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Tiempo muerto

Manolo Preciado, un aplauso eterno

Archivado en: fútbol, Manolo Preciado

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Estábamos todos los aficionados al fútbol con las miradas puestas en Polonia y Ucrania cuando la crudad realidad ha vuelto a demostrarnos que la vida no siempre es justa. Esta madrugada se ha marchado uno de los entrenadores más carismáticos de la última década. Manolo Preciado ha fallecido a los 54 años tras sufrir un infarto, pocas horas antes de ser presentado como entrenador del Villarreal.

Sólo su corazón ha sido capaz de frenar a un hombre valiente, honrado y ante todo luchador. Se hizo técnico en su Cantabria querida, primero en la Gimnástica de Torrelavega y después en uno de los clubes de sus amores, un Racing de Santander que abandonó de forma voluntaria tras la llegada del polémico Piterman. Así era Preciado, un hombre de convicciones y entregado a su pasión.

La vida le guardó tragos demasiado amargos. En 2002 murió su esposa, a la que recordaba dos años después sobre el césped de Chapín festejando un ascenso a Primera con el Levante. Poco después moría su hijo y en 2011, cuando los ecos de su rifi-rafe con Mourinho todavía resonaban, fallecía su padre. Demiasados golpes para cualquiera salvo para él. "Cuando murieron mi mujer y mi hijo tenía dos opciones. Tirarme de un puente o seguir adelante. Decidí lo segundo", afirmó.

El destino ha querido que Preciado nos deje cuando volvía a sentirse entrenador gracias al Villarreal. El fútbol español se ha puesto de luto y las reacciones no se han hecho esperar. En días tan tristes como hoy, es fácil decir cosas buenas del protagonista. Afortunadamente para Preciado eso ya sucedía antes de su muerte. Descanse en paz.

Publicado el 7 de junio de 2012 a las 10:30.

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El eterno suplente

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El míster te mira. ¿Vas a salir?, dice. Desde el banquillo, uno también juega su particular partido. Hablas, organizas, gritas, sufres, encestas, tiras a portería, sueltas un revés o cambias de marcha al llegar a la curva más peligrosa del circuito. No eres el protagonista ante las cámaras, pero te sientes vivo porque eres un loco del deporte. El deporte mueve masas y es un gran espejo para el ser humano que busca emociones fuertes y no entiende de límites.

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