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Blog de José Luis Gutiérrez Muñoz

Sonrisas de colores

Color en Matruchhaya y en Bal Mandir 2010

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A finales del 2004 llevamos a cabo "Bellas Artes con Matruchhaya y Shishu Bhavan", nuestro primer proyecto de cooperación al desarrollo, planteado desde el ámbito específico de la creación artística. Un grupo de siete alumnos de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, y yo, trabajamos durante aquellas vacaciones navideñas con los niños y niñas que habitaban esos dos orfanatos indios: Matruchhaya en Nadiad y Shishu Bhavan en Calcuta. La acción fue financiada por nuestra Universidad, a través de su primera convocatoria de proyectos de cooperación al desarrollo.

Inmediatamente entendimos que aquello tenía pleno sentido, que ese tipo de actividad beneficiaba enormemente a los menores, y para nosotros abría un nuevo campo de trabajo, alejado de los habituales centros neurálgicos del arte, y lleno de utilidad social.

Sentimos que debíamos hacer todo lo posible por dar continuidad a esa labor, no en Shishu Bhavan, el archiconocido orfanato fundado por la Madre Teresa de Calcuta, porque ya recibía el apoyo de numerosos voluntarios que acudían allí para prestar su ayuda; pero sí en Matruchhaya, donde nuestra visita fue algo absolutamente excepcional. Como la convocatoria anual de proyectos de nuestra Universidad, establece que no se puede seguir dando financiación a un mismo proyecto en ediciones posteriores, nos vimos obligados a buscar patrocinio externo.

Mi mujer y yo pensamos que lo más sencillo sería empezar por lo que teníamos más cerca: el Ayuntamiento de Pinto, el madrileño pueblo en el que vivimos. Recuerdo que a principios de 2005 solicité una entrevista con la concejala encargada del área de cooperación al desarrollo de dicho municipio, y acudí a ella con un proyecto en el que explicábamos detalladamente nuestro propósito, las actividades que nos proponíamos para llevarlo a cabo, y el coste detallado de la acción. A pesar de que estaba todo escrito, como la concejala me dio la oportunidad de hablar, y me pareció que no tenía prisas, le expliqué de manera apasionada nuestra intención. Mientras le hablaba, ella hojeaba el documento escrito, lleno de fotografías de nuestro trabajo anterior, hasta que llegó al final, la página en la que se pormenorizaba el presupuesto. Entonces creí que debía dar por concluida mi vehemente exposición, y en ese momento ella me dijo que podíamos contar con el apoyo del Ayuntamiento de Pinto.

Desde entonces, en Pinto ha habido gobiernos de izquierdas y de derechas, pero su respaldo a nuestro trabajo ha sido inquebrantable. Además, desde 2007, han sufragado un proyecto similar que desarrollamos cada año, por el mes de octubre, en el orfanato nepalés denominado Bal Mandir. Las disputas políticas en nuestro Ayuntamiento no han sido pocas, pero afortunadamente nuestras acciones en esos dos orfanatos de India y Nepal jamás han sido cuestionadas.

El Ayuntamiento de Pinto, como muchos otros, padece una grave crisis económica que le está obligando a abandonar iniciativas que parecían ya consolidadas, y nuestros proyectos no han sido menos. El año pasado recibimos los primeros signos de debilidad, por lo que transferimos buena parte de la responsabilidad económica del proyecto de Bal Mandir al Grupo Farmacéutico Pfizer, que generosamente se prestó a acudir en nuestro auxilio. Ahora sabemos que el Ayuntamiento de Pinto no podrá financiar ningún proyecto en 2010. Era algo que ya nos esperábamos.

Pero ésta debe de ser nuestra semana de la buena suerte, porque ayer supimos que el Consejo Social UCM costeará "Color en Matruchhaya 2010", y hoy mismo hemos recibido la buena noticia de que el Grupo Farmacéutico Pfizer asumirá completamente "Color en Bal Mandir diverso 2010". De distintas maneras, el Consejo Social de nuestra Universidad ha estado respaldando nuestras acciones, desde el inicio, pero durante los tres últimos años ha asumido el coste de una iniciativa similar a las de India y Nepal, que cada mes de julio hemos llevado a cabo en Ecuador, el primer año en orfanatos de Quito y Cuenca, y los dos últimos en un "pueblo huérfano" denominado Sinincay, un lugar donde numerosos niños y niñas viven en una situación de semiorfandad, a menudo más dura que la propia orfandad, provocada por la emigración de sus padres.

Obligados a establecer un orden de prioridades, decidimos dar preferencia a los proyectos que estaban ya más consolidados, por eso, "Color en Sinincay 2010" está ahora huérfano de patrocinio. A partir de este momento, cuando ya tenemos asegurada la financiación del proyecto de Matruchhaya y Bal Mandir, nos proponemos centrar todos nuestros esfuerzos en encontrar subvención para el proyecto de Sinincay.
Esperamos que nuestra buena suerte continúe, y que el trabajo con los niños y niñas de Sinincay no se tenga que ver interrumpido por culpa de esta crisis económica. Pero ahora es el momento de mostrar nuestra sincera gratitud al Ayuntamiento de Pinto, por su colaboración y por la confianza que ha depositado en nosotros durante todo este tiempo.

Publicado el 28 de enero de 2010 a las 08:30.

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Educación especial

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Pablo Menéndez ha sido uno de los dos expertos en educación especial, que agregamos a nuestro equipo de trabajo en Bal Mandir en la última edición, entre septiembre y octubre de 2009. En las tres ocasiones anteriores que habíamos trabajado en ese enorme orfanato, habíamos comprobado que varios de los menores con discapacidad severa, quedaban al margen de nuestras actividades por sus propias limitaciones, y porque nosotros nos sentíamos desbordados atendiendo a tantos niños y niñas deseosos de participar, y no podíamos dedicarles la atención individualizada que ellos requerían.

Por eso, esta vez nos marcamos como objetivo prioritario involucrar a esos menores en las labores creativas que desarrollásemos con el resto; y cuando ello no fuera posible, por las propias condiciones del menor, diseñar otras actividades adaptadas a sus posibilidades.

Creo que fue un acierto incluir a Pablo en nuestro grupo de trabajo, por dos motivos: por la formidable labor que él y Luis (el otro experto en educación especial) realizaron allí con los menores con discapacidad, especialmente con los más desfavorecidos (Lata, Roji, Nimi, Ram, Sujata, Madhusadham y Jayanti); y porque Pablo no ha parado de pensar en modos de ayudar a estos niños.

Su reto, nuestro reto, es lograr que esos menores que no reciben ningún tipo de educación, estimulación o terapia rehabilitadora, tengan una atención especializada. La contratación de Pradip, el alumno de Bellas Artes nepalés que ha colaborado con nosotros en las cuatro ediciones de este proyecto, para que trabaje seis horas diarias, durante seis días a la semana, con esos menores excluidos del derecho a la educación por su discapacidad, ha sido sólo un primer paso.

Pablo aspira a mucho más. Desea, deseamos, poder contratar también a un fisioterapeuta y a un educador especial que desarrollen su jornada laboral completa en Bal Mandir. Y puestos a soñar, ya que no hay en Kathmandu centros educativos especiales para atender a menores con discapacidades de esta índole, Pablo aspira, aspiramos, a que Bal Mandir pueda alojar en su interior un pequeño centro de educación especial.

La Voz de Galicia publicó en sus páginas centrales un artículo que recoge las impresiones de Pablo tras su experiencia en Bal Mandir: http://www.lavozdegalicia.es/sociedad/2009/12/27/0003_8194294.htm.

 

Publicado el 11 de enero de 2010 a las 08:30.

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Niños discapacitados en el orfanato de Bal Mandir: Jayanti

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El pasado viernes 4 de diciembre, tuve un encuentro con los alumnos del Instituto de Educación Secundaria "Valle del Saja" de Cabezón de la Sal (Cantabria), para hablarles del trabajo que durante 2009 hemos realizado en Ecuador, India y Nepal. Dediqué más tiempo a Bal Mandir, el orfanato de Nepal, porque los estudiantes de este Instituto están becando a cinco niñas y niños de allí. Fue una manera de trasladarles la gratitud de Sudeep, Subas, Susmita, Samjhana y Puja; y ofrecer detalladas explicaciones a quienes, con mucho esfuerzo e ilusión, están haciendo posible que esos cinco menores de uno de los orfanatos más pobres del mundo, puedan educarse y residir en una buena escuela, regresando al orfanato sólo por vacaciones.

Les expliqué que una de las novedades de la edición de 2009 de Bal Mandir había sido que, gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Pinto y el Grupo Farmacéutico Pfizer, habíamos podido dedicar atención especial a los menores del orfanato que padecen algún tipo de discapacidad severa. En Bal Mandir viven 250 menores, de los que 22 son discapacitados. Una escueta lista que nos proporcionó el director del orfanato, refleja el nombre de cada uno de ellos, su edad y el tipo de discapacidad: sordera, ceguera, síndrome de Down, parálisis cerebral o retraso mental.

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Publicado el 9 de diciembre de 2009 a las 08:30.

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Calendario

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Con mucha frecuencia siento que los acontecimientos van más deprisa de lo que yo hubiera imaginado al principio, y las iniciativas que nacieron como una mera utopía, de pronto cobran vida propia, y se hacen realidad gracias al empeño e ilusión que otras personas ponen en ello.

Un día, hace varios años, pensamos que nuestra ayuda a los niños y niñas que viven en el depauperado orfanato de Bal Mandir, deberían ir más allá de lo puramente lúdico o creativo, e imaginamos que la mejor manera de apoyar a esos menores sería tratando de financiarles una educación de calidad, en un buen colegio con alojamiento interno, lo que al mismo tiempo les permitiría vivir fuera del orfanato durante la mayor parte del año. Empezamos por Sudip. Del gasto que implicaba su beca se encargaron enteramente los alumnos y alumnas del Instituto de Educación Secundaria "Valle del Saja", de Cabezón de la Sal (Cantabria), pero fue tal su empeño recaudador, que muy pronto hicieron que se pudieran beneficiar de ese mismo tipo de ayuda otros niños y niñas de Bal Mandir.

Preocupados por ser capaces de dar continuidad a esta iniciativa, nuestros amigos de Cabezón de la Sal han impreso 1000 copias de un calendario, que ellos mismos han diseñado, con imágenes de "Color en Bal Mandir 2009". El precio del calendario es de 6 euros.

A todos los que estéis interesados, os ruego que contactéis con nuestra amiga Blanca Castañeda:

620 40 50 12
blanca.prensa@gmail.com

Publicado el 16 de noviembre de 2009 a las 11:45.

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Ronak y Deep

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Aunque esta es la tercera vez que trabajamos con ellos, en realidad los hermanos Deep y Ronak llevan poco más de dos años en Matruchhaya. Dos poderosas razones les han conducido hasta aquí. La primera, el fallecimiento de su madre en 2005, cuando ellos tendrían unos cinco y cuatro años de edad respectivamente. Ahora Deep tiene nueve años, y su hermano Ronak ocho. La segunda circunstancia que marcó el destino de estos menores fue la afición de su padre por la bebida, que se acentuó a partir del fallecimiento de la madre.

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Publicado el 11 de noviembre de 2009 a las 08:30.

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Parque acuático

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Aunque por mis limitaciones físicas no puedo participar en los bailes, ni en los juegos, ni en la mayoría de las actividades que nosotros mismos organizamos; en ningún momento me he sentido como un mero espectador, ni siquiera el pasado sábado 31 de octubre, cuando nos fuimos con todos los niños y niñas de Matruchhaya a un parque acuático y, mientras ellos se bañaban, yo tuve que conformarme con permanecer sentado en mi silla de ruedas observándoles.

A las siete de la mañana, un autobús grande esperaba en la puerta de Matruchhaya. Los habitantes del orfanato hacía días que conocían nuestro plan, y conforme se acercaba la fecha señalada, se les iba viendo más nerviosos. Guardamos comida, agua y toallas en el autocar, e hicimos un último recuento. 50 menores, más 20 adultos, entre los cuales estábamos nosotros cinco, un par de monjas, muchas cuidadoras, y el secretario del orfanato. A los más pequeños les colgaron del cuello unas tarjetas plastificadas que, en gujarati, llevaban anotadas su nombre, Matruchhaya y un número de teléfono en la parte posterior, por si alguno de ellos se extraviaba.

Aunque el parque acuático está en Baroda, a tan sólo 55 Km. de Nadiad, tardamos dos horas y media en llegar, y una vez allí, decidimos que lo mejor sería tomar el almuerzo previamente; en un bonito parque que se encontraba cerca. Como los niños y niñas estaban impacientes por ingresar en el recinto, en cuanto terminamos de comer, recogimos todo y entramos. En Matruchhaya pudimos solucionar la cuestión de los bañadores sólo para los niños, que podían utilizar un sencillo pantalón corto de deporte, y para algunas de las niñas más pequeñas, como Spana, Bavna, Kushi o Ravina; que utilizaron unos que las monjas tenían guardados, probablemente esperando una ocasión como ésta. Para el resto, tuvimos que alquilarlos.

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Publicado el 10 de noviembre de 2009 a las 10:00.

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Joty

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Matruchhaya habitualmente tiene internos a unos 75 niños y niñas de todas las edades; desde recién nacidos, incluso prematuros, que sacan adelante en incubadoras, hasta mayores de edad, niñas o niños que al cumplir los 18 años, dejan de pertenecer oficialmente al orfanato, pero las monjas no se desentienden de ellos hasta encontrar una solución de futuro para cada cual: que finalicen los estudios que han iniciado, ayudarles a encontrar un trabajo y un matrimonio concertado, en el que, si no hay ningún pariente que asuma la responsabilidad, las propias monjas hacen de intermediarias, contando siempre con el consentimiento de los contrayentes.

Por otro lado, hay un elevado porcentaje de niños y niñas con algún tipo de discapacidad física o mental. Las familias humildes encuentran dificultades para sacar adelante a su prole, pero ven imposible atenderles si tienen necesidades especiales, por eso lo más frecuente es que les abandonen. En estos casos, Matruchhaya, con el apoyo de su congregación religiosa, adquiere con ellos un compromiso de por vida.

Matruchhaya es un lugar limpio y acogedor, sus niños y niñas reciben todas las atenciones necesarias: comida, cuidados médicos y escolarización. Pero además, pese a ser una institución con un elevado número de menores, también tienen el afecto de cuidadoras y monjas, más todo el que se dan los menores entre sí. En realidad, en muchos sentidos, Matruchhaya puede considerarse una gran familia. A menudo, cuando estamos aquí viviendo, rodeados de amistad, belleza, color y alegría, tendemos a olvidar la faceta amarga de una institución como ésta, que no es otra que las circunstancias que han conducido hasta aquí a cada menor.

Joty nació en septiembre de 1997, en un lugar extremadamente pobre. En septiembre de 2000 cuando le faltaban unos días para cumplir los tres años de edad, fue trasladada a Matruchhaya. Vivía con sus padres en una pequeña chabola en Bahunagar, y la situación se hizo insostenible, cuando al padre le diagnosticaron lepra. La misma congregación religiosa que dirige Matruchhaya, Hermanas de la Caridad de Santa Ana, regenta una leprosería en Bahunagar, en donde ingresaron al padre de Joty. En ese instante, el hombre rogó a las Hermanas que se hicieran cargo de su hija, porque a la pobreza extrema en que vivían, se unía cierta discapacidad mental de la madre, que la imposibilitaba para atender a la niña. Aunque en Matruchhaya intentan aceptar exclusivamente menores que sean huérfanos, pudiendo serlo sólo de padre o madre, cuando demuestran que no pueden ocuparse de ellos; en este caso, decidieron hacer una excepción.

La lepra dejó al padre de Joty sin dedos en las manos, pero después de un tiempo, la enfermedad fue detenida, y al hombre le permitieron regresar a su chabola, con su mujer, tras asegurar a todos sus vecinos que había dejado de ser contagioso. Pese a lo cual, a petición en sus padres, Joty continúa viviendo en Matruchhaya. Ambos quieren mucho a su única hija, y son conscientes de que sólo así la niña tiene asegurado todo cuanto necesita, más una buena educación.

Todo el mundo en Matruchhaya confía en que Joty podrá labrarse un futuro prometedor, porque es una niña trabajadora, inteligente y muy responsable. Pero ni Matruchhaya, ni la niña, ni los padres, deseaban una separación completa; por eso, todos los años, al terminar el curso escolar, hacia marzo, Joty pasa 10 ó 15 días en la pequeña chabola de Bahunagar con sus padres. Aunque ese periodo vacacional es más amplio, las monjas prefieren limitar la estancia de la niña en ese entorno depauperado e insalubre, para evitar contagios de enfermedades. Matruchhaya, comparado con la humilde chabola de los padres de Joty, es un palacio, pese a lo cual, Joty acude feliz cada año al reencuentro con sus padres, y en el orfanato consideran que para la propia niña es muy beneficioso mantener ese lazo familiar.

Publicado el 5 de noviembre de 2009 a las 08:45.

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Meetal

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Meetal nació en 1995, ahora tiene 14 años. No se sabe cuándo, su padre abandonó el hogar, y la niña quedó al cuidado de la madre, sin ningún otro apoyo familiar. Meetal tenía sólo cinco años de edad, cuando la madre falleció y, al no encontrar al padre, ni a ningún otro familiar, fue trasladada a Matruchhaya. Ingresó en el orfanato en el año 2000, y pronto empezaron a reunir toda la documentación necesaria para poder ofrecerla en adopción. Una pareja italiana, que había tramitado su solicitud a través de una agencia que trabajaba con Matruchhaya, aceptó su preasignación, y se puso en marcha la compleja maquinaria burocrática, para que la niña pudiese salir hacia Italia con sus nuevos padres.

En 2005, cuando Meetal tenía 10 años de edad, por fin todo estaba concluido. Había una sentencia de la Corte de Justicia que otorgaba la tutela de Meetal a la pareja italiana en cuestión, tras lo cual, Matruchhaya tramitó su pasaporte y su visado de entrada en Italia.
Sandeep, el secretario de Matruchhaya, me cuenta que la niña estaba ilusionadísima, pero desgraciadamente los padres le duraron un solo día; posiblemente el día más feliz de su vida, al menos el más ansiado, aunque precedió al más amargo.

Los padres de Meetal se habían alojado en el propio orfanato, como hemos hecho la mayoría de las parejas que hemos adoptado en Matruchhaya, cuando ha llegado el momento de recoger a nuestras hijas. El segundo día todo se torció. El hombre, muy perspicaz, vio cómo todas las niñas y niños, al regresar al orfanato después de haber ido a misa, dejaban sus chanclas junto a la puerta de acceso al edificio, para entrar descalzos, como es costumbre en India. No le pasó desapercibido el hecho de que su hija, tras descalzarse, cogió las chanclas en la mano y se dirigió con ellas hacia su habitación. Esa nimiedad, adquirió una importancia extraordinaria a los ojos del sagaz observador, y le condujo a la conclusión de que esa niña era retrasada mental.

Así mismo se lo explicó a Sandeep, ante la sorpresa de su propia mujer. El secretario del orfanato trató de no perder la calma, y como la monja que en ese momento dirigía Matruchhaya se encontraba de viaje por España, asumió la responsabilidad de resolver por sí mismo ese equívoco. Sacó el expediente completo de Meetal, y mostró a la pareja boletines de calificaciones que demostraban que la niña, no sólo no era retrasada, sino que además era una de las más destacadas de su clase. Les enseñó un diploma que acreditaba que había sido ganadora de un concurso de dibujo, otro sobre una competición de baile, y varios más de torneos deportivos. Los papeles demostraban claramente de la niña sobresalía en todos los ámbitos, tanto físicos como intelectuales.

A partir de ese momento, el hombre empezó a perder los nervios y reiteró una y otra vez, con un volumen de voz que progresivamente fue elevando, que la niña era retrasada mental. Entonces, la mujer contradijo tímidamente a su marido, afirmando que ella no pensaba que Meetal tuviera ningún tipo de discapacidad, y que deseaba seguir adelante con la adopción. Los gritos del hombre empezaban ya a escucharse fuera de la oficina. Probablemente Meetal se estuviera preguntando qué ocurría. El supuesto padre empezó a decir a voces que les habían mentido, que trataban de ocultarles la verdad para poder desprenderse de esa niña.

Sandeep se sintió impotente e indignado, y simplemente acompañó a la pareja hasta un hotel de Ahmedabad. Cuando regresó a Matruchhaya, todo el mundo estaba esperándole para que ofreciera alguna explicación, pero no dijo nada, simplemente les miró a todos con los ojos llenos de lágrimas, especialmente a Meetal. Ante ese silencio, que todo el mundo supo interpretar, la niña le preguntó directamente qué había ocurrido, pero él no pudo darle ninguna respuesta, porque ni siquiera él comprendía lo que había pasado.

Meetal estuvo llorando lo que quedaba de día y toda la noche, hasta la mañana siguiente. Sus compañeras de habitación la escuchaban, pero no podían hacer nada por consolarla, porque Meetal necesitaba una explicación, una razón que hiciera comprensible esa situación. Quería saber en qué se había equivocado, qué había hecho ella mal para que los padres que tanto ansiaba le duraran un solo día.

Ya no habría ninguna nueva oportunidad para Meetal, deshacer un proceso de adopción implica volver a pasar el caso por la Corte de Justicia; además, poco tiempo después, el Gobierno de Gujarat fijó en 11 años la edad límite para qué un menor pudiera salir de adopción.

Cuando Sandeep nos explicaba a Ramón y a mí lo sucedido hace cuatro años, sacó el expediente de la niña para demostrarnos que cuanto decía acerca de sus calificaciones y diplomas no era una exageración. De todas las fotografías y papeles que contenía su dossier, nos llamó la atención un pasaporte de la India. Lo abrimos por la página que contenía el visado de entrada en Italia con una foto de la niña. Estaba tachado con dos líneas de bolígrafo negro que recorrían, en forma de aspa, todo el visado, y pasaban incluso por encima del retrato de Meetal, como si el que trazó esas crueles y rotundas rayas, fuera consciente de que en ese momento se estaba segando la vida de la niña.

Publicado el 3 de noviembre de 2009 a las 08:45.

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Matilde

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El pasado martes fue un día grande. Uno de los más bonitos desde que llegamos a Matruchhaya.
El propósito de los globos que trajimos desde Ecuador, y los que elaboramos en España, era aprender a fabricarlos, para posteriormente enseñar a hacerlos a los niños y niñas más mayores de Matruchhaya. Los materiales necesarios son muy sencillos, y ya hemos comprobado que se pueden encontrar aquí fácilmente: papel de seda, varilla fina de caña, alambre, lienzo y parafina.

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Publicado el 2 de noviembre de 2009 a las 08:45.

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Cine en Matruchhaya

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Queremos que nuestra estancia en Matruchhaya signifique para sus menores un tiempo excepcional de esparcimiento y diversión. Por eso, el pasado sábado 24 de octubre, por la tarde, decidimos irnos al cine con todos los habitantes del orfanato. Hicimos extensiva nuestra invitación al personal que trabaja aquí: cocineras, cuidadoras, jardinero, conductor, secretario y monjas. Un total de 74 personas, 50 niños y niñas y 24 adultos incluyéndonos a nosotros, con la peculiaridad de que algunas cuidadoras tuvieron que ver la película el domingo, para no dejar desatendidos a los bebés.

Pedimos a las monjas que nos ayudaran a elegir una buena película, aunque por la experiencia de otros años, sabemos que para ellas es más importante la limpieza de la sala, que la calidad de la película. En esta ocasión pudimos hacer coincidir ambas exigencias, porque la película resultó atractiva, y muy divertida, a juzgar por las carcajadas de los niños; y además el lugar estaba impoluto.

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Publicado el 29 de octubre de 2009 a las 09:00.

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José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz (Madrid, 1963), pofesor Titular y Director del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Director del Grupo de Investigación UCM "Arte al servicio de la sociedad". Responsable de diversos proyectos de cooperación al desarrollo que desde 2004 vienen llevándose a cabo en orfanatos de India, Nepal y Ecuador.

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