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Blog de José Luis Gutiérrez Muñoz

Sonrisas de colores

Meetal

Archivado en: Bal Mandir, Kathmandu, Nepal, Matruchhaya, orfanatos, cooperación, desarrollo, ONG

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Meetal nació en 1995, ahora tiene 14 años. No se sabe cuándo, su padre abandonó el hogar, y la niña quedó al cuidado de la madre, sin ningún otro apoyo familiar. Meetal tenía sólo cinco años de edad, cuando la madre falleció y, al no encontrar al padre, ni a ningún otro familiar, fue trasladada a Matruchhaya. Ingresó en el orfanato en el año 2000, y pronto empezaron a reunir toda la documentación necesaria para poder ofrecerla en adopción. Una pareja italiana, que había tramitado su solicitud a través de una agencia que trabajaba con Matruchhaya, aceptó su preasignación, y se puso en marcha la compleja maquinaria burocrática, para que la niña pudiese salir hacia Italia con sus nuevos padres.

En 2005, cuando Meetal tenía 10 años de edad, por fin todo estaba concluido. Había una sentencia de la Corte de Justicia que otorgaba la tutela de Meetal a la pareja italiana en cuestión, tras lo cual, Matruchhaya tramitó su pasaporte y su visado de entrada en Italia.
Sandeep, el secretario de Matruchhaya, me cuenta que la niña estaba ilusionadísima, pero desgraciadamente los padres le duraron un solo día; posiblemente el día más feliz de su vida, al menos el más ansiado, aunque precedió al más amargo.

Los padres de Meetal se habían alojado en el propio orfanato, como hemos hecho la mayoría de las parejas que hemos adoptado en Matruchhaya, cuando ha llegado el momento de recoger a nuestras hijas. El segundo día todo se torció. El hombre, muy perspicaz, vio cómo todas las niñas y niños, al regresar al orfanato después de haber ido a misa, dejaban sus chanclas junto a la puerta de acceso al edificio, para entrar descalzos, como es costumbre en India. No le pasó desapercibido el hecho de que su hija, tras descalzarse, cogió las chanclas en la mano y se dirigió con ellas hacia su habitación. Esa nimiedad, adquirió una importancia extraordinaria a los ojos del sagaz observador, y le condujo a la conclusión de que esa niña era retrasada mental.

Así mismo se lo explicó a Sandeep, ante la sorpresa de su propia mujer. El secretario del orfanato trató de no perder la calma, y como la monja que en ese momento dirigía Matruchhaya se encontraba de viaje por España, asumió la responsabilidad de resolver por sí mismo ese equívoco. Sacó el expediente completo de Meetal, y mostró a la pareja boletines de calificaciones que demostraban que la niña, no sólo no era retrasada, sino que además era una de las más destacadas de su clase. Les enseñó un diploma que acreditaba que había sido ganadora de un concurso de dibujo, otro sobre una competición de baile, y varios más de torneos deportivos. Los papeles demostraban claramente de la niña sobresalía en todos los ámbitos, tanto físicos como intelectuales.

A partir de ese momento, el hombre empezó a perder los nervios y reiteró una y otra vez, con un volumen de voz que progresivamente fue elevando, que la niña era retrasada mental. Entonces, la mujer contradijo tímidamente a su marido, afirmando que ella no pensaba que Meetal tuviera ningún tipo de discapacidad, y que deseaba seguir adelante con la adopción. Los gritos del hombre empezaban ya a escucharse fuera de la oficina. Probablemente Meetal se estuviera preguntando qué ocurría. El supuesto padre empezó a decir a voces que les habían mentido, que trataban de ocultarles la verdad para poder desprenderse de esa niña.

Sandeep se sintió impotente e indignado, y simplemente acompañó a la pareja hasta un hotel de Ahmedabad. Cuando regresó a Matruchhaya, todo el mundo estaba esperándole para que ofreciera alguna explicación, pero no dijo nada, simplemente les miró a todos con los ojos llenos de lágrimas, especialmente a Meetal. Ante ese silencio, que todo el mundo supo interpretar, la niña le preguntó directamente qué había ocurrido, pero él no pudo darle ninguna respuesta, porque ni siquiera él comprendía lo que había pasado.

Meetal estuvo llorando lo que quedaba de día y toda la noche, hasta la mañana siguiente. Sus compañeras de habitación la escuchaban, pero no podían hacer nada por consolarla, porque Meetal necesitaba una explicación, una razón que hiciera comprensible esa situación. Quería saber en qué se había equivocado, qué había hecho ella mal para que los padres que tanto ansiaba le duraran un solo día.

Ya no habría ninguna nueva oportunidad para Meetal, deshacer un proceso de adopción implica volver a pasar el caso por la Corte de Justicia; además, poco tiempo después, el Gobierno de Gujarat fijó en 11 años la edad límite para qué un menor pudiera salir de adopción.

Cuando Sandeep nos explicaba a Ramón y a mí lo sucedido hace cuatro años, sacó el expediente de la niña para demostrarnos que cuanto decía acerca de sus calificaciones y diplomas no era una exageración. De todas las fotografías y papeles que contenía su dossier, nos llamó la atención un pasaporte de la India. Lo abrimos por la página que contenía el visado de entrada en Italia con una foto de la niña. Estaba tachado con dos líneas de bolígrafo negro que recorrían, en forma de aspa, todo el visado, y pasaban incluso por encima del retrato de Meetal, como si el que trazó esas crueles y rotundas rayas, fuera consciente de que en ese momento se estaba segando la vida de la niña.

Publicado el 3 de noviembre de 2009 a las 08:45.

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José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz (Madrid, 1963), pofesor Titular y Director del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Director del Grupo de Investigación UCM "Arte al servicio de la sociedad". Responsable de diversos proyectos de cooperación al desarrollo que desde 2004 vienen llevándose a cabo en orfanatos de India, Nepal y Ecuador.

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