viernes, 25 de mayo de 2012 09:12 www.gentedigital.es
Gente blogs

Gente Blogs

Blog de Sira X

El blog de la tigresa. Erótico

Atontada

Archivado en: Sira, Nerea

Sira: ...No te comas el tarro, estoy bien. Mejor que nunca.
Nerea: ¿De verdad?
S.: Sí, de maravilla.
N.: ¿Y entonces por qué me han dicho que estabas hecha polvo?
S.: Por joder. La zorra que te lo ha contado será la que está hecha polvo, ¡por no echar polvos!
N.: Fijo. Vale, vale, me alegra ver que no estás depre.
S.: Para nada.
N.: No quiero ser pesada, pero me extrañaba no tener noticias tuyas...
S.: Bueno, tampoco llevábamos tanto sin hablar, ¿no? He currado mucho, y ahora no paro de moverme. ¡Me encanta viajar!
N.: Qué bien.
S.: Sí. Oye, perdona pero tengo que colgar. Llaman abajo.
N.: ¿Un chorvo?
S.: Ya te contaré. Sí. Un amorcete.
N.: ¡Muy bien! Un besazo, tía.
S.: Otro, te llamo pronto.

Cuelgo. Entro en la cocina, abro el congelador y saco una caja de bombones helados. Pongo el volumen a la tele. No echan nada. Da igual.

 

Publicado el 23 de agosto de 2009 a las 22:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Jota

Archivado en: Sira, Nerea

Sira: Podría estar prerreglática. Pero todavía no lo estoy. ¿Y qué si lo estuviera? Estoy tonta... porque soy tonta. Últimamente todo me afecta. Lo bueno, lo malo y lo regular. A todo le doy muchas vueltas. Antes era muy impulsiva, ¿no?
Nerea: Y ahora también, pero no sé si andas algo depre o... si necesitas con urgencia un noviete.
S. No me jodas.
N.: Yo no, qué va. Pero igual te vendría bien joder más a menudo...
S.: Qué dices, guapa. No es eso...
N.: ¿Seguro?
S.: Fijo. No llevo la cuenta, como tú, pero no puedo quejarme.
N.: ¡Sales con alguien!
S.: Salir, lo que se dice salir, pues no. Aunque está salido, como todos los tíos....
N.: Habló la monja. Bueno, cuéntame, ¿quién es?
S.: Uno que curra cerca de mi ofi. Un chaval majete, simpático. ¿Sabes qué? Me río bastante con él.
N.: ¿Tiene nombre? ¿Alto, bajo, guapo?
S.: Le llaman Jota. Tú dirás, aquí le tengo.
N.: Vaya móvil más guapo. A ver... Vaya, vaya, no está nada mal. Un poco pijo para ti, ¿no?
S.: Sí. Eh, pero no es para mí, que quede claro. Sólo nos llevamos bien. No salimos.
N.: Claro, ya. ¿Pero te hace mimitos por las noches?
S.: No me seas hortera.
N.: ¿Te ha regalado flores? ¿Te ha invitado a cenar? ¿Has dormido en su casa? ¿Te lo has tirado ya?
S.: Qué pesada. Vaya tercer grado. Ya te digo que no somos novios. Aunque sí, de vez en cuando me lo subo a casita...
N.: ¿Se queda a desayunar?
S.: Sí, zumo de naranjas de la China y me bajo a por un periódico para que lo lea en la cama. ¿Qué te estoy diciendo? Sólo es un polvo.
N.: Vale, algo es algo. ¿De cero a diez?
S.: ¿Un ocho? No sé. El otro día me lo pasé muy bien... Oye, ¿y tu futuro marido, qué?
N.: ¿Cómo? No me cambies de tema. Qué te puedo decir, otro ocho, ¿vale? O más. Es cariñoso y cañero.
S.: Qué ojitos se te ponen. Si es que me das envidia.
N.: No seas tonta. Y no te me quejes. Te veo muy bien. Me parece que no vas a venir solita a mi boda, ¿no?
S.: Queda muchísimo. Quién sabe...

Publicado el 13 de mayo de 2009 a las 08:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Jaime

Archivado en: Sira, Nerea

Nerea: Pero no me llores, tía...
Sira: Si no estoy llorando, sólo estoy un poco depre.
N.: Vale, tranquila. Tú no te preocupes. ¿Cuándo te vuelves a Madrid?, ¿el domingo?
S.: El lunes por la mañana.
N.: Muy bien, ya vas a ver qué rápido todo esto te parece una tontería... En cuanto estés aquí lo verás todo con otros ojos.
S.: Ya, eso es lo que yo misma me digo. ¡Pero me da igual!
N.: ¿Y qué dicen tus amigas?
S.: ¿Mis amigas? Amigas de verdad, amigas como tú, no son. Aquí sólo nos juntamos para ir de fiesta, cuando nos juntamos. Todo son risas y cachondeo.
N.: ¡Pues mejor! Diviértete y no te comas el tarro.
S.: Ya, fijo. La teoría me la sé. Pero desde que he estado con él no puedo pensar en otra cosa.
N.: Mira, yo no soy la mejor para darte consejos, se me dan fatal. Pero tomaste una decisión, te costó, y a pesar de que lo des vueltas ya no puedes rebobinar.
S.: ¡Pero la cagué! Ya lo he dicho. ¡La cagué!
N.: Bueno, tampoco te pongas así. No te está yendo nada mal sin él.
S.: Déjalo, te agradezco que estés ahí, pero lo mejor que puedo hacer es darme un baño, relajarme y ya está.
N.: Bueno, tú tranquila. ¿Quedamos la semana que viene?
S.: Sí. Te llamo en Madrid.
N.: Vale. Cuídate.
S.: ...Joder, tía. Es que es verdad. ¡Cómo pude decirle que no! Soy estúpida. Nunca, nunca encontraré a nadie como él. ¡Cómo pude ser tan hijaputa y tan imbécil!
N.: Hey, tranquila. Tranquila...
S.: Soy lo peor, en serio. ¿Quién tiene la suerte de encontrar a su príncipe azul? Nadie. O casi nadie. Yo me enamoré de uno. ¿Para qué? Para putearlo y luego abandonarle. Soy estúpida.
N.: Que no. Te estás poniendo muy negativa, no sigas por ahí, tía.
S.: Ya. Tienes razón. Gracias por soportar este rollo. Un besazo.
N.: ¿No quieres seguir hablando? ¿De verdad?
S.: No, se me ha puesto un dolor de cabeza brutal. Necesito paracetamol, hablamos en Madrid, ¿vale?
N.: Bueno, cuídate. Un beso.
S.: Otro.

Publicado el 7 de abril de 2009 a las 22:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Erre, sexo de sábado ( 1)

Archivado en: Sira, Nerea, Erre

Sira: Sábados, domingos y ¡ya está! Qué bien estaría la vida.
Nerea: Y tanto, dímelo a mí, no soporto los lunes, ni los martes, ni los miércoles... la semana se me hace eterna.
S.: Sábados para los amigos y la fiesta. Domingos para dormir y dormir, bueno, y no sólo dormir, y luego para matar la tarde en el cine. No pido más.
N.: Pides todo.
S.: ¡Y un huevo!
N.: ¿Frito o cocido?
S.: Calla, tía, ¿has estado con alguno que se los depile?
N.: Todavía no, ¿y tú?
S.: Yo... mejor no te cuento nada, ¿vale?
N.: ¿Pero lo del sábado ese? Si has dicho en el blog que lo ibas a contar. Ya ves que te leo.
S.: Ya, por eso te he llamado. No sé qué hacer. Me conozco demasiado.
N.: Claro, si tú no te conoces, ya me dirás, guapetona.
S.: No sé, yo me entiendo. Bueno, te lo cuento, me dices de verdad qué te parece, y según lo que me digas, ya veré si lo cuento o no, ¿ok?
N.: No te enrolles, "Sira".
S.: Qué graciosa eres, "Nerea".
N. Me encanta mi nombre, suena guay. Bueno, cuenta, cuenta...
S.: Voy. Te lo resumo. Fui a ver a mis padres en tren, ya sabes. Llegué el viernes por la noche. Me quedé en casita. El sábado por la mañana, de tranqui, haciendo la compra con mi madre, comprando algo de ropa y a clase de cocina, mi madre todavía sigue empeñada en que aprenda a cocinar como ella. Imposible.
N.: Así nos va, si vieras mi frigo da pena. ¿Te trajiste una bolsa con tápers, como en el piso?
S.: Claro, las buenas tradiciones no hay que perderlas. A lo que iba, comida familiar, cafecito para seguir poniéndonos al día mi madre y yo, mientras mi padre se echaba el siestón de rigor, y de vuelta a la estación.
N.: ¿Y?
S.: Y en el tren me encuentro con un tío del pueblo. Ro... ¿te parece bien Erre?
N.: Erre también suena bien. Oh, erre, erre, oh, me encanta, dame más, ¡erre!
S.: ¿Te lo cuento, o te lo inventas tú?
N.: Dale, cuenta.
S.: Tendrá cuatro o cinco años más que yo. Alto. Fuerte. Manos grandes, de currante, pero uñas cuidadas. Pelo negro, con entradas.
N.: ¿Te lo habías follado antes?
S.: Pues no, algún pico alguna vez, a lo tonto, muchas miradas y poco más.
N.: ¿Y?
S.: Se sentó conmigo. El viaje se me hizo cortísimo. Hablamos del uno, y de la otra, a muchos les tuvieron que pitarles los oídos...
N.: ¿Es amigo de Jaime?
S.: Todos son amigos de Jaime, qué te voy a contar. Pero no hablamos mucho de él, se me hubiera cortado el rollo.
N.: Bueno, ¿y qué pasó?
S.: Lo que te puede imaginar, ¿no? Surgió sin pensarlo. Llegamos, vio que iba cargadísima y se ofreció para llevarme un par de bolsas. Dudamos cuando metí todo en un taxi, nos quedamos parados, y sin venir a cuento nos echamos a reír. No sé qué parecíamos. Le dije que si quería acompañarme a casa, ya sabes que no tengo ascensor...
N.: Pobrecita...
S.: ¿A qué sí? Luego descubrí es una bestia. Un puto animal, insaciable.
N.: Como todos los de tu pueblo, ¿no? Me acuerdo de las fiestas a las que fuimos un verano.
S.: Sí, pero el colgao que te ligaste no tiene nada que ver.
N.: Si tú lo dices...
S.: Bueno, no vamos a comparar. Este me fundió.
N.: ¿¡Pero qué hiciste?!
S.: Todo. No sé, de todo. Muchas veces. Se quedó hasta el domingo por la mañana.
N.: Bueno, bueno, ¿y habéis vuelto a veros?
S.: Todavía no, ya veremos.
N.: ¿Sólo fue sexo? Hay que hacer deporte, muy bien.
S.: Sexo y, hambre, mucha hambre. Lo necesitaba. Le enseñé el piso, le pedí que me esperara en el sofá, tomando una cerveza, mientras guardaba los tápers, y de pronto se me pega a la espalda, en la cocina, mientras metía cosas en el frito. ¡Estaba en pelotas!
N.: ¿Depilado? ¿Con calcetines?
S.: Noooooo. Desnudo, con la cerveza en la mano, y cachondón, un tío satisfecho de su cuerpo, le encanta estar en bolas.
N.: ¿Está buenorro?
S.: Un ocho. Ocho y medio.
N.: No está mal.
S.:A lo que iba. Igual otro día le habría mandado a la mierda, no sé, pero esta vez la sentí, giré el cuello, me empezó a sobar las tetas, a besarme el cuello y qué te voy a contar.
N.: ¿Lo hicisteis en la cocina?
S.: No. Cuando por fin me giré, sin suje, con los pantalones y el tanga en los pies, me cogió del culo con esas manazas suyas y me llevó a la cama.
N.: ¿Y?
S.: ¿Cómo que y? ¿Qué te crees que hicimos, ver la tele, leer el periódico?

Publicado el 17 de febrero de 2009 a las 01:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Los orgasmos de Nerea

Archivado en: Sira, Nerea, orgasmo

No voy a escribir un post wikipédico sobre el orgasmo. Tampoco quiero improvisar una paja mental sobre el orgasmo. Así que, después de este principio tan elegante, voy a meterme en la cama para, con calma, sin prisas, con mimo, quizá luego dejándome llevar, con frenesí, o ya veremos si ensuciando mi mente con imágenes cerdas, ya veremos si perforándome con....Perdóname, ¿qué estaba contando? He comenzado esto para hablar del orgasmo y se me ha ido la olla. Voy a lo que iba, vaya día más espesote llevo (mejor no lo cuento, no me gusta aburrir).

El orgasmo Hace un par de semanas,.después de ver el capítulo de In Treatment del orgasmo de Laura llamé a Nerea y nos echamos unas risas, la verdad. Me lo había creído del todo (¿tú también habrías caído?). Tirada en la cama, después de las carcajadas le conté que iba a colgarlo aquí, me dejó, y seguimos hablando de este blog y, sobre tdo, de sexo. Nos gusta practicarlo y, aunque no tanto, hablar del asunto.

Hablamos, lo mejor que pudimos, de nuestros orgasmos más flipantes. Vaya, cuesta hablar de esto sin decir tonterías. El orgasmo está para disfrutarlo, no para hablar de él. A lo que iba, que aquí no voy a contar la vida y milagros de Nerea (ni la mía, creo, por ahora), pero que me ha dado permiso para contar algunas de sus historias. La primera que contaré, un día de estos, fue la que más me sorprendió, aunque tampoco es que sea muy sorprendente, ahora que lo pienso. Yo entonces no me enteré.

 

Publicado el 26 de enero de 2009 a las 01:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Un orgasmo increíble

Archivado en: Sira, Nerea, orgasmo

Sira: Bueno, cuéntame, anda, que tampoco pasa nada...
Nerea: Vale, pero no te rías, ¿eh?
S.: ¿Es que es gracioso? ¿Es cachondo, erótico...?
N.: ¿Te lo cuento? ¿Sí, o no?
S.: Dale, dale.
N.: Para no enrollarme, voy al grano, ¿vale? Imagina que metes en tu piso a un tipo que está buenísimo... y casadísimo.
S.: Y tanto que me lo puedo imaginar...
N.: ¿Sí? Llevo mucho sin saber de ti. Yo te cuento esto pero luego tú me cuentas lo tuyo, ¿ok?
S.: Bueno, pero mejor otro día. Anda, dale.
N.: A lo que iba: metes en casa a un once sobre diez, pero más casado que mi padre. Aunque te ha dicho que se está separando. Cenas con él, por hacer algo antes de ir a la cama, los dos sabéis para qué estáis ahí. Pero de repente el hombre perfecto se acuerda de su mujercita, que si ella cocina de maravilla, que si juntos viajaron a no sé dónde...
S.: Qué pereza de tío, ¿no?
N.: Ya, pero sigue siendo muy cariñoso, muy dulce. Para que deje de hablar, le corto con un beso en la boca. No besa mal. Le digo que me encantaría hacerlo encima de la mesa y me coge en brazos. Ya está, pienso, por fin. Pero me lleva al dormitorio y me posa en la cama, como si fuera de cristal. Le veo tan indeciso que tomo la iniciativa: si me quito la blusa, se quita la camiseta; lentamente me quedo sin pantalones y sin tanga y él, sin dejar de mirarme, se desnuda. Nos tumbamos. Me acaricia el pelo... y se pasa de dulce, que qué champú uso.
S.: Qué bueno, ¿es peluquero?
N.: Que va. Pero deberías ir a mi peluquería, está fenomenal si te quieres teñir un poco...
S.: Para, para. ¿Qué pasó?
N.: Me digo, lo de este hombre no es normal, a ese paso nos poníamos a ver la tele. Hacía falta algo, tomar la iniciativa.
S.: Sí, van de machos pero luego...
N.: Eso. A lo que iba, que se la chupé. No quería buen rollito ni dulzura, ¡quería follar!
S.: Ahí estamos. Polvos sí, polvorones no.
N.: Eso, que engordan. Bueno, después de una mamadita, ya estaban las cosas por fin como quería... Pero me di cuenta de que el sexo no le iba.
S.: ¿Cómo?
N.: Follaba como un atleta. Tenía encima de mí un cuerpo perfecto, pero concentrado en los movimientos más que en su placer o en dármelo en hacerlo bien, no sé cómo explicártelo.
S.: Me temo que sé de qué hablas.
N.: No me extrañaría, "Sira". Qué decirte, se corrió en un par de minutos y se fue al cuarto de baño.
S.: ¿Y entonces eso de tú mejor orgasmo?
N.: Volvió. Y yo me había quedado con las ganas. No sé, quizá estaba pensando en su mujer, en sus niños o cualquier otra cosa. Se quedó en pelotas, como una estatua griega, al lado de la cama. Me acerqué a él, abrí las piernas y comencé a frotarme contra su muslo. Me enrosqué en su pierna, como una gata. ¿Qué te parece, tigretona? Me folló sin moverse, sin penetrarme, y casi sin mirarme. Seguí y seguí frotándome. Lo piensas y te parece patétito, ¿no? Pero fue la bomba. Cuando llegaron, fueron como diez orgasmos explotando a la vez, una pasada. Increíble. Grité como una perra.
S.: Pues vaya. Tomo nota.
N.: Toma, y cuéntalo si quieres...

(¿Cuento esto hoy? Mejor sí. Cuando nos fuimos, me dijo que estaba enganchadísima a las series yanquis, que le pasaban temporadas enteras. "Sobre todo tienes que ver In Treatment", me dijo, la muy cabrona. En el capítulo 16, Laura le cuenta al psicólogo esta historia)

Publicado el 19 de enero de 2009 a las 23:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Lunes 12 de enero: Sira y Nerea

Archivado en: Tigresa, Sira, Nerea

Sira: Voy a resucitar a la tigresa.
Nerea: ¡¿Qué!? ¿Pero no me acabas de decir que estás hasta arriba?
S.: Pues sí, pero la echaba de menos.
N.: ¿Cómo? ¿Pero no me dijiste que...?
S.: Ya. Y te lo dije totalmente en serio. La fulminé sin dudarlo. Bueno, después de pensarlo bastante. Y desde entonces ni releo los post, pero estos años he escrito un par de veces. Sin pensarlo antes. Más que nada para desahogarme.
N.: Pues no tenía ni idea. ¿Y qué contaste?
S.: Uf, luego te lo cuento... si nos tomamos algo. ¿Te puedes quedar un rato más?
N.: Sí, claro.

(Esta vez caen un gintonic, para mí, y una cocacola cero patatero)

S.: Bueno, pues me llamaron y me dejé liar, sin más.
N.: Pues qué puedo decirte, que me alegro, si es lo que te apetece. ¡La tigresa ataca de nuevo! ¡Tiembla, Madrid!
S.: Tampoco es eso. Y no grites, cabrona.
N.: ¿Cómo que no es eso? ¿No te estás afilando las uñas?
S.: ¿Uñas yo? Ni me las afilo ni me las como.

(Eso lo dije hace unos días, mejor no doy más detalles. Otra vez me horrorizan mis manos. Nerea y yo nos vimos el veintiocho de diciembre, día de inocentes, plastas y petardos)

S.: Eso, que no sé muy bien de qué escribiré. Me han dicho que haga lo que quiera, por eso me he vuelto a lanzar a la piscina. Pero esta vez no quiero hablar de mí, la otra vez me divirtía mucho hablando de mis líos pero la cosa se torció, no lo llevé bien. Esta vez quiero hacer otra cosa.
N.: ¿Y qué vas a hacer?
S.: ¡Pues hablar de ti!
N.: ¡Tía, ni de coña! Me-ca-so. De-blan-co. Ni de coña hablas tú de mí.
S.: De ti no. De Nerea, tía.
N.: ¿Nerea? Ni aunque me llames Rosaputa.
S.: Bueno, tampoco te enfades. Era una broma.
N.: ¿Seguro? ¿De verdad?
S.: En serio. Voy a escribir, o eso creo ahora mismo, de lo que vea por la tele, de la gente que me cae fatal, no sé, de lo que pase por la calle, de lo que se me ocurra. Tú tranquila, Nerea.
N.: Vale, si estoy muy tranquila.
S.: Yo también. ¿No habías dejado de fumar?
N.: Ya ves.

(Guarda el paquete y el mechero, busca una cenicero y vuelve a hurgar en el bolso. Me entrega la invitación de boda y cambiamos de tema. Dos horas más tarde me deja contar un orgasmo increíble)

Publicado el 12 de enero de 2009 a las 00:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Lunes 5 de enero: Sira y Nerea

Archivado en: Tigresa, Sira, Nerea

Nerea: ¿Te has puesto tetas?
Sira: ¿Pero de qué coño vas?
N.: ¡Te has puesto tetas!
S.: Estás fatal, tía. Y eres una borde. He en-gor-da-do, japuta.
N.: Uy, perdóname, Sira, pero si estás guapísima.
S.: Ya, arréglalo, cabrona.
N.: Que sí, tía, te veo fenomenal. Pero dame dos besazos, anda. ¿Cuánto llevamos sin vernos?

(Achuchón cariñoso y besos sonoros, esta tía y yo nos queremos de verdad)

N.: Igual llevamos desde antes de verano sin vernos, ¿no?
S.: Ni zorra idea, y eso tampoco fue vernos, vernos, ¿no? Qué putada, cómo pasa el tiempo. Madrid es demasiado grande.
N.: Tus tetas sí que son grandes, tía. Dime la verdad: te has operado.
S.: Queeee nooooo. Será el suje, la cazadora... Pero qué más te da, ¿no? ¡Qué puto frío!, ¿entramos?
N.: Vale. Oye, ¿qué te ha pasado? Antes no decías tantos tacos, tía.
S.: ¿Yo? ¿Tú sabes decir otra cosa que no sea tía, eh, tía?

(Entramos en la cafetería. Pide un cortado descafeinado. Me quedo con las ganas de un gin tonic, pido un café con leche. Encontramos una mesa libre. Nerea se quita una boina horrible, una bufanda arcoris, un abrigo jipijo. No me complico tanto, guardo los guantes en los bolsillos y me bajo la cremallera de la cazadora, no creo que duremos mucho aquí)

N.: Bueno, cuéntame, ¿qué haces? ¿Estás con alguien?
S.: Qué va. No me hagas hablar que me deprimo. ¿Y tú?
N.: Tía, ¡que me caso!

(Abro la boca. Me quedo tiesa, ¿uno o dos segundos? Sonrío, intento sonreír, lo consigo. La abrazo con fuerza, me planta otros dos besazos. Contengo un lagrimón)

 

Publicado el 5 de enero de 2009 a las 12:00.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD