La ley del deseo I
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Existe una ley no escrita donde el sexo y la música se dan cita. Los promotores más avispados desde tiempos inmemoriales usan ese explosivo cóctel para conseguir grandes beneficios. Bienvenidos a la ley del deseo.
En Strómboli solemos dedicarnos a hablar sobre lo que nos gusta, no sobre lo que nos disgusta o reprochamos, en este caso haremos una excepción. No es nada nuevo lo que voy a contar, pero hace años que algunos artistas, muchos de ellos que admiraba y respetaba, dejaron a un lado sus facultades vocales y su talento musical para centrarse en mostrar otros encantos. En la viña del señor debe de haber de todo, claro, pero hay casos bastante patéticos que por un puñado de dólares, euros o libras esterlinas son capaces de retorcerse en cueros en un videoclip con tal de seguir siendo objeto de deseo y seguir facturando millones, de discos y lo más importante, de dinero.
Si echamos la vista atrás hace más de 50 años veremos que el éxito masivo se da cuando un artista despierta el deseo unos jóvenes imberbes con un floreciente poder adquisitivo. Elvis Presley era un buen chico que a principios de los años 50 tocaba una mezcla de country y de blues que bautizaron como rockabilly, y de ahí salió el rock and roll. Por aquel entonces, era el hijo que toda madre querría tener. Fue grabar un disco casero como regalo de cumpleaños para su madre y empezar a despuntar. Más tarde empezó a mostrar sus sacudidas pélvicas al son de ese nuevo sonido llamado Rock and Roll, y liarla parda. Ver a un chico guapo mover el esqueleto de esa manera era algo sexy, atrevido, por no decir escandaloso. El resultado era obvio, cientos de miles de jovencitas suspiraban por él, día y noche. El coronel Parker, "su protector", que de tonto no tenía un pelo, vio su gallina de los huevos de oro y lo exprimió durante toda su fulgurante carrera.
¿Qué habría pasado si Elvis no hubiera sido tan guapo y no hubiera despertado tantas pasiones con sus bailes? Que habría sacado discos, porque cantaba muy bien, pero no habría roto moldes, ni corazones, que era de lo que se trataba. Little Richard por su parte revolucionaba al gallinero con sus explosivas canciones, Tutti Frutti fue la primera. Era una canción obscena que solía cantar en sus actuaciones en los diferentes garitos Nueva Orleans, el estribillo original:
"Tutti Frutti, good, booty / If it don't fit, don't force it / You can grease it, make it easy"("Tutti Frutti, buen culito / Si no entra, no lo fuerces / puedes engrasarlo, para facilitarlo") a "Tutti frutti, all rooty, a-wop-bop-a-loon-bop-a-boom-bam-boom"
Quiso grabarla tal cual, pero le pararon los pies y le dijeron que era demasiado. Otro detalle para el escándalo, "Tutti Frutti" era una de las palabras que utilizaban en el argot de entonces, significaba "gay". Sin embargo todos la conocemos hoy en día tal que así:
En los sesenta pasó algo parecido con los Beatles, los idealizaron, fueron más allá de su música y los convirtieron en íconos a seguir, igual que muchos otros grupos de la época, eran divertidos, modernos y desenfadados. Ah sí, también tocaban muy bien, claro. En los setenta la música negra tuvo mucha presencia, las barreras sexuales estaban más que derribadas y fueron muchos los grupos, tanto de negros como de blancos que jugaron con esa imagen, esa incitación al deseo de un público ávido de buscar nuevas sensaciones, nuevos ídolos musicales y por qué no, sexuales. Otis Reeding, Sam Cooke, Marvin Gaye, y tantos otros...

En los setenta también apareció el movimiento Glam, grupos que mostraban premeditadamente una actitud ambigua. Uno de sus protagonistas más destacados fue David Bowie rebautizado como Ziggy Stardust. Resultó que encandiló a un público deseoso de nuevas formas de expresarse, de nuevos modelos a seguir, donde el contenido sexual estuviera presente. Marc Bolan de T-Rex fue otro de sus protagonistas o Iggy Pop con The Stooges. Otra forma de provocar, que no dejaba de ser el espíritu del rock and roll, algo físico e instantáneo. En los ochenta también salieron grupos premeditadamente ambiguos como A-ha, Duran Duran, Wham, y muchos de aquella época. Un caso destacable de aquí de casa es el de Miguel Bosé, una amigüedad que tan bien le ha funcionado todos estos años. Pero luego están casos como el de George Michael que en los ochenta causó furor con ese Faith y esos primeros discos en solitarios después de Wham, era tío buenorro con el que todas las jovencitas soñaban. Fue salir a la luz el incidente del bueno de George con la policía en unos servicios públicos y empezar la cuesta abajo de su carrera como símbolo sexual, al menos para las féminas
Hay muchos, muchísimos casos que me paso por alto, sería imposible mencionarlos todos aquí, pero llegados a este punto, me gustaría destacar el caso de Mariah Carey. Como pasó de ser una chica mona, que compuso las canciones de su primer disco de su puño y letra en 1990, con una voz angelical, llena de soul, (escuchad Vision of love), pasó a ser una caricatura de lo que fue, mostrándose cada vez más exuberante, tirando a lo pornográfico, reduciéndose todo su talento a sus curvas. Para muestra, un botón. Fijaros en sus primeros años cuando cantaba Vision of love, y luego echar un vistazo a vídeos como su último éxito, Touch my body.
¿Qué penita, verdad? ¿Qué lo que la moverá sacar canciones así? ¿El frenético nivel de vida que ha adquirido con el éxito?, ¿un contrato explotador?, ¿o quizá realmente le guste esa faceta "sensual" con la que nos deleita desde hace ya demasiados años? Mariah Carey ha sido en gran parte la que me ha inspirado este tema sobre La ley del deseo. En la segunda parte intentaré explicar el por qué de este especial. Esto ha sido sólo una introducción, el tema da para hablar de tantos protagonistas que me quedaba demasiado largo en un sólo post. Dicen que segundas partes siempre fueron malas, en este caso me parece que no.
Continuará..
Publicado el 25 de marzo de 2009 a las 01:45.


