Archivado en: Sira
Anoche soñé contigo. Pero, qué horror, no te imaginé desnudo, colándote entre mis sábanas. En mi sueño estabas en una cafetería, trajeado, en la barra, bebiendo un café solo y toqueteando un iPad. Voy a dejar de ver telediarios.
En el sueño era la camarera. Te servía, miraba de reojo cómo navegabas en el iPad, absorto, o en Babia, y no me reconocías. Me parecía que habías cambiado mucho, demasiado. Te habías dejado una barba que no te quedaba mal, pero que te envejecía. Me parecías más robusto, recargado de músculos y problemas.
Soñé contigo. Sin morbo. Un rollo.
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Releo esto y no me gusta cómo suena, lo que parece que transmite. Me va bien. De lunes a viernes me aburro bastante, trabajo sin agobios ni diversiones. Salgo las sábados, ya sólo los sábados, y de vez en cuando me desescadeno, me desenfreno. Otro día lo explico. Algunas tardes de domingo amanezco casi sin recuerdos, agotada, ¿aliviada? Desayuno cerca de unos cines y mato la resaca en la sesión de tarde.
Podría decir que estoy sola porque quiero, o porque no me quieren.
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Estoy, aquí, un poquito menos sola. Montero Glez ha traslado su Trinchera Cósmica.
Publicado el 29 de enero de 2010 a las 02:00.

