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Javier Pérez Campos: "Una de las peores cosas es tener miedo en el hogar"

El periodista ciudadrealeño desgrana en ‘Los intrusos' (editorial Planeta) los secretos que se esconden tras algunos edificios. La pandemia ha llevado a muchas personas a descubrir aspectos misteriosos de sus casas.

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"He conocido a familias tan aterrorizadas que dejaban sus hogares"

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F. Q. Soriano
12/3/2021 - 11:42

Un año conviviendo con una pandemia da para mucho, también para evaluar las secuelas y huellas negativas que esta experiencia dejará en nuestras vidas. Sobre esto último ya se ha escrito mucho, enfocando especialmente a cuestiones como el impacto que tiene en nuestro estado anímico. Sin embargo, Javier Pérez Campos ha ido un paso más allá y ha puesto la lupa en un aspecto del que se habla mucho menos. Ahí surge 'Los intrusos', un libro sobre el que charlamos con él.

 

Este libro surge a través de una serie de avisos de personas que durante el confinamiento empiezan a percibir ciertos fenómenos en sus casas. ¿En qué momento ves que hay una tendencia?
Durante el confinamiento todos nos vimos sobrepasados, tanto por la situación, evidentemente, como porque empezamos a descubrir que nuestro propio hogar no era tal y como creíamos. Venimos aquí a descansar, a comer y a dormir, pero pasamos gran parte del día en el exterior. De este modo empezamos a pasar aquí las 24 horas, las cuatro paredes empezaban a pesar y algunas familias nos comenzaron a manifestar que se sentían especialmente negativas por la situación, imbuidas por pesadillas que pueden tener que ver con la situación. Pero había personas que iban un paso más allá, y nos contaba que sentían que había gente que vivía con ellos, aunque no fueran capaces de verlo.

Todo esto me inspiró para recopilar la gran cantidad de casos que había investigado sobre familias que se habían visto aterrorizadas por fenómenos inexplicables en el interior de sus casas, hasta el punto de que muchas de ellas habían tenido que abandonarlas, incluso algunas se han ido a dormir al coche después de pasar noches en las que sucedían cosas que no podían explicar y por las que se sentían agredidos. Ha habido familias que han abandonado casas heredadas y que, a pesar de no tener muchas capacidades económicas, tenían que hacerlo si querían mantenerse a salvo, sentían que allí había algo que les ponía en peligro.

Voy más allá de los fenómenos, me interesa mucho a nivel familiar o social cómo se viven este tipo de cosas, si todavía sentimos que son temas tabú. En ocasiones se producen discusiones porque el marido no cree lo que está viviendo la mujer, mientras ella está aterrorizada porque ve que cuando se queda sola en casa aumentan el número de fenómenos. Si la rueda avanza, el marido se convierte en testigo y ya los dos son incapaces de negar lo que está sucediendo.

 

¿Hasta qué punto la pandemia nos ha hecho ser más sensibles con lo que sucede a nuestro alrededor?
Creo que hemos empezado a conocer nuestros hogares y eso ha hecho que algunas familias se pregunten quién los habitó antes que ellos, qué sucedió en esos lugares. Hay un caso muy curioso, el de una familia que actualmente regenta el parador de Mérida. Son una gente maravillosa, aparecen en el libro porque estuvimos allí investigando unos meses antes del confinamiento. Nos hemos mantenido después en contacto porque ellos me comentaban que estaban sucediendo cosas dentro del parador, donde los trabajadores y huéspedes ya habían tenido apariciones. Durante este confinamiento, esta familia nos contó una escena propia de ‘El resplandor', sin un Jack Torrance enloquecido, pero con una familia encerrada en un edificio con muchas historias. Me resultaba interesante saber cómo era vivir todo aquello, en el fondo son una familia normal y corriente, muy bien estructurada, que han salvado la situación como han podido, pero tienen unos niños que comenzaron a ver a otros niños a los que saludaban. Es interesante ver que confluyen los testimonios de los trabajadores, los huéspedes y la propia familia que se ha visto allí encerrada durante largos meses.

 

En el libro se pone de manifiesto la importancia de conocer el pasado de nuestras casas. ¿Hasta qué punto crees que eso puede condicionar a las percepciones del inquilino?
Esta es la gran pregunta. El libro muestra que detrás de las construcciones en las que vivimos y las que visitamos, hay una historia, y a veces en el día a día no nos paramos a pensarlo. De eso habla de una manera increíble el escritor británico Alan Moore, autor de obras como ‘From hell' o ‘Watchmen', en lo que denomina como psicogeografía, cómo los entornos y las personas que las habitamos acabamos marcando estos lugares a lo largo de los siglos. Con lo cual, invito al lector a plantearse si de verdad conocer la historia del lugar que habita. A veces, en muchos casos, y esto no es fantasía ni ‘Poltergeist', esto es la pura realidad, familias que vivían aterrorizadas en sus casas, cuando comenzaba a hacer obras, descubrían que había huesos bajo los cimientos, o que se había producido allí un crimen tiempo atrás del que no habían sido informados. En Estados Unidos, las familias que venden las casas están obligadas a revelar si se ha cometido algún crimen allí en los últimos 30 años, es una información que consideran relevante. Me planteo si necesito o me gustaría saberlo y si eso influiría en la compra, porque a nadie nos gustaría vivir en la casa del crimen.

 

¿Cómo se puede llevar una vida relativamente normal en este tipo de casas?
Es complicado. A las familias que lo viven les parece complicado compatibilizarlo. Es importante conocer la psicología familiar y el tipo de presencia que se produzca. Por ejemplo, en el caso del parador de Mérida, ellos estaban acostumbrados a que esto sucediera, no cerraban la puerta a nada y convivían con toda naturalidad con estos fenómenos, lo que ayudaba a no generarles una angustia desmesurada. Sin embargo, hay otros casos en los que las familias lo viven de una manera incómoda, dificulta la convivencia y hace estén más receptivas o pendientes de cualquier cosa y se genera una ola donde la sugestión es difícil de separar del fenómeno. Cuando esto sucede, las familias deben abandonar el lugar por la propia salud mental.

 

¿Por qué crees que sigue siendo un tabú hablar de este tipo de fenómenos?
Creo que somos una sociedad cada vez más materialista, donde no importante lo que somos, sino lo que parecemos. Eso conlleva que hablar de fenómenos extraños, que no se pueden explicar, sean motivo de broma. En realidad no es nuevo, desde hace siglos el misterio se ha convertido en un tema recurrente para la comedia, porque en el fondo el miedo y la comedia están muy cerca: es muy fácil encontrar casos de gente que ante una situación de estrés o de miedo extremo se ría. A nivel psicológico es digno de estudio ver cómo el miedo va evolucionando con el tiempo. Está claro que el misterio es un tema tabú en nuestro país, pero hay sitios donde tener un fantasma en el castillo es un motivo de orgullo, que enseñan con todo el carisma. En España, por fortuna, estamos cada vez más abiertos a estas posibilidades, estamos descubriendo que nuestro patrimonio hay que defenderlo y contarlo, también a través de nuestras leyendas, que es patrimonio oral, inmaterial, y eso hay que preservarlo. Si no damos voz a la gente que nos cuenta la leyenda de un lugar, esa historia puede quedar en el olvido con el paso de las generaciones. No recogerlas, es renegar de nuestra propia historia. Creo que estamos obligados a hacer de cronistas de ese mundo.

Como contabas antes, en tus libros demuestras que no te limitas a trasladar determinadas historias, sino que visitas esos lugares para ser testigo directo. ¿Cuál de todos ellos te ha impresionado más?
Me impresionó mucho dormir en Cerler, en el cuartel militar, donde murieron en los años 90 once soldados durante unas maniobras. En ese refugio de alta montaña, muchos militares han contado que por la noche escuchaban llegar a un batallón como si viniera de maniobras. Lo cierto es que el hecho de dormir en un cuartel militar vacío, además de que ya implica una apertura relevante por parte del Ejército que te permite investigar en sus instalaciones, permitiéndote hablar con los propios militares, me generó mucho impacto. Luego me impresionan mucho los casos que nos muestran nuestras raíces. Hay una historiad de un palacio en Jerez de la Frontera, típico palacio que fue cárcel de la Inquisición, donde han aparecido huesos y han vivido esos fenómenos, allí descubrí una foto de una niña pequeña, que resultó ser la hermana de uno de los dueños antecesores del palacio que había muerto con unos 6 años y había pegado un mechón de pelo. Comencé a investigar sobre ese fenómeno y descubrí un mundo maravilloso que tenía que ver con tejedores de pelo, con joyería capilar, con personas que cortaban un mechón de pelo de un familiar difunto y se lo guardaban en un colgante. Muchas culturas han creído que hacer esto servía para llevar muy cerca a ese familiar. El caso de una familia aterrorizada te puede servir para tirar de un hilo y descubrir una historia fascinante que conecta con nuestras propias raíces y que nuestros miedos son los mimos de siglos atrás.

 

Jerez, Cerler, Mérida...Se va dibujando una especie de mapa a lo largo y ancho del libro, pero me llama la atención que Madrid, con tanta densidad de población y viviendas, apenas tenga espacio.

En Madrid hay mucha historia, pero esos casos los he tratado en otros libros. ‘Los guardianes' puede ser considerada parte de una trilogía junto a ‘Los otros' y ‘Los guardianes'. Está el palacio de Linares, el caso Vallecas, el cementerio de La Almudena, donde hacíamos una ruta antes de la pandemia contando algunas de las historias de la gente que está enterrada, el parque de El Retiro, el fantasma de la Puerta de Alcalá... La ciudad está llena de vida, pero es cierto y curioso que con tanto bullicio y con cambios constantes de gente que viene y va hace que no nos paremos tanto a contemplar estas cosas; en un pueblo todo el mundo sabe qué casa nadie debería habitar, en Madrid, sin embargo, he conocido a familias que estaban viviendo en una casa que es muy famosa en el mundo del misterio y desconocían la historia hasta que llegó un periodista a su casa para investigar sobre ello. Esto podría ser el inicio de cualquier película de terror. Hay que añadir que, además, esa casa luego resulta muy difícil deshacerse de ella porque muchos conocen lo que ha sucedido allí.

 

Desde tu experiencia, para toda esa gente que esté viviendo fenómenos similares en sus casas y no puedan abandonarlas por cuestiones económicas, ¿hay algún tipo de consejo?
Desde fuera es muy fácil dar el consejo. Siempre les digo lo mismo a las familias que visito, que traten de relativizarlo y que se calmen. Los grandes parapsicólogos dicen que hay que mirar para otro lado, que no se debe prestar atención al fenómeno porque sino crece en función de nuestro miedo. Creo que esto es muy difícil de cumplir, cuando algo ocurre en tu propia casa, cómo no vas a estar pendiente. No niego que no existan esos fenómenos, pero también ocurren que muchas cosas tienen que ver con que el testigo está muy sugestionado. Estamos hablando del hogar, un lugar donde uno debería sentirse tranquilo y que se acaba convirtiendo en una especie de trampa. Por fortuna, no he tenido la oportunidad de vivir cosas extrañas en mi casa, pero sí que he vivido en un piso justo al lado de otro okupado y al llegar del trabajo he sentido angustia por ir a dormir a un sitio donde no sabes si vas a estar seguro o qué va a pasar. Día tras día, eso es terrorífico. Esa experiencia me ha ayudado a entender mejor a los testigos. Evidentemente, no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero sí están relacionados en el terror en el hogar. El miedo en el hogar es una de las peores cosas que uno puede tener, sobre todo cuando no hay escapatoria: nos hemos gastado una cantidad importante de dinero, la cosa está muy mal y no nos podemos marchar. He conocido a gente que, con muy pocos recursos, se ha buscado la vida y ha abandonado ese hogar. Esto me demuestra que en el fondo en el testigo no miente, puede estar sugestionado o equivocado, pero el origen le produce un terror que es digno de ser tenido en cuenta y acudir allí para saber qué ocurre.

Animo a la gente a que descubra a los intrusos, que no les tengan miedo y les dejen entrar.

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