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ENTREVISTA A LOS SECRETOS

Álvaro Urquijo: "Hemos tocado para sentirnos parte de la historia, sin saber que lo éramos"

A Álvaro Urquijo (Madrid, 1962) una rotura de cúbito le ha fastidiado los últimos cuatro meses de su vida, pero una vez recuperado la gira 'Cara B' le ha devuelto la sonrisa. Un repertorio diferente al habitual configura los nuevos directos de una de las bandas más míticas de la música española. 

Archivado en: música, Los Secretos, gira, Cara B, Álvaro Urquijo, movida, Tos, Canito, Enrique Urquijo

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Álvaro Urquijo, durante un concierto. MARTA PICH

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gentedigital.es/Marcos Blanco
14/4/2010 - 13:13

Álvaro, ¿cómo estás después de esa rotura de cúbito por la que has estado de baja desde diciembre hasta bien poco, con el consiguiente retraso de la gira 'Cara B'?

Pues mira, voy a ser sincero. El brazo está muy bien para como me lo han dejado. El último cirujano que me ha visto no daba crédito a que pudiera estar tocando, puesto que no me quedó muy bien después de las anteriores operaciones con el anterior médico. He tenido mala suerte porque he sufrido las consecuencias de 'el síndrome del recomendado' (risas).

¿Ha costado mucho mantener la calma en estos cuatro meses sin la posibilidad de tocar la guitarra ni de dedicarte a tope a los asuntos musicales?

Sí, ha costado. Soy un guitarrista que se ha convertido en cantante por las visicitudes del destino, pero sí se necesitas la guitarra para muchísimas cosas. Es como una parte de tu cuerpo que no tienes. Hará falta una cuarta operación para recuperarme del todo. Tengo 47 tacos y apenas me había pasado nada en mi vida hasta estos últimos cuatro meses. Al estar la guitarra de por medio, esto ha supuesto un parón para mí, al no poder componer y retrasar nuevamente la puesta en marcha de la preparación, de la fabricación del disco. Por otro lado, queríamos en esta gira empezar a meter canciones de nueva factura, al revés de lo que se está haciendo en la historia reciente de la música. Queríamos sacar canciones primero, rodarlas y las que más nos gustasen a nosotros y a la gente las meteríamos en un siguiente disco. Desafortunadamente, he estado más tiempo entre médicos y rehabilitadores médicos que en estudios de grabación.

Esperemos que la dinámica cambie. Dieciséis conciertos configuran la gira 'Cara B', con la que váis a recorrer España entre abril y mayo. ¿Cuál es el sentido de estos directos?

El objetivo no es recaudar dinero porque son aforos muy pequeños. Es una gira más bien artística, para que la gente pueda ver una faceta distinta del grupo, unas canciones que por la elección o por cómo estaba la industria en su época quedaron con el marchamo de 'canciones no elegidas para singles'. Cuando tienes mucho cancionero, a la hora de hacer un recopilatorio, que siempre reciben el apoyo de las compañías, te centras en los 'singles' y ves que cuando cumples 30 años estás tocando las mismas canciones. No nos parecía injusto para nosotros, para nuestro público y para nuestra historia. Entonces, nos dio por inventarnos esta gira en tres meses raros en los que no se puede trabajar mucho, para que vean otras canciones y otro tipo de música, de diversión, más allá de lo que pueden encontrar con los temas que habitualmente suenan en nuestros conciertos. Sin que eso signifique que se vayan a aburrir, claro.

¿Algún ejemplo sin diseccionar el repertorio?'

'La última vida de un gato','‘Hoy la ví' (inédita de Enrique, que solo se grabó para el disco de homenaje y que nunca se había tocado en directo), 'Siempre hay un precio', 'Danielle' (aparece en su último trabajo con canciones originales)... Como no son canciones que tengan el marchamo de 'hit', hemos hecho dos partes durante cada concierto. Una más intimista y otra más marchosa. El arreglo lo hemos hecho como la banda que somos hoy en día, pero respetando la estructura y gracia original de los temas. Además, tocándolas con la técnica y el saber del día de hoy. Saber escuchar al de al lado y crear un ambiente suficientemente cariñoso con la gente, que se sienta partícipe de esto, ya será todo un éxito. Creo que serán veladas bastante agradables.

Cuando uno recorre vuestra trayectoria musical, que comenzó con Tos en el 78, existen tantas canciones, discos e historias artísticas que Los Secretos suponen un viaje fascinante en el tiempo...

Creo que eso es normal cuando una trayectoria es larga. Estamos hablando de un grupo que empezó en el 78 como 'hobby', que estuvo casi una década tocando y en el que hasta el 87/88 sus tres hermanos (Javier, Enrique y el propio Álvaro) no tuvieron esa capacidad económica para independizarse de sus padres y formar una vida personal. ¡Para que veas lo poco monetarios o objetivos de marketing que hemos sido! Hemos estado tocando mucho tiempo por poco dinero, por el simple hecho de tocar y sentirnos parte de la historia, sin saber que lo éramos. Al final de la carrera miras hacia atrás y ves todos tus pasos, pero ha sido una carrera muy larga, con muchos altibajos, zonas embarradas y también cuestas hacia abajo porque el público nos lo ha puesto fácil en muchas ocasiones. Supongo que como en cualquier profesión o en cualquier vida.

Siempre ha dado la sensación, corroborada por vosotros, de que habéis sido una isla, si hablamos de vuestra identidad musical, en aquella 'movida' de los 80

Fue la inercia. Cuando empezó todo esto de la 'movida madrileña', nosotros éramos gente humilde, con una familia normal y poquito dinero. Con ese poquito y las pagas de nuestros padres comprábamos los discos que nos gustaban e instrumentos de marca 'la chufa', de quinta mano, para que te hagas una idea. Recuerdo que mi hermano Javier se fue a Londres en el 79 y trajo una guitarra marca Manila o algo así, una copia de una copia. Nos sentíamos felices por el simple hecho de enchufar tres instrumentos en un mismo 'ampli'. Realmente éramos un grupo que por afición y 'hobby' se dedicaba a la música, pero estábamos estudiando. Lo que ocurre es que vino la nueva ola, que barrió a todo el mundo y llenó de música las calles. Fue un tiempo de nueva libertad y surgió un nuevo sentimiento del que participábamos más allá del simple hecho de ser jóvenes. Podíamos hacer algo más con nuestra música. Cierto es que nosotros veníamos de una influencia de costa-oeste norteamericana (gente como Jackson Browne o Bob Dylan), mezclada con la 'new wave' británica (The Police, Pretenders), pero no éramos un grupo más. Teníamos nuestra personalidad, aunque todavía muy en bruto, primitiva. Muchos grupos se apuntaron a la novedad, a lo histriónico, con letras exageradas y radicales, para destacar, pero Los Secretos queríamos aprender a hacer lo que nos gustaba y seguir aprendiendo. Cuando hacíamos un disco y luego nos poníamos con el siguiente, nos encontrábamos con gente de las discográficas que te decían: "¿Qué estáis haciendo? Ahora lo que se lleva es esto, música techno, teclados..." Nunca se nos impuso lo que teníamos que hacer. De ahí la salida de Polygram en el 83 y que hasta el 85 no supiéramos dónde pisábamos, aunque llevábamos nuestra identidad como única arma. Perdimos a nuestro batería ('Canito'), no sabíamos hacia donde mirar y decidimos mirarnos a nosotros mismos, a lo que sabíamos hacer. Retomamos la carrera donde la habíamos dejado, empezamos a hacer canciones de perfil más norteamericano, con sus coritos, con sus cosas, al estilo de 'Quiero beber hasta perder el control'. En el 86 retomamos la atención del público y luego continuamos una carrera que se había interrumpido porque las modas habían sido radicales y no nos habían dejado vivir a los que no éramos afines a ellas.

Guste o no guste vuestra música, Los Secretos respiran un estilo inconfundible. ¿Cuál es la diferencia o el valor añadido que habéis aportado como artistas?

Es una suma de cosas. En primer lugar, el modo de vivir o afrontar la vida, la sensibilidad que corre por tus venas cuando ves una película, lees un libro o escuchas música. Si eres músico no vas a cambiar como 'El doctor Jekyll y míster Hyde' a la hora de componer e interpretar. A nosotros nos gusta la música con sentimiento, cierto tipo de 'algo más' que no se puede cuantificar, abstracto, que sale de la boca de los cantantes pero que llega a tu cuerpo en forma de emoción. Sale como nota, pero se transmite con emociones. Partiendo de esa base, no hemos hecho nada especial. Hemos metido en nuestra coctelera lo que ha aportado cada uno. En mi caso, un afán por tocar de una manera que sea reconocible y peculiar, dándole vueltas a las guitarras de 12 cuerdas y ver cómo aplicarla al pop español, que la sonorización americana, unida a la latina y a la madrileña tuviera una razón de ser. Las influencias son tan extranjeras para un tío que hace reggae o 'rock&roll' si ambas cosas no han nacido en tu entorno. A no ser que seas flamenco o gitano... En nuestro caso, hemos unido a lo que sabíamos esa forma de hacer que estábamos escuchando y que tanto admirábamos de tantos cantantes o grupos. Todo ello, a base de aprendizaje y no cometer errores. Siempre hemos tenido una máxima: jamás haremos nada de lo que nos podamos arrepentir. Son cosas que, desde mi punto de vista, deberían estar incluidas en cualquier persona que tenga una profesión y la quiera desarrollar con honestidad. Aportar algo, plasmar tu gusto, tu arte. Hemos intentado hacerlo lo mejor posible durante todos estos años y poco a poco fuimos haciendo canciones que calaban en la gente.

Esa punto de distinción continúa en una sociedad musical que ha cambiado mucho...

Sí, el problema de la música en todo el mundo es que falta talento. Cuando más talento haya, más fans habrá y música se generará. Siempre he sido un defensor del talento frente a la economía de mercado, que deja el talento en una segunda estantería. El primer estamento es para la comercialidad, para las leyes de marketing, que pueden hacerte comprar las mayores tonterías, cosas que a lo mejor se escapan a mi inteligencia por mi generación o antigüedad. Lo que sí es cierto es que todo lo que tiene arte es justificable que tenga un público.

Ha pasado más de una década desde el último punto de inflexión vital en Los Secretos: la muerte de Enrique. Pese a aquel durísimo golpe, la banda siguió adelante y se demostró, por la respuesta de la gente, esa química grupal, ese sentido colectivo que habéis tenido desde el principio...

Realmente, se ha dado la casualidad de que nuestros deseos se han visto satisfechos, musicalmente hablando, porque no hemos tenido influencias externas de ningún manipulador. Esta libertad nos ha permitido hacer una música que nuestro público ha considerado comercial. Puedes poner dos grupos con la misma preparación e inteligencia, pero uno gusta y otro no. Es la suerte de que ellos eligan tu música como parte de sus patrones de gustos. Es como un concurso de 'misses'. Hay gente guapísima y todo el mundo piensa que es guapo, pero al final se quedan con una, dos, tres, no se sabe muy bien por qué gustan más que otras, aún cuando las ganadoras no se correspondan con los cánones de belleza más exactos.

Me refería a la idea de que el líder mediático o el rostro más visible de un proyecto desaparece, la historia se rompe. Vosotros os habéis sobrepuesto a los diferentes cambios personales vividos con una gran entereza...

Sí, por eso soy fan de los grupos, porque creo que si tienes un grupo de cinco individuos y cada uno aporta un porcentaje la suma no es 100, puede llegar a 300 muchas veces. Grupos con músicos que no han sido muy sobresalientes han dado lugar a grupazos. A los Beatles no se les podía denominar grandes músicos como instrumentistas y músicos, pero es una de las bandas históricas que más nos han marcado. Por ejemplo, los Rolling Stones eran mediocres como músicos, pero como conjunto son inigualables. A eso me refiero. Los grupos son capaces de crear canciones que los artistas en solitario no pueden, porque no tienen la capacidad evolutiva de la suma de los talentos, que influye sobre el resultado final. Sin darte cuenta, un tema que empezaba mi hermano Enrique, tirando de un hilo, se convertía, gracias al grupo, en una canción hecha y derecha. Sin ese grupo detrás, esa canción la habría terminado un arreglista, un director musical, un productor, unos músicos en el estudio y se habría grabado. Creo que el grupo aporta algo más que el músico en sí en el plano conceptual.

Pasado, presente... y futuro. ¿Hasta cuándo seguiremos viendo y escuchando a Los Secretos? Da la impresión de que no hay fecha de caducidad...

El futuro de Los Secretos es intentar, día a día, complacer al público que nos ha mantenido en primer o segunda línea, hacer que cada euro, cada molestia en ir a un concierto tuyo o comprarse un disco valga la pena, que sea algo bien empleado, el tiempo, el dinero... Y enaltecer, hacer lo más noble posible esta profesión, que tan manoseada y vapuleada ha quedado después de toda la 'mamonería' que ha pasado en los últimos años.

*Fotos cedidas por Marta Pich.

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