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Tiempo muerto

Divac, Petrovic y Spahija, la huella de la guerra de los Balcanes

Archivado en: baloncesto, guerra, Divac, Petrovic, Spahija

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Decía Henry Miller que "Cada guerra es una destrucción del espíritu humano". Lamentablemente, el conflicto de los Balcanes no escapa a esta frase. En total fue una década de barbarie que acabó con muchos vencidos y casi ningún vencedor. La primera fase de esta guerra entre 1991 y 1995 fue la más dura. Hasta que Croacia y Bosnia proclamaron su independencia, los bombardeos fueron constantes.

Como en otras muchas guerras, pocos fueron los que permanecieron neutrales. Este pudo ser el caso de Neven Spahija. El que fuera entrenador del Pamesa Valencia y seleccionador croata ha sido acusado por el diario de su país 'Novi list' de haber ejercido torturas contra prisioneros y civiles serbios durante la guerra croata. Con esta acusación, se reabre una herida que ha tardado mucho en cerrarse.

La noticia ha saltado un 22 de octubre de 2010, la fecha en la que el gran Drazen Petrovic hubiera cumplido 46 años. Un accidente de tráfico sesgó de golpe su vida cuando tenía 29 años. Él fue testigo de cómo una de las mejores generaciones de jugadores de la historia de este deporte (tal vez la mejor en Europa) se disgregaba por la guerra. Semanas atrás, la cadena norteamericana ESPN emitía un gran documental en el que se cuenta como Vlade Divac, serbio de nacimiento, había perdido su amistad con Petrovic simple y llanamente por la nacionalidad croata de este.

 

La guerra de los Balcanes hizo mucho daño a toda una parte del continente europeo y por ende al mundo del deporte. Muchos años después, la huella de este conflicto sigue perdurando. Ojalá que las heridas se cierren para siempre.

Francisco Quirós Soriano

Publicado el 22 de octubre de 2010 a las 18:00.

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El eterno suplente

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El míster te mira. ¿Vas a salir?, dice. Desde el banquillo, uno también juega su particular partido. Hablas, organizas, gritas, sufres, encestas, tiras a portería, sueltas un revés o cambias de marcha al llegar a la curva más peligrosa del circuito. No eres el protagonista ante las cámaras, pero te sientes vivo porque eres un loco del deporte. El deporte mueve masas y es un gran espejo para el ser humano que busca emociones fuertes y no entiende de límites.

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