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Eva García Sáenz de Urturi: "El lector es agradecido y fiel, pero también muy exigente"

La flamante ganadora del Premio Planeta explica cómo ha sido el camino que le ha llevado a la cima de la literatura hispánica, gracias a la novela ‘Aquitania'.

Archivado en: entrevistas, literatura, Premio Planeta, Eva García Sáenz de Urturi

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Francisco Quirós Soriano
27/11/2020 - 00:23

Reconoce, con tono de broma, que su voracidad a la hora de leer libros no es normal. Desde que era muy pequeña la literatura ha formado parte de la vida de Eva García Sáenz de Urturi, la ganadora del prestigioso Premio Planeta 2020 gracias a la novela ‘Aquitania', una obra que define como "un ‘thriller' de tintes históricos". De él en particular y de su trayectoria en general habló en esta entrevista.

Han pasado ya varias semanas desde la celebración de la gala del Premio Planeta. ¿Lo has digerido ya?

Sí que lo he digerido. Es cierto que este año es tan atípico que la gira no va a ser como otros años. En ese sentido sí que es más triste el no poder tener contacto con los lectores, las firmas que hemos tenido que anular por responsabilidad, pero pienso que para asimilar que soy Premio Planeta, no tengo prisa porque es un premio vitalicio.

 

Mirando la lista reciente de ganadores del Premio Planeta se pueden leer nombres como Maruja Torres, Lorenzo Silva, Carmen Posadas o Camilo José Cela. ¿Da vértigo verse en un grupo tan selecto?
Sí, porque es pura mitología literaria. Mi padre, como sucedía en muchísimas familias españolas, compraba cada año el libro que ganaba el premio, crecí con todos esos galardonados ya que estaban en una estantería encima de mi cama, los veía cada noche antes de irme a dormir, conozco todas las cubiertas desde los años 70, como el de Juan Marsé, ‘La muchacha de las bragas de oro'. Ahora ser yo de una de ese reducido grupo, no sé cuántos quedamos vivos porque muchos de ellos obviamente ya no están entre nosotros, es un privilegio y estoy muy orgullosa.

 

Visto con la perspectiva de los años, ¿qué valoración haces de tu carrera?
En mi trayectoria ha habido como tres olas. La primera fue la de ‘La saga de los longevos', ese primer éxito que te cambia la vida y que permitió pasar de ser una funcionaria de la Universidad de Alicante a ser escritora a tiempo completo. En 2016, llegó el fenómeno de ‘La ciudad blanca'. Y ahora, cuatro años después, esta tercera ola y te colocas en lo más alto; después del Premio Planeta, como autora hispana, no hay nada más. Creo que ha sido una carrera de ir subiendo peldaño a peldaño, a los lectores me los he ido ganando uno a uno, cuando empecé no tenía contacto con editoriales, redes sociales... Fue un boca a boca puro y duro. Estoy muy acostumbrada a que haya dos tipos de reacciones, los escépticos, que por prejuicio no leen mis novelas, y luego están los devotos, los que son más que fans, que después de tantos años me preguntan por ‘La saga de los longevos' o por Kraken. Estaba viendo en redes sociales la cantidad de gente que a media mañana ya tenía el libro en sus casas. Con la que está cayendo, me parece precioso.

 

De esos dos fenómenos, los escépticos y los devotos, ¿cuál te llama más la atención?

No es llamar la atención, es algo que recibo de manera pasiva y lo único que tengo que hacer es gestionarlo bien, algo que he aprendido después de diez años, les doy el peso que tienen, que es muy subjetivo, relativo y efímero. Yo solo puedo controlar cómo escribo la novela, darlo todo durante ese periodo, hasta ahí. Me desentiendo bastante de los resultados desde el día de la publicación, porque después cuando miro en mi biblioteca los tomos que he escrito me da igual lo que hayan opinado de mis novelas, porque recuerdo la experiencia y el proceso durante su edición, es una experiencia muy personal, no tiene nada que ver con lo que digan los lectores. En ese sentido solo me fío de lo que siento yo en relación a estas obras.

"No tengo prisa por asimilar el Premio Planeta, es un galardón vitalicio"

Al igual que con ‘Pasaje a Tahití', con ‘Aquitania' has vuelto a sumergirte en la novela histórica. ¿Qué lleva más tiempo, la parte de documentación o la de creación pura y dura?
La creación literaria es el núcleo del oficio. La documentación puede llegar a sepultarte si empiezas a estudiar libros y quieres ir al detalle de toda esa época histórica, tienes que saber parar y darle agilidad al texto para que no acabe siendo un libro erudito y acabe cansando a los lectores. En este caso no es una novela histórica sino un ‘thriller' ambientado en el medievo, trabajé mucho la trama para que así lo fuera.

 

Hablando de una de las protagonistas de ‘Aquitania', Eleanor, llama la atención la personalidad que tiene para las circunstancias que la rodean. ¿Cómo surge la idea de crear un personaje así?
El personaje histórico ya daba mucho, porque tiene muchos giros que dan para una novela, pasa por etapas vitales en las que es reina de Francia, luego de Inglaterra, después se rebeló contra su segundo marido, pasó 15 años encerrada, a continuación fue reina regente con su hijo Ricardo Corazón de León y luego con Juan Sin Tierra, para acabar retirándose. Es un personaje muy rico, pero todo Aquitania y el medievo francés así lo eran. No quiero que se entienda como un ‘Yo, Julia' medieval, como una historia lineal de una mujer en esa época histórica, es un ‘thriller', es como decir que ‘El nombre de la rosa' trata de la vida de Guillermo de Baskerville, no, trata de un caso que él afronta. Aquí es igual, es una novela de investigación que abarca diez años de la vida de Eleanor, pero también de su marido, de su amante, de su tío... de todos los personajes que la rodean.

 

Dentro de esa época, ¿ha sido laboriosa la tarea de cribado de los personajes, es decir, decidir cuáles sí aparecen y cuáles no?
Era fácil, cuando leías todas esas biografías y los libros de Aquitania, ver qué personajes destacaban por su personalidad y cuáles podían dar el do de pecho para ficcionar con ellos. Me permito licencias literarias para que coincidan, tomo los personajes históricos pero me voy a la ficción con total libertad. Me divertí muchísimo.

 

Cuando pase toda la resaca del Premio Planeta, ¿tienes proyectos pensados para el futuro?
No me voy a dedicar a nada, a vivir. He escrito siete novelas muy documentadas en ocho años. La pandemia nos ha puesto a todos en perspectiva, de frenar, ya había un ritmo literario para todos los escritores de éxito que suponía escribir una novela y el mismo día de su publicación que ya te estén preguntando por la siguiente cuando no te has podido tomar ni un solo día de descanso en los últimos años, y hablo de domingos y días de Navidad o de tu cumpleaños. El lector es agradecido y fiel, pero ahora también es muy exigente. Cuando se termina una serie de televisión ya estás llorando por ver la siguiente temporada, no quieres esperar un año y aquí pasa lo mismo: algunos de mis lectores se leen un libro en tres días, que es maravilloso, pero por un lado me da pena porque mis libros son muy detallados, tienen muchas capas de lectura; cada capítulo a mí me supone haberme leído unos 50 libros para meter al lector en el medievo. Si se lo leen en tres noches y en diagonal se van a enterar de la trama y la van a disfrutar, pero el trabajo que hay detrás, las sensaciones que he metido y todo el esfuerzo literario para que haya una voz se acaba perdiendo en una lectura tan rápida. Luego está la paradoja de que lo terminan y piden una nueva novela. La quieren deprisa, pero que sea bonita, perfecta y de calidad. Eso es imposible. Una obra me supone pasar tres años en los que me dedico solo a eso, dejo mi vida a un lado. No me veo escribiendo ‘Aquitania 2' y ‘Aquitania 3', porque supone coger cinco años de mi vida y confinarme como en estos últimos años, no me compensa nada. Me choca mucho que el mismo día en el que sale la novela me pregunten por la siguiente. Hay otras seis novelas anteriores que están ahí y sobre las que se puede hablar. Esta huida hacia delante de publicar más, ¿tiene algún sentido? No, en absoluto. De las pocas cosas positivas que ha tenido la pandemia es que nos ha obligado a vivir en un tempo mucho más humano, el del descanso. Parece que blasfemas cuando dices que no vas a hacer nada; terminé de corregir ‘Aquitania' antes de ayer, literal. El día que gané el Planeta estaba todavía esa noche enviando correcciones, no tengo ninguna gana de pensar si voy a escribir algo histórico o un ‘thriller', lo único que quiero es vivir.

 

En otros ámbitos de la cultura hay artistas que tienen gustos diferentes a los del público en relación a sus obras. ¿Hay alguna novela que aunque no haya tenido un gran reconocimiento te llenara más al crearla?

Todas son hijas literarias, las relaciono más a lo que estaba pasando en mi vida cuando las escribí y cómo fue el proceso de edición. Siempre tendré mucho cariño a ‘La saga de los longevos', porque es como tu primogénito literario, y a los personajes porque llevan 10 años en mi cabeza y son como mentores de vida, me han servido para, en determinados momentos, plantearme cómo afrontarían ellos con su sabiduría de tantos miles de años algunos problemas vitales a los que me enfrento. Tengo mucho cariño también a la saga de ‘La ciudad blanca' por todo lo que tiene de homenaje a mi tierra, a mi familia, a mis raíces y a la cultura en la que crecí, además de por el reconocimiento nacional e internacional que me dio. Y  a ‘Aquitania' le tengo mucho cariño no solo por Eleanor, sino también al resto de personajes, que están muy elaborados y han surgido con muchas aristas. Tengo muchas ganas de volver a Aquitania para visitar de nuevo la tumba de Eleanor, se lo prometí en julio de 2019, tengo que cumplir la promesa de ir allí con el libro impreso.

"Escribir un libro me supone tres años de dedicación; ahora me dedicaré a vivir" 

Volviendo más atrás en el tiempo, ¿hubo algún libro en especial durante la infancia que te marcara y a partir de su lectura decidieras que serías escritora?
Yo era una lectora omnívora desde muy pequeña, leía lo que nos compraban a los niños de esa época. Para mi cumpleaños solo pedía libros y dos días después ya me había leído los ocho que me habían regalado. Recuerdo a mi abuela preocupada porque decía que se me iba a pasar la rosca por leer tanto, como si fuera el Quijote que acabó enloqueciendo por leer tantos libros de caballería, ya tenía yo la madurez suficiente con 8 años para saber que no pasaba nada malo si leías mucho. Después de aquello tiré de la biblioteca de mi padre para leer novelas que no eran para mi edad, como ‘La iguana', de Vázquez Figueroa o ‘La araña negra', de Blasco Ibáñez. Cuando retomé el vicio de la escritura, al empezar a estudiar Óptica en la universidad, los libros que me marcaron fueron ‘Océano', ‘Yaiza' y ‘Mar adentro', de Vázquez Figueroa. Siempre digo que la selección de novelas favoritas depende del momento en el que me pregunten, mi ritmo de lectura, no solo de ficción sino también de no ficción y ensayo, es preocupante. Las últimas novelas que he disfrutado son ‘La chica salvaje', de Delia Owens, que me pareció precioso. También ‘Los asquerosos', de Santiago Lorenzo, o ‘Con sentimiento', premio a la mejor novela francesa.

Para terminar, ¿hay algo que no se haya tocado en las entrevistas que realiza tras el premio y que considere importante?

Más que por lo que no me preguntan, me sorprende sobre qué me preguntan. Las novelas que he escrito hasta ahora siempre habían sido, sin proponérmelo, desde el punto de vista masculino. Aquí son cuatro voces y solo una de ellas es femenina. Pues bien, casi todas las preguntas son sobre si reivindico el papel de la mujer en la Historia. El año pasado, que ganaron dos hombres, jamás les preguntaron por sus personajes masculinos, parece como si la normalidad es que ganen hombres y escriban sobre personajes masculinos. Porque yo haya elegido una protagonista femenina no significa que esté reivindicando nada. Hablo de un territorio, de toda una época. Me parece la antinormalidad, cuando escribo soy un cerebro que narra una historia, me da igual ser mujer o que el protagonista sea un hombre, son personas a las que les sucede algo. Dividir el mundo de hombres y mujeres y entrar en este debate me parece muy cansado. Tengo que soportar micromachismos todos los días de mi vida, pero no me apetece hablar de ello a cada instante, al igual que no me apetece en todo momento estar hablando de política o de fútbol, que no son mis temas.

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