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Blog de José Luis Gutiérrez Muñoz

Sonrisas de colores

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El trabajo en Bal Mandir se está desarrollando según lo previsto. Cada vez estamos más convencidos de la eficacia del baile. Ninguna otra actividad creativa nos ha dado tan buen resultado con los niños como ésta. Recuerdo que los cuatro primeros años de trabajo en este orfanato, cuando nuestra tarea principal era la pintura mural, había siempre varias niñas y niños que se desentendían de ello, y preferían no participar, tal vez por temor a ensuciarse la ropa, o simplemente porque ese tipo de actividad colectiva no les satisfacía. Por otro lado, recuerdo que los más pequeños a menudo se sentían frustrados, especialmente cuando la pintura mural se acercaba a su conclusión, porque no les permitíamos pintar tanto como a ellos les gustaría.

Con el baile es distinto. Algunas de las niñas y niños que rehuían la actividad pictórica, se suman ahora con entusiasmo a las danzas. Ranju, Sanju, Kabita y Sujata son sordas, pese a lo cual, acuden diariamente a bailar, y no lo hacen nada mal, si tenemos en cuenta la dificultad que supone seguir el ritmo del grupo sin oír la música. Dos voluntarias de nuestro equipo, Mariana y Ana, conocen el lenguaje de signos, lo que está facilitando mucho la comunicación con estas chicas, pese a que, según me dicen, hay muchas diferencias entre el lenguaje de signos que se usa en los distintos países, lo cual no impide que se comuniquen.

Hoy ha sido el primer día sin lluvia, y lo hemos celebrado, porque la verdad es que empezábamos a estar cansados de estos aguaceros torrenciales impropios de esta época del año, que nos han hecho resfriarnos un poco a todos. Yo ya estoy prácticamente recuperado, aunque todavía no he alcanzado el nivel de resistencia física con el que llegué a Kathmandu. También los demás van superando los resfriados. Además, la moral del grupo está alta porque estamos viendo cómo participan y disfrutan los menores con todas las actividades que les proponemos, no sólo con el baile.

Esta semana han empezado las vacaciones del Dashain en las oficinas de Bal Mandir y en la habitación de Dididai. Durante esta semana Roji, Lata, Nimi, Upasana, Usha, Aacriti y Trilochana no recibirán las estimulantes lecciones de Pradip, por eso, especialmente durante estos días, estamos intentando trasladarlas hasta nuestro lugar de trabajo, habitualmente la habitación de baile, para que puedan disfrutar del ambiente festivo que acompaña a estas sesiones.

Nimi lleva varios días con fiebre sin poder salir de su habitación, pero las demás se muestran felices cada vez que las sacamos de su cuarto, para compartir con los otros niños y niñas de Bal Mandir la alegría del baile, aunque ellas no puedan bailar.

Lata da palmadas con mucha fuerza, al tiempo que sonríe, mientras escucha la música y ve bailar a los demás. La semana pasada, después de realizar la presentación del teatro de sombras, hicimos una proyección de unas cien fotografías del año anterior acompañadas con música. Lata empezó a aplaudir siguiendo el ritmo de la música, algo que inmediatamente se contagió al resto, y vimos las diapositivas acompañadas no sólo de la música sino también de rítmicas palmadas, risas y continuas exclamaciones.

Afortunadamente la situación de Lata, también la de Roji, Nimi, Upasana y Usha, todas ellas con parálisis cerebral, ha mejorado considerablemente desde que hace algo más de un año Dididai acondicionara una habitación, e iniciara un programa educativo y rehabilitador adecuado para estas menores. Aacriti y Trilochana, ambas ciegas, también están recibiendo educación. Tal vez ahora los menores más desfavorecidos y marginados del orfanato son Madhusadham y Ram. Su autismo, acompañado de un retraso mental considerable, les hace aislarse del resto. A pesar de que comparten habitaciones, comedor y todos los espacios del orfanato con los demás internos, Ram y Madhusadham apenas se relacionan con ellos.

Afortunadamente, gracias al esfuerzo de Dididai, también Ram y Madhusadham están recibiendo educación en una escuela especial fuera de Bal Mandir, pero el tiempo que están en el orfanato, resulta penoso comprobar el grado de aislamiento e incomunicación que sufren. No sé si se puede hacer algo más de lo que ya se está haciendo por ellos, pero lo cierto es que nos apena verles vagar por el orfanato, sin compartir juegos ni conversación con nadie, buscando intencionadamente lugares retirados para que nadie les moleste, Madhusadham hurgando en la basura o jugando con el agua, y Ram peleándose con otros niños que pretenden compartir la pelota o cualquier objeto que lleve en las manos.

 

Kathmandu, octubre de 2011

José Luis Gutiérrez

 

Publicado el 24 de octubre de 2011 a las 12:45.

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Sarujan

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Cuando decidimos que el teatro de sombras sería la actividad principal de este año en Bal Mandir, fuimos conscientes de que ello implicaría inventar una historia para representarla con los niños y niñas del orfanato nuestro último día de estancia en Kathmandu.

También tuvimos en cuenta que el baile debería ocupar buena parte de nuestro tiempo de trabajo con ellos, porque es la actividad colectiva que más les motiva, por lo que habría que incluirlo en la propia función teatral. Ya hemos empezado a ensayar con ellos las diferentes danzas que aparecerán en la representación. Asimismo, hemos empezado a elaborar algunos de los elementos que utilizaremos en el teatro de sombras, y hemos tenido ya una sesión de maquillaje creativo con ellos.

A continuación anotó la historia que ha creado Mariana para la actuación final:

 

Érase una vez un monito llamado Sarujan que vivía en los bosques de los alrededores de Kathmandu. El monito tenía ese nombre tan especial porque a sus padres les encantaban las películas de Sarujan y Kajol, y cuando nació el monito, le vieron tan guapo que decidieron ponerle el nombre del protagonista que tanto admiraban. Sarujan vivía feliz entre los árboles. Corría, saltaba, bebía agua de los manantiales y jugaba con los otros monitos.

Una tarde de tormenta, Sarujan se entretuvo más tiempo de lo normal en el bosque. De pronto, unos cazadores aparecieron, tiraron sus redes sobre él y lo atraparon. El monito luchó y mordió las redes, pero no pudo escapar. Los cazadores metieron al monito en un gran camión, con otros animales, y los llevaron al zoológico de Kathmandu.

El tiempo pasó y el monito creció y creció. Vivió con sus amigos los animales del zoo un Dashain, y otro, y otro... Aunque echaba de menos a su familia, se sentía cada año más feliz con ellos. A pesar de estar entre rejas, compartían entre todos muchas alegrías. A los elefantes, les encantaba bailar el charlestón, y todas las mañanas, cuando se despertaban, limpiaban sus trompas, y para despejarse, bailaban charlestón. El monito les miraba muy contento. Los cocodrilos, que querían mucho a Sarujan, cuando veían que estaba triste, hacían para él su danza favorita: el baile del Coyote.

Una mañana, los vigilantes metieron una preciosa monita en la jaula de Sarujan. Estaba muy asustada, pero a pesar de ello, Sarujan inmediatamente se dio cuenta de que era una monita muy mona, con unos bellos ojos, y una colita larga y de color azul brillante. Sarujan se enamoró de ella desde el primer instante.

-¿Cómo te llamas? -le preguntó Sarujan.

-Me llamo Kajol -dijo la monita.

Kajol añoraba a su familia. Sarujan, que la vio muy triste, pidió a los leones que bailaran una famosa canción que se escuchaba a menudo en la radio del zoológico. Pero a Kajol nada podía alegrarle, por eso Sarujan le prometió que se escaparía con ella para regresar a los bosques y poder reunirse con sus familias.

Saltaron lo más alto posible, pero no lo consiguieron.

Treparon por las rejas de la jaula, pero no lo consiguieron.

Escarbaron la tierra, pero no lo consiguieron.

Forzaron la cerradura, pero no lo consiguieron.

-¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer? -gritaron una y otra vez, cada vez más fuerte, tan fuerte, que del interior de una manzana, plof, salió una anciana del tamaño de un gusano que les dijo:

-Si queréis salir de la jaula, necesitaréis la ayuda de los niños. Todos conocen unas palabras mágicas que al gritarlas juntos, os ayudarán.

-CUCHICHÍ CUCHICHÁ CUCHICHI BOMBAM -gritaron todos los niños que en ese momento estaban visitando el zoológico, y las rejas de la jaula de Sarujan y Kajol de repente desaparecieron como por arte de magia.

Los monitos salieron corriendo, y todos los animales les animaron, y les dijeron que tuvieran mucho cuidado. Así fue como se despidieron de sus amigos los animales del zoo.

Sarujan y Kajol, estaban tan contentos que no se dieron cuenta de que estaban rodeados de coches, y casi les atropella un camión.

-¡Ayudaaaaa! -gritaron los monos, y los niños gritaron las palabras mágicas, y el tráfico se paralizó.

Los monitos, cogidos de la mano, comenzaron a correr y correr, y al fondo de una carretera, vieron un bello palacio, donde vivían muchos niños y niñas.

-Somos los niños y niñas de Bal Mandir -dijeron, vivimos aquí todos juntos, y lo que más nos gusta es bailar, sobre todo, nos gusta bailar rap.

Todos empezaron a bailar rap, y a los monitos les gustó tanto que enseguida lo aprendieron lo bailaron con ellos.

Gracias a las explicaciones que los niños y niñas de Bal Mandir dieron a los monitos, después de varios días de viaje y varias aventuras más, Sarujan y Kajol por fin llegaron al bosque y se reencontraron con sus familias, y vivieron juntos muy felices.

 

José Luis Gutiérrez

Kathmandu, octubre de 2011

 

Publicado el 18 de octubre de 2011 a las 11:00.

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Teatro de sombras

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Nuestra actividad principal este año en Bal Mandir es el teatro de sombras, una técnica que ya experimentamos el pasado mes de agosto en Ayllón con los niños y niñas del pueblo. Irene y Sara se encargaron de llevar a cabo este taller inscrito en las Becas de Ayllón. Sara, que formará parte del equipo de trabajo de Matruchhaya 2011, ha estado investigando sobre las enormes posibilidades creativas de esta técnica, de hecho, está interesada en hacer una tesis doctoral sobre el teatro de sombras como herramienta didáctica.

Hoy mismo hemos ofrecido una breve demostración a unos 150 niños y niñas de Bal Mandir, que han llenado el salón de actos de la zona noble del magnífico edificio donde se alberga el orfanato. Rebeca ha presenciado la sesión desde el primer momento, sin perderse detalle, y ha podido comprobar el entusiasmo que despertaba entre todos estos menores. Hemos finalizado la reunión con una proyección de fotografías del año pasado y, a juzgar por las continuas exclamaciones y aplausos, creemos que todos han disfrutado con ello.

Ayer mismo por la tarde tuve ocasión de hablar detenidamente con la nueva directora de Bal Mandir. Me dijo que algunas niñas y niños le habían expresado su disgusto por el hecho de que no nos permitiese regresar los próximos años.

-Como ya te hemos dicho, nos encantaría poder continuar desarrollando nuestro trabajo aquí -le dije con expresión de preocupación, -pero aceptaremos lo que tú decidas. De hecho, hemos vuelto a visitar Siphol, y nos parece un lugar magnífico para nuestro trabajo, la principal razón por la que seguimos insistiendo en nuestro deseo de seguir en Bal Mandir Naxal, es porque estamos enamorados de todos sus niños y niñas.

-Os entiendo perfectamente, porque también yo lo estoy -afirmó ella con una amplia sonrisa. -No obstante, debéis comprender que estoy obligada a pediros que busquéis otro lugar, porque eso es lo que estamos diciendo a todos los voluntarios extranjeros que quieren trabajar aquí. Para hacer una excepción con vosotros, deberíais darme una razón.

-Aparte de esos lazos afectivos que nos unen a estos menores, hay una razón de peso que puedes esgrimir ante cualquiera que se sienta agraviado -respondí muy seriamente. -Esta es la sexta edición consecutiva de nuestro proyecto aquí, de hecho nosotros llegamos a Bal Mandir mucho antes que Mitrataa, y durante todo este tiempo, hemos colaborado, en la medida de nuestras posibilidades, en la mejora de las condiciones de vida de los habitantes de este orfanato.

-Está bien. Tú ganas. Podréis seguir trabajando en Bal Mandir los próximos años -sentenció la gobernanta con gran rapidez, sin esperar a que le diera más argumentos, como si estuviera deseando encontrar una justificación para su cambio de opinión.

Esta buena noticia, ha tenido la virtud de hacerme abordar con cierta alegría un repentino debilitamiento de mis fuerzas, producido por un resfriado previsible. Hace unos días no paró de llover con fuerza durante toda la noche. A la mañana siguiente continuó lloviendo con una intensidad propia del monzón. Cuando quisimos salir del orfanato, nos encontramos con que el agua cubría completamente la salida, por lo cual, tuvimos que arremangarnos los pantalones y meternos en el agua hasta las rodillas. A pesar de que llevábamos paraguas y chubasqueros, nos empapamos. En su momento nos resultó muy divertido, pero yo intuía que aquello podría tener consecuencias, porque pronto me quedé frío.

Todos los signos de mejoría que había experimentado tras mi intervención en Bulgaria se fueron al traste. Me sentía contento porque ya era capaz de vestirme sin ayuda de nadie y había vuelto a conducir. En general, me encontraba más fuerte y ágil, tenía más resistencia andando, subiendo y bajando escaleras, y en todos los aspectos. Me sentía mejor que el año pasado por estas mismas fechas.

Pero un simple resfriado es capaz de modificar esta precaria situación. Ya lo sabía. Ya había pasado por ello antes, por eso estoy aceptando esta flojera con resignación, sabiendo que pasará. Hoy me he tenido que desplazar en todo momento sentado en mi silla de ruedas, incluso para subir y bajar escaleras. Todos los que me acompañan me han ayudado en algún momento. No me resulta nada fácil aceptar esta dependencia absoluta de los demás, aunque Aurora y el resto de miembros de nuestro equipo, españoles y nepaleses, están tan pendientes de mí, que ni siquiera necesito solicitar su ayuda, porque generalmente se adelantan a mis intenciones.

Me conmueve pensar que los niños y niñas de Bal Mandir, desgraciados entre los desgraciados, también son receptivos a mis empeoramientos. Quizás sea sólo una sensación mía, pero hoy me ha parecido percibir que los menores me trataban con más cariño y consideración de lo habitual. He pensado que tal vez ellos saben distinguir en la expresión de mi rostro mi situación física, pero luego he considerado que tal vez se haya extendido ya entre los menores la noticia de que continuaremos trabajando con ellos en sus próximas vacaciones de Dashain.

 

José Luis Gutiérrez

Kathmandu, a 28 de septiembre de 2011

 

Publicado el 6 de octubre de 2011 a las 18:45.

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De sol y de luna

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El pasado 27 de junio presenté mi libro De sol y de luna en la librería Muga, en la Avda. Pablo Neruda, 89 (Madrid). La romántica fascinación por la India es el preludio de esta historia, llena de amor y de sufrimiento, en la que late la sospecha de que algunas existencias, por alguna extraña razón, están predestinadas a encontrarse y, aunque las separen miles de kilómetros, cuando lo hacen, comprenden al instante que, aun sin haber sido conscientes de ello con anterioridad, llevaban toda la vida buscándose.

Publicado el 6 de julio de 2011 a las 10:45.

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De sol y de luna

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Dentro de muy pocos días se pondrá a la venta De sol y de luna, un relato de 252 páginas en el que he narrado una experiencia personal muy intensa. La romántica fascinación por la India es el preludio de esta historia, llena de amor y de sufrimiento, en la que late la sospecha de que algunas existencias, por alguna extraña razón, están predestinadas a encontrarse y, aunque las separen miles de kilómetros, cuando lo hacen, comprenden al instante que, aun sin haber sido conscientes de ello con anterioridad, llevaban toda la vida buscándose.

El libro costará 14 €, lo que incluye gastos de envío a domicilio. De la venta de cada libro, un euro se destinará a Dididai, la asociación que trabaja en la educación y la mejora de las condiciones de vida de los niños y niñas de Bal Mandir con alguna discapacidad. Otro euro será para el "Grupo de los 10 €", que está becando a niños y niñas de Bal Mandir, y está ayudando a chicos y chicas ex Bal Mandir, que ya han salido del orfanato, para que puedan concluir sus estudios.

Los interesados en adquirir este libro podéis pedirlo a:

Alejandro Araújo

Editorial Alfasur

Tfno: 91 692 28 88

Fax: 91 692 44 65

araujo@zigzagdigital.com

 

Publicado el 18 de marzo de 2011 a las 13:45.

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Matruchhaya en "La noche temática" de La 2

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El próximo sábado 29 de enero, La 2, de TVE, emitirá nuestro documental "Color en Matruchhaya 09", en su programa "La noche temática". En esta ocasión "La noche temática", que empieza hacia las 23:30 de la noche, estará dedicada al tema: infancia sin padres. El programa emitirá tres documentales: "Los niños de la pasarela", "Color en Matruchhaya 09" y "Los desheredados de Manila".

El nuestro, realizado por mi compañero de la Facultad de Bellas Artes Ramón López de Benito, con ayuda de Lucía Cristóbal y de Sara Pérez, fue filmado en el orfanato indio denominado Matruchhaya en noviembre de 2009, refleja el trabajo que, desde hace 7 años, venimos realizando con los menores que habitan en ese orfanato, y permite conocer un poco mejor su vida y las circunstancias que les han conducido allí. Calculamos que se emitirá hacia la 1 de la madrugada, pero a partir de ahora, los documentales emitidos en este programa también se podrán ver en la página web de RTVE durante los 15 días siguientes a su emisión.

Publicado el 25 de enero de 2011 a las 19:30.

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Raju y Asha

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El propósito principal de nuestro trabajo en Matruchhaya, al igual que en Bal Mandir, no es enseñar a dibujar o pintar a los niños y niñas que viven en el orfanato, sino aprovechar este período vacacional suyo, para tratar de hacer que pasen unos días felices. Por eso mismo, cada vez damos más importancia al juego, el baile y cualquier tipo de actividad lúdica o recreativa, que para ellos sea excepcional, y les permita disfrutar.

El pasado jueves 11 de noviembre nos fuimos a ver una película con todos ellos. Se pusieron la ropa de los domingos, y fuimos caminando desde Matruchhaya hasta el cine, que está a unos quince minutos. Daba gusto ver esa multicolor procesión contagiada de ilusión y entusiasmo. Vimos una comedia titulada "Golmaal 3", que a nosotros no nos hizo mucha gracia, porque no entendimos ni una palabra de los diálogos, en gujarati y sin subtítulos, pero a nuestros niños y niñas les encantó, a juzgar por las carcajadas con que celebraban cada ocurrencia o tontería de los protagonistas.

Para el sábado y el domingo les teníamos reservada otra sorpresa: una excursión de dos días a Udaipur, una de de las ciudades más emblemáticas del Rajastan, a algo menos de 300 kilómetros de Nadiad, la ciudad en la que se encuentra Matruchhaya. Alquilamos un autobús grande, con conductor y cocineras, para tener autonomía durante el tiempo que íbamos a estar fuera del orfanato. Las cocineras, que viajaban en la cabina del chofer, llevaban en el maletero comida y todos los utensilios necesarios para preparar los alimentos. El sábado 13 de noviembre muy temprano, 68 habitantes de Matruchhaya, llenamos el autobús: más de cincuenta niños y niñas, de todas las edades excepto bebés, nosotros cinco, y algunas monjas y cuidadoras. No quedó ni un solo asiento libre, incluso algunos de los más pequeños compartían sitio.

Nos dirigimos hacia Vijainagar, un pueblo a mitad de camino, con un entorno natural muy atractivo, en donde la congregación religiosa que regenta Matruchhaya tiene una escuela con internado para las niñas de las familias más humildes de las aldeas de los alrededores. Como estamos en periodo vacacional, y las 250 niñas que habitualmente viven allí habían regresado a casa con sus familias, las monjas que dirigen esa escuela nos ofrecieron alojarnos por una noche en su internado. Comimos junto a las ruinas de unos templos jainistas, muy cerca ya de Vijainagar, y desde allí fuimos al hospicio de las monjas. Para nuestros niños y niñas todo era novedad y motivo de alegría. Algunas terminaron afónicas de tanto cantar, gritar y reír. Por la tarde, alquilamos cuatro vehículos todoterreno y visitamos los alrededores. Cenamos en el patio de la escuela, y después se organizó un baile tradicional de Gujarat llamado "garba", que consiste en danzar en corro al ritmo de una música alegre.

Nos acostamos agotados, y nos levantamos temprano para dirigirnos a Udaipur. Al llegar a la ciudad, nos detuvimos en su imponente lago, y montamos en dos barcazas para navegar por él, rodeando el palacio que el maharajá construyó en su interior, para pasar los rigores del verano un poco más fresco. Luego visitamos el palacio grande, a orillas del lago. A la hora de la comida, cayó un chaparrón más propio del monzón que de esta época del año, que normalmente es muy seca. Pensamos que la lluvia nos estropearía la comida al aire libre, pero en pocos minutos paró de llover, el sol secó rápidamente el suelo, y pudimos cocinar y comer en la calle.

Llegamos a Matruchhaya muy tarde, a las 12 de la noche, cansados pero felices. Nos sentíamos satisfechos, porque los niños y niñas para quienes habíamos organizado esto, habían disfrutado muchísimo de la excursión y del ambiente jovial y distendido.

El día siguiente descubrimos que en nuestra ausencia habían llegado dos nuevos inquilinos al orfanato: Raju y Asha, de nueve y siete años de edad respectivamente. El sábado, después de recogerles la policía en la estación de tren de Nadiad, fueron trasladados a Matruchhaya. Debió de ser extraño para ellos encontrarse en un hospicio preparado para el alojamiento de cerca de cien menores, prácticamente deshabitado. Los dos parecían sorprendidos con nuestra presencia, y con la del resto de habitantes de Matruchhaya. Ambos estaban extremadamente delgados, tenían la piel muy morena y cierta expresión de susto. Asha, la niña, llevaba el pelo cubierto con un pañuelo, porque al llegar al orfanato, habían descubierto que tenía la cabeza llena de piojos, y le habían aplicado un tratamiento que requiere tapar el cuero cabelludo durante varios días.

Al parecer, un empleado de los ferrocarriles avisó a la policía de que había dos menores que llevaban cerca de un mes viviendo en la estación de Nadiad, para lo cual tenían que mendigar diariamente, aunque, como más tarde dijeron Raju y Asha, también contaban con la compasión de un ladrón que merodeaba por ese lugar de tránsito tan jugoso para los de su oficio, que de vez en cuando les daba algo de comida. Por supuesto, no estaban dispuestos a delatar a su protector.

Según parece, por lo poco que ha contado Asha, el padre de ambos era alcohólico y falleció hace algo más de un mes, tras lo cual, la madre les condujo en tren hasta Nadiad, les dijo que la esperasen en el andén de la estación, se montó en un tren, y todavía no ha regresado. Raju no parece dispuesto a dar mucha información, y Asha no es capaz de determinar su lugar de procedencia. Tendrán que darles tiempo, y no agobiarles con preguntas sobre su pasado. Su caso ya ha aparecido en la prensa local, pese a que en los próximos días se tendrán que publicar nuevas imágenes, para tratar de encontrar algún familiar que quiera hacerse cargo de ellos, algo preceptivo antes de que puedan ser ofrecidos en adopción; aunque por la edad que tienen, dudo mucho de que les dé tiempo a salir antes de cumplir los 11 años de edad, el límite marcado por el gobierno de Gujarat para las adopciones. En cualquier caso, aunque a veces ellos no lo comprendan cuando les abrumen con exámenes y deberes, no cabe duda de que a partir de ahora tendrán mejor vida.

José Luis Gutiérrez

Matruchhaya, 2010

 

Publicado el 22 de diciembre de 2010 a las 19:30.

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Sanjay

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Llevo varios días estremecido, tratando de encontrar una explicación al suceso que condujo a Sanjay a Matruchhaya el pasado mes de julio, pero lo cierto es que sólo se me ocurre pensar que quien hiciera aquello debía de ser un verdadero perturbado mental.

Sanjay tiene dos años y medio. La policía le trajo Matruchhaya, después de recibir las primeras curas, tras haber sido abandonado en un templo hinduista con heridas de gravedad. Alguien le realizó un corte de tijera de varios centímetros en una oreja, y diversos cortes de cuchilla repartidos por toda la espalda; pero, por si esto no fuese suficiente tortura para un niño de dos años, además le echaron un chorro de aceite hirviendo por la cabeza. El canalla que hizo aquello, no tenía intención de matarle, los cortes no ponían en peligro su vida, porque no afectaban a ningún órgano vital, y el chorro de aceite hirviendo no era suficientemente grande para matarle. Aquel desgraciado simplemente quería torturarle. Eso es lo que más me cuesta entender. No comprendo que alguien pueda disfrutar haciendo daño de esa manera a una criatura indefensa.

Por supuesto, nada se sabe de sus padres, ni de ningún familiar o vecino, a pesar de que se han puesto anuncios en prensa, e incluso en televisión, para averiguar algo de este menor y tratar de esclarecer lo sucedido. La no denuncia que su desaparición, convierte a sus propios padres en los primeros sospechosos del sádico acto.

Me cuentan las monjas que Sanjay estuvo varios días con fiebre muy alta, y asustado de todo el que se le acercaba. Tardó mes y medio en empezar a pronunciar sus primeras palabras. Pero, dentro de lo que cabe, Sanjay puede sentirse afortunado, porque ha ido a parar a un lugar en el que todo el mundo le trata con muchísimo cariño, y aquí puede sentirse absolutamente protegido y a salvo de salvajadas como la que sufrió. Ahora se relaciona alegremente con el resto de los niños y niñas de Matruchhaya, y está participando en nuestras actividades con entusiasmo, aunque cuando le observo detenidamente, percibo en él todavía cierto recelo, cierto temor a relacionarse con adultos desconocidos. Algo absolutamente comprensible.

Las responsables de Matruchhaya me dicen que pronto podrán iniciarse los trámites para la adopción de Sanjay. Quizás dentro de poco pueda estar viviendo con una familia que le colme de atenciones, y el amor que de ellos reciba podrá hacer que aquel terrible acontecimiento se desvanezca en su memoria como si hubiera sido una simple pesadilla; aunque es posible que la señal que el aceite hirviendo ha dejado la parte superior de su cabeza, en un lugar difícil de ocultar, le acompañe durante toda su vida, para recordarle que desgraciadamente la irracional crueldad también existe.

 

José Luis Gutiérrez

Matruchhaya, 2010

 

Publicado el 20 de diciembre de 2010 a las 14:00.

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Diwali

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Hoy es el día de Año Nuevo en el calendario hindú. Ayer se celebró el Diwali, la festividad religiosa más importante de la India, también llamada "fiesta de la luz", en la que se conmemora el triunfo del bien sobre el mal. Hinduistas, budistas, jainistas y sijs, evocan la victoria del dios Krishna, a través de su príncipe Ram, sobre el demonio Ravana, que mantuvo secuestradas durante catorce años a dieciséis mil doncellas en la isla de Sri Lanka. Dice la leyenda que los ciudadanos de India iluminaron el camino de vuelta a casa del príncipe Ram con infinidad de lamparillas de aceite, por eso el día del Diwali las casas se llenan de velas, y luces de colores. Además, para festejar esa victoria, se tiran infinidad de petardos durante toda la noche, incluso durante los días anteriores y posteriores al Diwali. En muchos aspectos, esta celebración se parece a nuestra Navidad: las casas se engalanan, se visita a familiares y amigos, se intercambian regalos, se estrenan ropas nuevas y se preparan comidas exquisitas.

Barack Obama, que inicia hoy en Calcuta su primera visita oficial a este país, ya ha felicitado el Diwali a todos los indios.

Millones de personas lanzan al cielo infinidad de cohetes y petardos, cada año más, porque el crecimiento económico de este país también repercute en esto. El gobierno indio ha pedido a los ciudadanos moderación con la pólvora, por el peligro que entraña, y porque se dispara la contaminación, ya de por sí elevada, pero a juzgar por las continuas explosiones, de noche y de día, que anoche alcanzaron su apoteosis, aquí nadie escucha este tipo de recomendaciones. Lo curioso es que hasta musulmanes y cristianos se suman a esta fiesta, aportando su dosis de ruido y humo. Claro que, hay quien ve en esto un signo de hermandad, aunque sólo sea por un día, entre religiones opuestas y muy a menudo enfrentadas.

En los ríos sagrados de la India se lanzan barcos de papel o lamparillas encendidas, y se cree que cuanto más lejos lleguen, mayor será la suerte y la prosperidad durante el año que empieza. Basándonos en esta tradición, nosotros hemos querido enviar también una nave con luz, no un barquito de papel, sino un globo de luz. Con los niños y niñas de Matruchhaya, que ya son expertos en este arte, fabricamos catorce globos de papel, con la intención de lanzarlos al cielo por la noche, y aportar un poco de serena belleza en medio de esta locura pirotécnica, pero los dioses que gobiernan esta parte del mundo, poco partidarios de novedades, favorecieron con la climatología el humo y el petardeo, y al levantar un poco de aire hicieron imposible el vuelo de nuestras silenciosas naves.

Mejor así, porque de lo contrario, nos hubiéramos sentido atacados por miles de baterías antiaéreas dispuestas a derribar nuestras pacíficas y majestuosas lámparas voladoras.

José Luis Gutiérrez

Matruchhaya, 6 de noviembre de 2010

 

Publicado el 30 de noviembre de 2010 a las 10:00.

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Rinku

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Desde que hemos llegado a Matruchhaya, no paro de escuchar "Rinku" por todas partes. Prácticamente me había olvidado de este apelativo con el que habitualmente llamaban a Roshní, mi hija mayor, cuando vivía aquí. A Chandrika la llamaban Chaku.

Una de las novedades del proyecto de este año es que Roshní es uno de los cinco miembros de nuestro equipo de trabajo. Al ser la única persona del grupo que habla gujarati, Roshní es nuestra mejor interlocutora con los habitantes del orfanato, ya que aquí el nivel de inglés es muy bajo. Además participa en todas las actividades que desarrollamos con los menores; pero lo que verdaderamente justifica su participación en este proyecto, es su compromiso de asistirme en todo momento, siempre que lo necesite, ya que por mis crecientes problemas de movilidad, cada vez requiero más apoyo, hasta en las acciones más simples.

Aunque así dicho puede parecer que asumo con facilidad las limitaciones y condicionantes que me va imponiendo la esclerosis múltiple, lo cierto es que voy admitiendo la realidad por la propia contundencia de los hechos, cuando entiendo que ya no queda otra solución, nunca por adelantado. De lo único que puedo presumir en ese sentido, es que, aceptada cada nueva limitación, no me detengo a lamentarme, y trató de continuar con mi vida con la mayor normalidad posible, incorporando las adaptaciones necesarias, pero intentando no renunciar a ninguno de mis sueños por culpa de esa estúpida sustancia que llaman mielina.

Hasta ahora, siempre había acudido aquí contando con la ayuda de los cuatro universitarios que habitualmente me acompañan, mas la de las cuidadoras, las monjas, y hasta los propios niños y niñas de Matruchhaya; pero el año pasado, un par de accidentes dentro de mi propia habitación, me hicieron comprender que había llegado el momento de aceptar la asistencia que desde hacía tiempo me ofrecían mi mujer y mis hijas. De las tres, Roshní era la que en este momento se encontraba en mejor situación para este cometido.

Nunca he tenido quejas de la atención que diariamente me prestan mi mujer y mis hijas, todo lo contrario, pero al llegar aquí me ha sorprendido la capacidad de Roshní para trabajar en la actividad que corresponda, hacer de intermediaria entre nosotros y los niños, conversar con unos y con otros, y al mismo tiempo estar muy atenta de mis posibles necesidades, de modo que generalmente no necesito solicitar su ayuda, porque ella se anticipa. En ocasiones tengo la impresión de que conoce mis limitaciones mejor que yo mismo.

Por otro lado, nos parece que este año los niños y niñas de Matruchhaya están más abiertos, comunicativos y cariñosos con nosotros. En ello debe influir el hecho de que por primera vez en las siete ediciones de este proyecto, han repetido dos miembros del equipo del año pasado: Ramón, profesor de mi departamento de Escultura, y Sandra, estudiante del máster de Bellas Artes. Hasta ahora yo era el único que siempre regresaba. Pero además, estoy convencido de que la presencia aquí de Roshní está marcando una diferencia importante en nuestro trato con los habitantes del orfanato.

Me encanta observar el modo en que Roshní se relaciona con los niños y niñas de Matruchhaya. La tratan con mucho cariño y respeto, como si fuera su hermana mayor. También ella asegura quererles a todos ellos como a verdaderos hermanos. La mayoría de las cuidadoras, y algunas niñas mayores, todavía recuerdan cuando Roshní y Chandrika vivían aquí, a pesar de que abandonaron el orfanato hace ya más de once años, cuando tenían 13 y 11 años de edad respectivamente. Pero además, las dos pasaron el verano de 2006 trabajando aquí como voluntarias, y Roshní regresó en verano de 2007.

A todos nos está sorprendiendo la progresiva transformación de Roshní, que cada día que pasa adquiere nuevos gestos y expresiones indias. Se la ve en su ambiente, como cuando a un pez se le devuelve al agua. Creo que está disfrutando muchísimo de esta experiencia, y yo me alegro, porque verdaderamente se lo merece.

 

Publicado el 23 de noviembre de 2010 a las 19:30.

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José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz (Madrid, 1963), pofesor Titular y Director del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Director del Grupo de Investigación UCM "Arte al servicio de la sociedad". Responsable de diversos proyectos de cooperación al desarrollo que desde 2004 vienen llevándose a cabo en orfanatos de India, Nepal y Ecuador.

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