restan hasta el 20-N puede hacer cambiar la percepción de lo que presenciaron en directo 12 millones de telespectadores: a Rajoy investido ya como presidente del Gobierno por el propio Rubalcaba, que en su estrategia de intentar provocar su desgaste, dio por hecho en numerosas ocasiones el triunfo de Rajoy, confirmando las escasas opciones que le quedaban de dar un vuelco electoral. Aún así no tiró la toalla y peleó dignamente hasta el final, lo que propició un debate vivo a pesar de la rigidez del formato pactado por los dos partidos. Todo estaba escrito de antemano, ambos cumplieron sus objetivos y los dos salieron airosos. Al candidato socialista le pesaba el lastre de los cinco millones de parados y la responsabilidad compartida en el fracaso de la política del gobierno socialista del que ha formado parte, tanto como los 15 puntos de diferencia en las encuestas de intención de voto. Con todo en contra, el debate era la única oportunidad para tratar de movilizar a una parte del electorado de la izquierda y de recuperar el voto de los suyos. Y salió al ataque contra un Rajoy que no necesitaba arriesgar y que no lo hizo. Con estilo agresivo y machacona insistencia, preguntó una y otra vez por los planes de Rajoy sobre el seguro de desempleo y el sistema de pensiones, tratando de introducir dudas sobre las intenciones ocultas del PP. Dedicó más tiempo al programa del PP que al suyo propio y su intervención recordó a la de un líder de la oposición en una sesión de control al Gobierno. Dos estilos de entender la política: agresivo uno, imperturbable el otro. Sin salirse del guión, Rajoy echo mano una y otra vez de las cifras, haciéndole corresponsable de la crisis al identificarle como "Rodríguez Rubalcaba" e insistiendo en que solamente la creación de empleo y el crecimiento económico -lo que no ha logrado el PSOE- garantizan  el mantenimiento del Estado de bienestar. No hizo falta mucho más para decantar el debate a su favor casi sin despeinarse, pues con no perder, ya estaba ganando y subiendo un escalón más hacia Moncloa. Se quiera ver o no ver así, el pescado ya está vendido. 

Publicado el 8 de noviembre de 2011 a las 21:15.

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Desencuentro en Shangrilá

Archivado en: Editorial, Shangrilá, crisis, Zapatero, Rajoy, Ley de Cajas, Pacto de Estado

Cuando uno vive en un palacio corre el riesgo de perder el contacto con la realidad. Es lo que le está ocurriendo al presidente del Gobierno, que parece estar encerrado en su reino de Shangrilá, donde puertas adentro vive en permanente primavera, rodeado de belleza y armonía, y extramuros se enfrenta a la más cruda realidad de las cifras económicas, la crisis institucional y el descenso en picado en las encuestas que azotan de manera implacable como el crujido de un gélido viento huracanado. Se comprende que no quiera salir de la felicidad de su reino de Shangrilá. El panorama que se encuentra puertas afuera es desolador, sobre todo el que refleja la prensa internacional, empeñada en recordarle el riesgo de que España pueda seguir los pasos de Grecia y cuestionando su gestión ante la crisis. Periódicos como el 'International Herald Tribune', el 'Corriere de la Sera', 'Les Echos' o el 'Financial Times', han editorializado sobre la situación económica de España y las medidas adoptadas por el Gobierno. "Medidas titubeantes", "falta de credibilidad internacional", "improvisación", "descontrol del gasto", "falta de rumbo" y hasta "crisis moral" son algunos de los comentarios que se han podido leer. Tal es la presión internacional, que incluso Zapatero ha tenido que salir al paso del rumor de un rescate a España de 280.000 millones de euros que provocó un nuevo desplome de las bolsas. En este clima, el presidente del Gobierno no ha tenido más remedio que llamar a Rajoy para verse las caras en un encuentro en Moncloa en el que como era previsible, lo más destacado fue el encuentro en sí mismo, que Zapatero ha venido negando de manera oficial desde octubre de 2008, hace 18 meses, a pesar de las reiteradas peticiones desde el PP. Demasiado tiempo perdido para como está el país. Zapatero necesita dar imagen de unidad ante la crisis y ha tenido que sacar de la chistera 9.800 millones de euros de la contribución española a la salvación de Grecia como excusa para llamar y hacerse la necesaria foto con Rajoy. Una cita tan tardía como imprescindible, pero hace falta más que fotos. Y una nueva ocasión perdida para que Gobierno y oposición aparquen sus diferencias y al igual que han acordado la modificación de la Ley de Cajas para la reestructuración del sector, haber sido capaces también de alcanzar un gran Pacto de Estado para salir de la crisis mediante la reducción del gasto y el déficit y la reforma del mercado laboral.

Publicado el 5 de mayo de 2010 a las 14:45.

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Alberto Castillo

Alberto Castillo

Director de Gente en Madrid. Periodista madrileño, de 46 años, cuenta con una dilatada experiencia en medios. Ha sido subdirector general de la Agencia de Noticias Servimedia. Gran parte de su carrera profesional ha estado vinculado a la radio en distintas cadenas. Comenzó en la Cadena Rato en los años 80 y de ahí pasó a la COPE, cadena en la que fue redactor de informativos locales, redactor jefe del informativo matinal "La Mañana" (con el desaparecido Antonio Herrero), redactor jefe de informativos de fin de semana y jefe de prensa. Su última etapa en la radio fue en la extinta Radio España-Cadena Ibérica.

 

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