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Castigo a una forma de actuar

A buenas horas mangas verdes. El presidente del PP y de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, ha esperado a constatar la debacle electoral de su partido el pasado domingo para hacer autocrítica y exigir una profunda renovación en el seno de su partido. Herrera no ha estado solo en la autocrítica sino que se han sumado los líderes populares de Valencia, Aragón y Baleares. En Castilla y León, el resto de los líderes, han acatado la orden de Madrid y guardan silencio ante el desafío lanzado por Herrera.

Martínez Carrión
29/5/2015 - 05:50

Esos líderes siguen sin entender el mensaje de las urnas del pasado domingo, entre ellos el bicandidato Silván, quien ha cosechado el peor resultado de la historia en unas elecciones municipales en la capital leonesa y, además, ha perdido dos procuradores en las elecciones autonómicas.
Visto los resultados del domingo, sin duda, Herrera se habrá arrepentido de no haber hecho caso a su corazón hace unos meses y haber renunciado, tal y como lo tenía decidido, a ser el candidato a la reelección como presidente de la Junta. Al final, Herrera optó por presentarse a las elecciones con la previsión de renunciar a mitad de mandado e imponer como sucesora a la exalcaldesa de Zamora y flamante procuradora, Rosa Valdeón. Como se ve, todo muy democrático, según el modelo histórico de toma de decisiones en el seno del PP, es decir mediante la designación a dedo y la ratificación a posteriori de los comités correspondientes del partido, siempre muy leales al líder establecido.
Éste fue el procedimiento para imponer a Silván como cabeza de lista al Ayuntamiento de León en detrimento del alcalde Emilio Gutiérrez, quien, no se olvide, había ganado por mayoría absoluta. Se argumentó para el cambio que las encuestas con Gutiérrez pronosticaban una debacle. Pues con Silván y con Herrera, la debacle se ha convertido en una auténtica catástrofe.
Ante esta situación, qué menos que una mínima autocrítica, como la efectuada por Herrera, aunque le ha sobrado la justificación de la pésima gestión por parte del Gobierno central de la crisis de la minería. Es cierto que el Gobierno Rajoy y su ministro Soria no han sido capaces de dar una solución a la crisis de la minería del carbón, herida de muerte desde hace muchos años, pero también se ha echado de menos que el gobierno de Herrera pasase a la acción, que se plantase con medidas drásticas ante su propio Gobierno en vez de quejarse permanentemente de palabra, que es lo que ha exasperado a los mineros. Si Herrera de verdad hubiese cambiado su crítica de boquilla al ministro Soria por un puñetazo en la mesa, quizás ahora estaríamos haciendo un balance algo más benévolo de unos resultados electorales que, en todo caso, hubiesen sido también malos para el PP. No toda la culpa, ni mucho menos, es de la política del ministro Soria.
El PP de León, de Castilla y León y a nivel nacional no han sabido leer los avisos que su electorado había enviado en las elecciones europeas y, posteriormente, en las andaluzas. Era un clamor las exigencias de transparencia, de democracia interna, de mano dura contra los corruptos, de renovación y de reformas, y de aplicación de una política económica solidaria con los más débiles y exigente con los poderosos. Esas son las razones del fracaso del PP en León, en Castilla y León y en el resto de España.

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