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Tiempo muerto

Messi, un interminable recreo

Archivado en: Leo Messi, Barcelona, Arsenal, Champions League, Informe Robinson

Cuando veo a Leo Messi sobre un terreno de juego, tengo la impresión de estar ante un niño grande. Pequeño en cuanto a su complexión física, pero enorme por esos 22 años y casi siete en el gran escaparate futbolístico (debutó un 16 de noviembre de 2003 en Oporto). Da igual que estemos en un encuentro liguero ante un rival de la zona baja o contra un gran rival durante una eliminatoria de Champions. El futbolista azulgrana parece un niño grande que disfruta jugando con el balón en el patio de cualquier colegio. Coge la pelota y, a lo 'Oliver y Benji', y comienza una secuencia de cine animado en 3D con final incierto, aunque goloso para los ojos, para los corazones.

Messi le hizo cuatro goles al Arsenal (4-1) en la vuelta de los cuartos de final de la Champions League. Así, el Barcelona se mete en semifinales. Estuvo en todas partes, entregando buenos pases, pendiente de los rechaces, asfixiando a los jugadores contrarios y corriendo hacia la portería con el esférico cosido a sus pies, casi sin mirarlo. Al término del choque, hablaba como si hubiese pasado nada para la televisión. No sé si Leo Messi es comparable, por ahora, a Pelé, Cruyff, Maradona o Di Stefano. La única verdad irrefutable, la inmensidad de su talento, se confirma cada vez que juega y ofrece encuentros espectaculares como el disputado ante el Arsenal.

¿Dónde está su techo? ¿Quién lo sabe? La historia de Messi es la de tantos niños que aman el fútbol, que luchan por llegar lejos, pese a los inconvenientes con los que se encuentran. Ya se llamen orígenes humildes, la necesidad de cruzar el charco para hacer carrera o esa especie de enanismo que amenazaba al pibe rosarino a finales de los 90. Su juego enamora. Sin embargo, fascina mucho más la naturalidad, actitud y tranquilidad con la que asume tantos logros, gestas o bellos calificativos. Juega como si fuese un niño, prodigio eso sí, en el patio de su colegio cuando llega el recreo y todos persiguen, como ovejas, el balón. Menos él. Cada partido es, para Leo, un juego en el que dar lo máximo. Que no se acabe el recreo. Por el bien de todos. Por el bien del fútbol.

 

Publicado el 7 de abril de 2010 a las 11:15.

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Comentarios - 2

1 | Jorge. - 07/4/2010 - 14:02

Grande, pulga, y después de meterle cuatro al Arsenal, el sábado toca quemar la portería de Iker Casillas.

2 | Jorge. - 07/4/2010 - 14:03

Grande, pulga, y después de meterle cuatro al Arsenal, el sábado toca quemar la portería de Iker Casillas.

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El míster te mira. ¿Vas a salir?, dice. Desde el banquillo, uno también juega su particular partido. Hablas, organizas, gritas, sufres, encestas, tiras a portería, sueltas un revés o cambias de marcha al llegar a la curva más peligrosa del circuito. No eres el protagonista ante las cámaras, pero te sientes vivo porque eres un loco del deporte. El deporte mueve masas y es un gran espejo para el ser humano que busca emociones fuertes y no entiende de límites.

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