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Desentrañando los orígenes del feminismo

La periodista Sandra Ferrer Valero da voz a aquellas pioneras que rompieron esquemas y sentaron las bases para que las mujeres de este siglo disfruten de más derechos.

Archivado en: literatura, cultura, feminismo, Sandra Ferrer Valero

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F. Q. Soriano
02/10/2020 - 00:28

En pleno siglo XXI nadie puede obviar que el feminismo es un movimiento con una fuerza pujante. Pero, ¿qué camino ha tenido que recorrer la mujer hasta llegar al punto actual? A esa pregunta trata de dar luz una de las periodistas de referencia en este ámbito, Sandra Ferrer Valero, quien recientemente publicaba ‘Pioneras del feminismo' (editorial Principal de los Libros), sobre el que charla con GENTE.


Para mucha gente el movimiento feminista parece algo reciente, pero en tu libro hablas de alguna pionera que vivió en el siglo XIV.

Cuando hablamos de pioneras del feminismo, siempre hay el debate de si podemos llamarles feministas como tal, si entendemos el término como una luchadora política, que comenzó más en el siglo XIX. Sí que es verdad que todo ese movimiento tuvo un antes, no nació de la nada. Creo que empezó desde el primer momento en el que las mujeres comenzaron a ser relegadas de muchas cosas, pero de manera más visible en la Edad Media con una figura maravillosa, una mujer italiana que pasó toda su vida en Francia, que es Christine de Pizan y se la considera una de las primeras feministas por un libro que escribió, ‘La ciudad de las damas', en el que volcaba toda su indignación sentida a través de su trayectoria vital que explico en el libro, una vida llena de contratiempos y vicisitudes que consiguió superar, y en el que ella reclama para sí y para todas las mujeres algo tan sencillo como que se les reconozca una dignidad como ser humano y se les permita acceder al mismo conocimiento que los hombres.

Me gustaría destacar que intento hacer biografías de las personas y no tanto su ideología como feministas. Creo que esa es la principal diferencia respecto a otros libros en los que también he colaborado, en los que se habla sobre feminismo exclusivamente de sus ideas.

En el libro también aparece una española, María de Zayas, una mujer que vivió en el Siglo de Oro y que cuando se estudia en Literatura esa parte de la Historia apenas se la menciona, ¿por qué crees que pasa esto?

Esto sucede con María de Zayas y con cualquier escritora, pintora o científica que se precie y que por suerte, con el tiempo y gracias a los estudios impulsados por el feminismo, están saliendo un poco a la luz. El problema, concretamente en el caso de María de Zayas, es que solo nos ha llegado su obra y algunas alabanzas de los grandes autores del Siglo de Oro español; sabemos muy poco de su vida personal, pero ya podemos intuir con la inteligencia y la gracia que escribe sus novelas, porque ella su crítica la hace mediante la ficción, recrea en sus historias situaciones que bien podrían ser reales.

"Estas mujeres tuvieron que pelear como David contra Goliat" 

Otra española, Sor Juana Inés de la Cruz, pertenecía a una institución más conservadora si cabe, la Iglesia...

Su caso es representativo de que muchas mujeres, cuando surgieran los monasterios, primero en Europa y después en la América colonial, encontraron allí no solo un lugar de refugio, sino un espacio donde podían desarrollar casi el mismo intelecto que los hombres en las universidades.

El punto de partida lo colocas en el siglo XIV, pero hasta el XVI o el XVIII se seguía defendiendo que las mujeres eran menos sabias que los hombres, algo contra lo que luchó Mary Astell. La evolución muy lenta durante esos siglos.

Sí, claro. El diálogo que se abrió gracias a Christine de Pizan fue un ya un punto de inflexión en la Historia, tanto de la humanidad como de las mujeres. Estoy convencida de que muchas voces se han perdido en el pasado pero es evidente que muchas mujeres y sociedades debían ver esa situación de injusticia, algunas lo percibirían como algo normal, pero estoy segura de que otras se rebelarían interiormente, aunque no es una situación fácil. Cuando De Pizan escribe ‘La ciudad de las damas', sorprendentemente en una época en la que la imprenta no existe, en la que la distribución de los libros es complicadísima, su obra llega a las grandes Cortes europeas; dicen que Isabel de Castilla tenía una copia de esa obra. Se abre ese debate y es el que, poco a poco, va forjando los cimientos de ese feminismo político y social, como movimiento multitudinario, que surgirá en el siglo XIX. Si no entendemos todo lo que vino antes, todas estas grandes pioneras que abrieron un camino, exponiéndose a primero a la burla e incluso algunas veces a la amenaza de perder la vida, fueron como pequeñas soldados que lucharon ellas solas, algunas veces con un pequeño apoyo de sus padres o sus maridos. Me parecen tan figuras tan maravillosas y excepcionales porque fueron pequeños David que pelearon contra grandes Goliat.

Meses atrás tuve la ocasión de hablar con la artista Beatriz Luengo, que acababa de publicar ‘El despertar de las musas', en el cual se hacía eco de diferentes mujeres que habían hecho grandes cosas pero que habían sido silenciadas o relegadas a un segundo plano por el simple hecho de ser mujeres.

Por supuesto, el caso de la hermana de Mozart es uno de los más claros. Ella empezó a aprender piano y a componer al mismo tiempo que su hermano, con la única diferencia de que cuando ella llegó a la edad de contraer matrimonio tuvo que abandonar su carrera musical y Mozart pudo desarrollarla. Entonces, hay estudios que insinúan que parte de su obra fue creada o al menos inspirada por su hermana. Lo que está claro es que a ella no se le permitió demostrar si era o no el gran genio que fue su hermano, esa fue la gran diferencia.

"Lo que buscaba era descubrir a la mujer que había detrás de esas acciones" 

Volvemos a nivel nacional, otra de las mujeres que aparecen en tu libro es Clara Campoamor, quien afortunadamente sí que es un poco más conocida. ¿Qué destacarías de toda su trayectoria?

De la figura de Clara Campoamor casi todo el mundo conoce más su nombre que su labor. Es una figura muy compleja y a nivel personal muy desconocida. En el libro cuento que en su obra hablaba de su lucha a favor del voto femenino, pero habló muy poco de su vida personal. Sí que es verdad que a partir de su lucha, la que vivió en la elaboración de la Constitución una vez proclamada la República, vemos que fue realmente otra pequeña David, porque no solo enfrentó a todos los políticos, sino también a una mujer, que es algo muy curioso, Victoria Kent, que estaba en el hemiciclo, quien decía que hasta que las mujeres no estuvieran preparadas intelectualmente y alejadas de las ideas religiosas no se les permitiría votar, mientras que Clara Campoamor lo que defendía es que la mujer, como el hombre, tenía el mismo derecho a votar porque a los hombres no se les pregunta su nivel intelectual a la hora de ejercer el voto.

Con toda la extensa documentación que se aprecia en el libro, ¿cuánto tiempo te ha llevado de trabajo antes de publicarlo?

Si consultáis la bibliografía se ve que efectivamente son muchos libros los que he consultado. Creo que he estado más de dos años trabajando en ello, poniéndome en serio a escribir el libro, conocer la trayectoria de todas estas mujeres viene de mucho antes. Mi objetivo no era escribir un libro del feminismo como manual, sino profundizar en sus personalidades, descubrir la mujer que había detrás de quien dijo una frase memorable o que escribió un discurso muy conocido; lo que me interesaba escudriñar el alma de estas mujeres, si lloraron o rieron, si fueron felices, si lucharon por despecho o por grandes convicciones. Y, claro, encontrar este alma de todas ellas es muy difícil, pero para mí ha sido un lujazo intentar meterme en sus pensamientos, por suerte muchas tienen memorias escritas, para mí es darles voz a estas mujeres para que expliquen a alguien del siglo XXI su experiencia, pero en su contexto, porque a veces tendemos a manipular figuras del pasado en beneficio propio. Es importante que veamos a las figuras históricas, tanto hombres como mujeres, en su contexto. Muchas de estas mujeres tenían unas creencias, unas estructuras mentales que estaban influenciadas por el mundo que les tocó vivir. Para mí ha sido la clave, no tanto hablar de sus ideas políticas, que obviamente también, sino ir un poco más allá y descubrir lo que llegaron a amar y a sentir.

"El feminismo se sigue usando en la política de forma interesada" 

Por toda esta visión histórica, llegamos al siglo XXI y aún nos encontramos con desigualdades tremendas, como la brecha salarial o el techo de cristal. ¿Por dónde debería empezar a caminar la sociedad para cambiar todo esto?

Ojalá tuviera la respuesta a esta pregunta. Por un lado creo que tenemos que ser conscientes de todo el camino que se ha recorrido, sabiendo que aún falta mucho por recorrer, pero no solo respecto a las mujeres que incluyo en el libro, sino también mirando a la vida de mi madre o de mi abuela, no tiene nada que ver con cómo vivo yo. Si mi abuela me viera ahora mismo, creo que le costaría creérselo. Por otro lado, queda mucho camino por recorrer y solo se avanzará cuando, no soy política, se aplique el respeto y se respeten todas las ideas, que no se trate a la mujer como un colectivo. A mí a veces me asusta el hecho de que a los hombres como género no se le trata, no hay una ley del hombre, pero sí que hay una ley de la mujer. Hay una gran diferencia entre los hombres y las mujeres, que es la maternidad, es un asunto clave que no se ha afrontado con suficiente valentía y al cual se tiene que aplicar lo que he dicho antes: el respeto, tanto si una mujer quiere ser o no madre, que quiera dedicarse a una vida profesional o a su familia. Me asustan ciertas soflamas políticas, la diferencia de mi vida respecto a la de mi madre o de mi abuela es que he tenido más capacidad de elección. Los políticos y la sociedad deberían tener la mente abierta y dejar que cada cual, hombre o mujer, escoja su camino y proteger aquellas situaciones que puedan resultar más sensibles que otras.

Hablando de respeto y sobre algo que comentabas antes, algunas mujeres que incluso veían amenazada su vida; en otro contexto, seguimos teniendo la lacra de la violencia machista. ¿Crees que se puede solucionar a partir de la educación o nos va a acompañar mucho más tiempo?

Creo que esa lacra se soluciona de una manera tan sencilla como enseñando a niños y a niñas que hay que respetar y que no hay que ejercer la violencia ni hacia uno ni hacia otro. Tengo la gran suerte de tener un hijo y una hija y a los dos se les inculcan las mismas ideas, son dos personas, dos individuos, se les educa en la no violencia y en el respeto. Si esto se aplicara a todas las familias, escuelas y discursos, evidentemente no vamos a encontrar la panacea, pero será mucho más sencillo. No hay que tolerar desde pequeños, aunque nos parezca una cosa sin importancia, comportamientos que vayan encaminados a esa discriminación.

Anteriormente hablabas de bandos y de discursos políticos. ¿Consideras que el movimiento feminista ha sido usado como arma arrojadiza en el ámbito político?

Está claro que el feminismo está de moda, para lo bueno y para lo malo, pero también es verdad que si estudias y analizas a las feministas del pasado estos discursos y disputas ya existían. El feminismo levanta pasiones y ahora con la situación mediática llega mucho más. Para poner un ejemplo más concreto: en Inglaterra, que es donde surgió el primer feminismo mediático, hubo dos movimientos muy claros; todo el mundo conoce el de las ‘suffragettes', pero también había otro que renegaba de los métodos de las ‘suffragettes' y querían diferenciarse. Aún hoy se utiliza demasiado como arma política y solo sale cuando a determinados políticos les interesa, por desgracia es algo que también sucede con la infancia, los pensionistas, el medio ambiente... A veces no sabes si su visión es sincera o interesada.

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