Dulcinea Juárez (La Dama del lago), Jordi Bosch (el Rey Arturo), Ignasi Vidal (Sir Galahad) y César Belda (director musical), junto a otros miembros del musical, nos reciben en la puerta de atrás.
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gentedigital.es/P.C./M.B.
08/10/2009 - 10:50
Dulcinea Juárez prepara el té para calentar la voz antes de que comience la función de las 20:30. Es jueves. La cafetera le acompaña desde Los Productores, aunque ahora ocupa el camerino que da al propio escenario en el Teatro Lope de Vega (Madrid). El suyo es el más grande, "propio de una diva", dice, bromeando sobre su personaje de La Dama del lago.
En el tocador hay tres pelucas. La de la Dama del lago acaba de llegar de la peluquería y es carísima. "No quiero saber lo que cuesta", confiesa. Al lado, una especie de peluca-gorro con cuentas de cristal, "a lo Whitney Houston en El Guardaespaldas". Y bajo el tocador guarda siete pares de zapatos que utliza en dos horas y media de función. Casi nada.
Al llegar al teatro se bebe su infusión y "caliento la voz en el baño para no molestar a mis compañeros con mis berridos, porque llego muy agudo", explica, "aunque lo que más me gusta es chismorrear por todos los camerinos cuando termino".
En el camerino de al lado 'reposa' el rey Arturo, en el primer piso 'se resguardan' los caballeros, y en el segundo el cuerpo de baile. Jordi Bosch tiene en su espejo la foto de todo el equipo. Sobre el tocador, la corona y otros elementos que forman parte de su personaje. "Soy un rey muy parco", señala. Le preguntamos cuáles son las vistas, a dónde da la ventana. La abre y nos encontramos el clásico patio de vecinos.
Quedan cinco minutos para el calentamiento de voz. La regidora les recuerda que tienen que firmar su entrada, para saber si falta alguien o no. Toda esta información la reciben por el altavoz que cada uno tiene en su cuarto. "Toda la compañía a la sala de ensayo", añade la regidora.

Gurutxe Esteban es la jefa de sastrería. Nos recibe en el taller, rodeada de hilos, telas, máquinas de coser, arreglos diarios y prendas. "Me he caído y se me ha hecho un agujero, se me ha abierto la costura... Siempre pasa algo", dice. Cada día, el equipo de lavandería de este musical se pasa más de cinco horas poniendo lavadoras para que los actores estén perfectos. Normal, teniendo en cuenta que "los chicos hacen entre seis y siete cambios de ropa, y las chicas entre cinco y seis".
"Nuestra función es que tengan toda la ropa a punto, desde el calzoncillo a la cota de malla, el sombrero, los zapatos limpios, medias que no estén rotas...". Sobre las estanterías, decenas de cajas con todo tipo de complementos para recrear la época. "Hablamos de una Edad Media llevada, no al cómic, pero sí al humor. No nos ceñimos a la realidad de la época medieval", afirma. En total, cuatro personas asisten a función y luego están las lavanderas, y hay entre 250 y 300 trajes. "Cada actor puede llevar en un mismo momento cuatro prendas: la túnica, el verdugo, los zapatos... Aquí no se aburre nadie", concluye Gurutxe.
Ignasi Vidal comparte 'habitación de hotel' con Fernando Gil. Interpreta a Sir Galahad. "Tengo una foto de mis compis de la serie que estaba haciendo y una entrada de bruce Springsteen". Fuera, el pasillo de este primer piso está lleno con el vestuario de todos los actores.
Seguimos investigando. Encima del escenario nos espera Carlos Andrés, jefe técnico de Spamalot. Sobre las tablas nos encontramos un decorado que simula un bosque, "tela pintada" que arrancan los actores en la primera escena, porque está con un velcro. "Encima tienes barras contrapesadas, y cada una contiene un elemento de iluminación o decorados: el castillo, el Santo Grial... Sobre tu cabeza hay 4.500 kilos", advierte.
Debajo está el foso, las máquinas de humo bajo, y en total hablamos de entre 10.000 o 15.000 kilos sobre el escenario. "Para una función trabajan 23 personas. Llegamos dos horas antes, hacemos una pasada, montamos el primer cuadro, y el telón negro y la reja del castillo es lo que ve el espectador. Cuando se sube, se encuentran el cuadro de la canción de Finland".
César Belda, director musical, nos aguarda en el foso, entre el patio de butacas y el escenario. "Estamos relegados a un mundo de oscuridad", bromea. "Hay doce músicos, cuarteto de metales, dos maderas, un violín y la base". Su canción favorita de Spamalot es 'Camelot', el número principal del primer acto, "porque tiene varios tipos de música". Me la canturrea y me deja claro que la música en Spamalot es en riguroso directo, aunque el público lo duda por lo bien que suena. "Normal, parece que tenemos aquí el Orfeón Donostiarra y la Filarmónica de Berlín".
Lo peor es que esta visita al 'backstage' de Spamalot llega a su fin sin haber probado el exquisito 'spam' y sin saber donde está el Santo Grail. "30 minutos y empezamos. Hemos abierto sala, a partir de ahora silencio en el escenario", anuncia la regidora por los altavoces. Creo que ha llegado el momento de marcharnos.
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