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entrevista: literatura

Se ha escrito un crimen... en Madrid

Tras el éxito de ‘El hombre que no fui', escrito junto a Melchor Miralles, el madrileño Javier Menéndez Flores regresa con ‘Todos nosotros', un ‘thriller' en toda regla en el que ha decidido viajar en el tiempo y ‘jugar' en casa.

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Javier Menéndez Flores

Javier Menéndez Flores, antes de la entrevista · CHEMA MARTÍNEZ

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F. Q. Soriano
18/9/2020 - 00:13

No es la primera vez que Javier Menéndez Flores (Madrid, 1969) se enfrenta a la tarea de escribir un ‘thriller', pero eso no significa que haya escatimado un ápice de esfuerzo o que no le haya puesto las mismas dosis de ilusión. Mezcla de todo ello surge ‘Todos nosotros' (Editorial Planeta).

La primera parte de ‘Todos nosotros' está ambientada en 1981. ¿Por qué ese año?
He elegido 1981 por varias razones. Me resultaba atractivo porque estamos hablando de una España que está en pleno proceso de cambio. Veníamos de un régimen dictatorial para pasar una Transición bajo el Gobierno de la desaparecida UCD, todavía no había llegado el triunfo socialista, que llegó unos meses después, y, sobre todo, en lo que se refiere a la investigación policial quería retratar unos años en los que se debían más a la capacidad deductiva de los investigadores, que era muy romántico, que no a los avances técnicos. En el año 81 no había teléfonos móviles, ni pruebas de ADN y tampoco había cámaras de seguridad en prácticamente todas las calles y comercios como hoy en día. Eso provocaba que los policías estuvieran muy necesitados, pero hacían de la necesidad virtud, debían ser muy perspicaces y analizar muy bien los casos. Esa es la primera línea temporal de la novela que lleva casi 300 páginas.

No quería hablar de un caso que se resolviera en un laboratorio, en este sentido podríamos hablar de una novela ‘pre CSI'. La influencia que ha tenido esa serie en los novelistas de ‘thriller' ha sido enorme y es verdad que he disfrutado con muchas de ellas, pero lo que quería hacer es otra cosa.

Me propuse escribir una novela de corte clásico, que arrancara en la primera página con un misterio que recorriese toda la espina dorsal de la obra, y creo que lo he conseguido. Considero que es una novela de ritmo frenético. He leído muchos ‘thrillers' que me han encantado, pero también grandes decepciones, libros de los que me habían hablado muy bien y después de 100 páginas no había ocurrido nada. Creo que eso no puede ocurrir en este género, está pensado para que la gente, si puede, se tenga que ir a por un marcapasos, que esté continuamente en vilo.

La contraposición entre Diego Álamo y Guzmán refleja el contraste entre el tardofranquismo y la democracia. ¿Cómo se te ocurrió juntar a una pareja tan diferente?
Tenía que ser así, no es casual. Quería simbolizar en ello la policía del antiguo régimen y la del nuevo. Álamo es un inspector de policía que se forma en una España con una democracia muy frágil, ese mismo año se había producido la intentona golpista, había ruido de sables cada dos por tres. Sin embargo están los policías que vienen de la Brigada de Investigación Criminal, que están acostumbrados a arrear y tenían unos códigos éticos y profesionales completamente distintos. Quería reflejar esa lucha entre lo viejo y lo nuevo, que es lo que lleva a los procesos de cambio.

"En el libro está presente ‘La Movida', pero quiero desmitificarla" 

En la esfera cultural, Madrid se sumerge en ‘La Movida'. ¿Te veías obligado a hablar de ello en la novela?

Sí, lo era, sobre todo si quería hablar con rigor de esos días. También quiero desmitificar esa ‘Movida' de chupas de cuero y pelos de colores, parecía que todo el mundo iba así. No es cierto, era solo una tribu urbana. La gente que salía a principios de los 80, que son mayores que yo, eran universitarios normales que iban al Penta o La Vía Láctea, que llevaban su camisa y sus vaqueros y se lo pasaban de puta madre. Culturalmente esa efervescencia fue muy buena. Luego el tiempo ha sido inclemente con muchos de ellos, porque han sobrevivido pocos, pero componen la banda sonora de una generación. He querido contrastar los grupos emergentes como Nacha Pop o Mecano con Rocío Jurado, José Luis Perales, Julio Iglesias, Danny Daniel... Había un crisol en el que todo tenía cabida y eso está reflejado también en la novela.

Poner en contexto toda la música que sonaba en aquel año habrá sido una tarea muy ardua a nivel de documentación.

Ha sido brutal. Cuando sale en la novela lo de ‘Latino' es que ese fin de semana había sido el festival de la OTI, es decir, los días en los que se desarrolla la acción coinciden con los hechos, como por ejemplo cuando menciono que Natalie Wood ha aparecido muerta ahogada. Es milimétrico. He seguido un nivel de hemeroteca justo en el que se producían esos acontecimientos y, claro, eso ha sido muy difícil. Si bien la obra es ficción, el escenario donde se desarrollaba tenía que ser real, y los datos fidedignos. Y eso es lo que hecho.

Tan real que hablas del Penta o La Vía Láctea, pero también de la Cafetería Hontanares en Avenida de América o la calle General Ricardos. ¿Tienen para ti algo de especial todos estos lugares?
Creo que todos mis libros son inevitablemente autobiográficos, pero como los de casi todos los autores. Aquí he tratado de esconderme lo más posible, más allá de que esos locales los he transitado, no han tenido una especial relevancia en mi vida, he tratado de salirme lo más posible. Creo en aquello que dijo Borges de que todo aquel que escribe más de 100 páginas está hablando de sí mismo. Esto es igual. Los personajes no son meros figurantes en esta novela, tenían que ser creíbles. He huido del tópico del género policiaco en el que se presentan como héroes o antihéroes, he querido hablar de gente de carne y hueso, como Diego, un tipo con unos principios morales muy sólidos al que le cae este caso y se convierte en parte de su vida, pero es una persona feliz en su día a día, no viene de un mundo desestructurado. Todos los personajes tienen mucha entidad, mucho peso en la historia.

¿Cuánto tiempo, más o menos, te ha llevado escribir esta novela?

Ha sido un año y medio de trabajar como un cabrón, hablando en plata. Cuando trabajo en un libro le dedico horas, además soy perfeccionista, que parece un tópico. Releo mucho, corrijo, y, en ese sentido, es un alivio entregar la novela a la editorial, porque acaba contigo, es tal el proceso de creación que se lleva mucho de tu energía.

Otro de los aspectos que llama la atención es la crueldad, la vileza de los malos de la novela, quizás hasta por encima de lo que aparece en una novela negra al uso.
Quería que el lector tuviera tres ópticas distintas: la del investigador, la de las víctimas y la del verdugo, me parecía importante, he querido darle a las tres partes el mismo protagonismo. Creo que lo he conseguido. En la primera parte hay dos voces que se alternan, en la segunda también, pero son distintas, y era esa necesidad de que el lector tuviera todo el abanico ante sí.

Respecto a la crueldad, creo que no he descubierto la pólvora. No es una novela gore, creo que tiene una violencia psicológica, en algunos momentos visual, ha habido alguna lectora que me ha dicho que le ha costado leer algún pasaje, pero no me he querido recrear en eso. Lo que quería era dejar claro que, como en toda novela de género, hay maniqueísmo, es decir, está el bien y está el mal. Eso sirve a los personajes pero también al lector, que necesita que le quemes, pero también que le eches agua de vez en cuando.

"El ‘thriller’ está ahora reconocido, pero históricamente ha sido maltratado" 

La novela arranca en 1981, ¿hubiese sido más complejo arrancar con un caso similar en 2020, con todos los medios que tiene la policía?
Mi novela anterior de no ficción, ‘El hombre que no fui', está basada en el crimen de los Marqueses de Urquijo, la escribí junto al periodista Melchor Miralles, tuvimos acceso al sumario y pudimos entrevistar a todos los protagonistas que quedan vivos de aquella historia. Evidentemente, si aquel crimen no se produce en el año 80, pues a lo mejor muchos de los enigmas que siguen vivos ya no existirían. ¿Por qué? Por lo que decía antes, científicamente la policía ha avanzado una barbaridad. Es mucho más fácil pillar a los malos, lo que no significa que no haya tipos lo suficientemente habilidosos como para escapar de la policía, pero lo tienen más difícil. Creo que las novelas policíacas que transcurren en una época anterior a la llegada de los grandes avances técnicos y científicos son más gratas para el escritor. El hecho de que tengamos ahora tantos avances constriñe mucho al género. Los casos se resuelven en los laboratorios. Quería destacar ese romanticismo.

Vamos a jugar a poner esta novela en 2020. ¿Qué banda sonora le pondrías?

Si hablamos de grupos nacionales, lo haría de clásicos como Extremoduro, también lo haría de Sabina, pero luego hay otros autores como Dani Martín, Alejandro Sanz o Alaska, que aún sigue. La banda sonora de este país ahora tiene otros sabores. Y respecto a los grupos extranjeros también los hay, pero seguiría agarrado a los clásicos, Dylan o los Stones se siguen escuchando, como Radiohead o Muse.

Es un tema muy manido, pero no sé si te has planteado plasmar la realidad que vivimos durante el confinamiento o la que se está dando ahora en plena pandemia. 

No he tenido tiempo para planteármelo, pero entiendo que va a ser un caldo de cultivo importante para los creadores. También es verdad que la novela criminal creo que funciona mucho porque durante muchos años ha estado muy maltratada, eso ha desaparecido, hay autores que tienen novelas a la altura de las grandes obras literarias. Si este género tiene tanto éxito es porque la gente, cuando llega a casa después de trabajar, lo que quiere es meterse en una historia que posiblemente no va a tener la oportunidad de vivir en su vida. Del coronavirus creo que vamos a acabar todos hasta el gorro. No creo que deba abusarse de ello.

¿Te planteas en un futuro abrirte a otros géneros?

Tengo cuatro novelas escritas, la primera de ellas con Plaza & Janés, hace 15 años, y era una novela de amor-desamor en este mismo entorno, Madrid. Luego las que he hecho después sí que han sido ‘thrillers'. Ha sido un género que a mí me ha gustado siempre, como lector, y al final he acabado ejerciendo como escritor de ‘thriller', porque me encanta. Lo que más tengo en casa son poemarios y libros de novela negra, y te hablo de una casa donde hay unos cuantos miles de libros. Al final me he visto abocado a escribir de lo que me gusta.

De todos esos libros, ¿alguna recomendación?
Puedo citar a Faulkner u otros autores, pero está muy manido. Por ejemplo, no será un escritor puramente de ‘thriller' pero Cormac McCarthy, el autor de ‘La carretera'. Un ‘thriller' no solo son pistolas en la ciudad. Te diría que ‘El conde de Montecristo' es un ‘thriller', pero con espadas, tiene todos los elementos del género. Volviendo a Cormac McCarthy tiene un libro mayúsculo: ‘Meridiano de sangre'.

 

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