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Blog de José Luis Gutiérrez Muñoz

Sonrisas de colores

Saputara

Archivado en: Saputara, Matruchhaya, Gujarat, India, Maharashtra, Baroda, Ahmedabad, Diwali

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Nadiad, 15 de noviembre de 2008

El pasado martes 11 de noviembre, a las once de la noche, un autocar de sesenta plazas nos esperaba en la puerta del orfanato. Durante todo el día los niños y niñas de Matruchhaya estuvieron nerviosos, porque sabían que por la noche saldríamos de viaje hacia Saputara, un pueblecito de montaña, a tres mil metros de altitud, al sur de Gujarat, en el límite con la región de Maharashtra.

Invertimos nueve horas y media en hacer los trescientos cincuenta kilómetros que separan Nadiad del mencionado pueblo. Los niños no paraban de cantar y reír. Tal era la expectación que el viaje había despertado en ellos, que parecía imposible que se llegaran a dormir; pero afortunadamente, después de varias horas, uno tras otro fueron cayendo dormidos. Llevábamos cuarenta menores, desde los tres o cuatro años de edad de Bhauna o Sapna, hasta los dieciocho de Sanguita, todos ellos igualmente ilusionados. Además nos acompañaban diez cuidadoras, y cuatro trabajadores del orfanato. Toda una expedición.

Varios días antes habíamos preparado el viaje con Sister Pushpa, la directora de Matruchhaya. Queríamos que nuestra estancia aquí, además de las actividades lúdicas y creativas que desarrollamos, sirviera de excusa para hacer algo excepcional con los niños.

Hace dos años fue una visita al zoológico de Baroda, el año pasado fuimos al circo de Ahmedabad, y éste queríamos organizar algo diferente, más ambicioso incluso que lo de años anteriores. Sister Pushpa nos habló de Saputara, y nos dijo que unas Hermanas de su congregación regentaban un internado allí, que nos podría servir de alojamiento, pues los estudiantes estaban aún disfrutando de sus vacaciones del Diwali.

Nos pareció buena idea, y contratamos el viaje con un conductor de autocares, conocido de las monjas, que resultó ser un magnífico profesional del volante, que hizo sentirnos seguros en todo momento.

Cuando llegamos a Saputara, por la mañana, después de toda la noche de viaje, tres monjas del internado nos estaban esperando. Tras el desayuno, quisimos tomarnos un tiempo de descanso, pero los niños estaban tan alterados, que salimos inmediatamente hacia el teleférico.

Algunos expresaron cierto temor a la altura, pero arropados por el grupo, todos se fueron subiendo a las cabinas, excepto Bhauna, que al tener un problema de corazón, nos pareció más prudente que se quedara esperándonos, comiéndose un helado con su cuidadora.

La experiencia fue única para todos ellos, y las vistas preciosas. Cuando bajamos, caminamos hasta una planicie donde ofrecían paseos en camello. En esta actividad sí incluimos a Bhauna.
Regresamos a comer al internado y, después de un pequeño descanso, nos fuimos a dar un paseo en barca por el lago de Saputara. Llenamos tres barcazas, pero el dueño del negocio no quiso cobrarnos nada, al saber que los niños eran de un orfanato.

Por esa misma razón, las monjas consiguieron precios muy reducidos en el resto de los sitios a los que fuimos. Cuando volvimos al internado estábamos agotados, pese a lo cual, los niños no paraban de jugar y reír.

El jueves 13 de noviembre, por la mañana, emprendimos el regreso, pero decidimos tomárnoslo con calma, e ir parando en distintos lugares por el camino. Cuando se acercaba la hora de la comida, nos detuvimos junto a un río, en un lugar idóneo para el baño, pues se formaban pequeños remansos de poca profundidad. Entre bromas y salpicaduras, todos los niños y niñas se fueron metiendo en el agua con la ropa que vestían, aunque sin calzado.

Sister Koquila, que nos acompañaba desde Matruchhaya, se metió en el agua con el hábito; parecía una niña más, y ella misma se encargó de echar al agua, uno tras otro, a todos los mayores que parecían conformarse con contemplar la escena desde la orilla. Yo me sentía a salvo, tranquilamente sentado en mi silla de ruedas.

Sabía que les parecería demasiado peligroso arrastrarme hasta el agua; pero entonces, alguien pensó que si yo no podía ir hasta el agua, el agua sí podía llegar hasta mi, y Punam, una de nuestras niñas, se acercó a mí sigilosamente por la espalda, y vació sobre mi cabeza una botella grande de agua, de modo que, terminamos todos empapados, por lo que comimos al sol mientras nos secábamos. Entre unas cosas y otras, llegamos al orfanato a las tres de la madrugada del viernes.

Publicado el 17 de noviembre de 2008 a las 14:30.

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Sapna

Archivado en: Nadiad, India, Matruchhaya, Baroda, adopciones

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Nadiad, 8 de noviembre de 2008

Sapna tiene cuatro años. Es una niña muy activa, simpática, alegre, muy habladora y, en ocasiones, demasiado mandona. Llegó a Matruchhaya poco después de su nacimiento. Su madre la abandonó, a plena luz del día, en una calle transitada de Baroda, una ciudad grande, a unos sesenta kilómetros de Nadiad, con la probable intención de que alguno de los transeúntes reparara pronto en ella y avisara a la policía; pero un perro famélico se percató de su abandono antes que cualquier viandante, y de un certero mordisco le arrancó el carrillo izquierdo de su mofletuda cara.

Un hombre que vio la escena aseguró que no pudo hacer nada por evitarlo, y cuando acudió a socorrer al bebé, el perro ya huía a toda velocidad con la mejilla de la niña entre los dientes.

Sapna, Chandrika y Bhauna son buenas amigas. Aunque también pelean de vez en cuando, pasan muchas horas juntas y se llevan bien. Dentro de muy pocos días una pareja española se llevará en adopción a Chandrika. Seguro que sus dos compañeras de juegos la echarán de menos. Bhauna y Sapna también pueden ser adoptadas, pero lo tienen mucho más difícil.

Bhauna tiene un serio problema cardiaco, que los especialistas no se atreven a tratar de solucionar con intervención quirúrgica, porque la operación entraña mucho riesgo para la vida de la niña.

El problema de Sapna es diferente. La cirugía plástica hace maravillas en este tipo de lesiones, aunque los médicos estiman que es demasiado pronto para tratar de reconstruir su cara. Prefieren esperar, supongo que porque con esta edad la fisonomía cambia muy rápidamente. Pero, desgraciadamente este no es el único impedimento que tiene Sapna para ser adoptada. Además tiene enanismo.

Publicado el 10 de noviembre de 2008 a las 20:30.

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Orígenes

Archivado en: Nadiad, India, Matruchhaya, orfanatos, Bombay, SIDA, Baroda, malaria, Gujarat, Asha Miró

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Nadiad, 7 de noviembre de 2008

Los días pasan tan deprisa, que no podemos digerir todo lo que está sucediendo. Matruchhaya es un lugar muy vivo, en continuo movimiento. En realidad, todos los días ocurre algo digno de ser contado, pero me falta tiempo y energías para relatarlo.

Hace unos días, Vijey tuvo que ir de urgencias con Meet, un niño de unos seis años de edad, que lleva pocos meses en Matruchhaya. La fiebre le había subido muchísimo, y no eran capaces de hacer que le bajara, de modo que, sin dudarlo, le llevaron al hospital de Baroda. Ha estado ingresado cinco días. Ayer regresó, y antes de subir a la habitación, para seguir reponiéndose, Vijey vino al patio con él para que le viéramos y nos saludara, porque todos los días preguntábamos por él.

Estaba más delgado, y tenía cara de cansancio. Por la tarde estuvo unos minutos con nosotros frente al mural. Los médicos le han diagnosticado malaria, pero dicen que se le ha complicado con un proceso vírico pulmonar. Meet ha estado al borde de la muerte, y aunque ya se encuentra fuera de peligro, tardará todavía varios días en recuperarse, y tendrá que convivir de por vida con la malaria, como muchos otros mayores y niños de Matruchhaya.

El lago que hay a orillas del orfanato, hace que aquí la prevalencia de esta enfermedad sea muy grande. Meet llegó al orfanato hace unos meses, porque sus padres y su único hermano, mayor que él, tienen SIDA, y ya no están en condiciones de cuidarle. Vijey me dijo que se vio obligado a comunicar a sus padres, a través de unas monjas, que habían hospitalizado a Meet. En cuanto lo supieron, los padres acompañaron a las hermanas hasta el convento próximo a su aldea, y desde allí telefonearon a Matruchhaya. Vijey dice que apenas podía comunicarse con ellos porque no paraban de llorar, y por simpatía, también Vijey lloraba. Pero dice que logró tranquilizarles, prometiéndoles que los médicos habían afirmado que Meet mejoraría en pocos días, como así ha sido.
Antes de ayer apareció en el patio de Matruchhaya una mujer que buscaba a la Hermana María, la fundadora del orfanato. Cuando le dijeron que había salido a Ahmedabad, y estaría todo el día fuera, se quedó charlando con nosotros, y nos explicó el motivo de su visita. Lucy-Ann nació en India hace treinta y cinco años. Sobre su origen sólo sabe que, a los tres años de edad, un orfanato de Bombay la dio en adopción a una pareja de Bruselas. Aparte del nombre del orfanato, sus padres adoptivos no han podido darle ninguna información acerca de su origen, y la necesidad de saber más sobre su pasado, le había movido a emprender este viaje en solitario.

Primeramente estuvo en el orfanato de Bombay, regentado por religiosas de otra congregación, y allí no tenían ninguna información. Ella llevaba varias fotografías que sus padres tomaron en el orfanato, hace ya treinta y dos años, y en una de ellas aparecía la directora del orfanato.

Ella era la persona que podría darle alguna pista sobre su origen, pero las monjas le dijeron que hacía seis años que había muerto. Una monja le contó que hacía muchos años, una monja de Gujarat, llamada María, les llevó alguna niña desde su propio orfanato, porque carecía de licencia de adopción internacional. Una monja de Matruchhaya, que escuchaba atentamente las explicaciones de Lucy-Ann, le dijo que creía que la Hermana María había empezado a acoger niñas en su casa hacía unos veinticinco años, no treinta y dos o treinta y cinco.

Pese a lo cual, esperó a poder hablar con la Hermana María, quien efectivamente le confirmó que en aquella época ella estaba ocupada en otros menesteres. No obstante, le indicó el nombre de una monja mayor, del sur de Gujarat, que tal vez podría darle alguna indicación.

Lucy-Ann ha permanecido en Matruchhaya un par de días, y ya ha emprendido viaje hacia el lugar que le ha indicado la Hermana María, en un peregrinaje que no sabe cuánto durará, ni si dará algún fruto. Durante la cena nos habló del libro de Asha Miró que describe una travesía hacia los orígenes, similar a la que ella ha emprendido. Imagino que Lucy-Ann necesita saber por qué fue abandonada, una explicación que le permita reconciliarse con sus progenitores, aunque no llegue a conocerles.

"Siempre pensé que era de Bombay, y ahora siento que debo de ser de esta tierra, de Gujarat", nos dijo durante una comida. Interiormente pensé que eso carecía de importancia, aunque, por respeto, no le dije nada. Me ha dado pena comprobar que todas esas cavilaciones que han tenido ocupada la mente de Lucy-Ann durante estos dos días, no le han permitido ver a los niños y niñas de Matruchhaya. Sí les ha mirado, y hasta creo que les ha fotografiado, pero no se ha detenido a charlar ni a jugar con ellos.

Publicado el 10 de noviembre de 2008 a las 19:45.

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José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz (Madrid, 1963), pofesor Titular y Director del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Director del Grupo de Investigación UCM "Arte al servicio de la sociedad". Responsable de diversos proyectos de cooperación al desarrollo que desde 2004 vienen llevándose a cabo en orfanatos de India, Nepal y Ecuador.

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