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Sés: "Si me siento a ver un telediario, acabo escribiendo tres discos"

La artista gallega actúa en la Sala Galileo para presentar su último álbum, 'Liberar as asterias'.

Archivado en: entrevistas, cultura, música, Sés

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"Yo subo por las escaleras, nunca voy a llegar allá arriba, pero a mí ni Dios me baja, solo me bajo yo"

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Francisco Quirós
05/10/2021 - 19:44

Se define a sí misma como una artista irreverente, pero, más allá de etiquetas, lo que no admite discusión es su música. Alguien le dijo que no se ganaría la vida tocando blues y cantando en gallego, pero después de siete discos, muchos conciertos con el cartel de 'no hay billetes' y una trayectoria que no deja de crecer, parece obvio que ese comentario no estaba, para nada, acertado. Este miércoles 6 de octubre Sés se sube al escenario de la Sala Galileo junto a su banda para presentar su último álbum.

Este miércoles presentas 'Liberar as asterias' en la Sala Galileo. ¿Nervios?
Los nervios de siempre, pero creo que es la cuarta vez que actuamos en la Galileo, es una sala muy acogedora, es casi un diálogo con el público, así que más que nervios hay mucho respeto, que espero que no se pierde nunca.

A pesar de tu corta trayectoria, este es tu séptimo álbum, ¿dónde encuentras tanta inspiración?
Si me siento a ver un telediario, te hago tres discos.

En las letras de este álbum hay un claro mensaje de reivindicación. He leído que el título del disco viene de un verso de Luz Fandiño.
Sí, es un fragmento que dice "quiero sangrar las heridas para liberar mis arterias, no quiero volverme esclava de la ponzoña de la rabia, quiero sentir cómo penetran por los ríos de mis tejidos el aroma vivificante de vuestras primaveras". Es un canto a la limpieza de sangre, pero no en el sentido de deslegitimar el enfado, todo lo contrario, el enfado es pertinente y necesario, pero no hay que instalarse en él, porque en ese caso te domina y desde esa posición no vas a ser una luchadora potente. Hay que liberarse del odio y de la ira que te pueden provocar en cierto momento la injusticia.

¿Qué odio había en tus arterias, a qué se debía?
Había odio hacia la desigualdad, la inmunidad me carcome los huesos, me enfada visceralmente. Creo que estamos en el siglo XXI y ya está bien, da igual el color, si te sientes de una manera o quieres vestir de otra. Creo que mientras seas una buena persona, que ya sabemos que es difícil de delimitar este concepto, pero si se tienen valores como el respeto, cariño, empatía o la solidaridad, todo lo demás es superfluo, adyacente. No tiene sentido que sigamos entrándole al juego al capitalismo y al neoliberalismo de odiarnos entre nosotros o ser el prototipo de oprimido que sueña con ser opresor. Todo esto me cansa, ya hemos tenido una historia de la que podemos aprender, si queremos.

Te defines como una artista irreverente. ¿Se ha acostumbrado ya el público a escuchar música cantada en gallego?
Creo que la cuestión lingüística tiene mucho que ver con la economía. Las lenguas hegemónicas son las que tienen dinero, a la gente no le rechina escuchar música que no entiende la letra si es inglés, pero no escucha música en polaco. No es habitual que las bandas se decidan a cantar por el idioma de su país, y cuando se deciden y lo hacen rematadamente bien, como puede ser el caso de Rammstein, funciona. Cuando le preguntaban a Till Lindemann por qué cantaba en alemán él se ofendía, y es normal. Me dicen que el gallego solo se habla en Galicia, joder, y el alemán solo se habla en Alemania, ve y dile a Merkel que ponga el chino o el español como lenguas oficiales en su país. Con las lenguas pequeñas, todo el mundo sigue con cierto complejo, los pequeños somos la mayoría, pero parece que queremos ser los grandes, los abusadores.

Dedicándote al blues y cantando en gallego, ¿has tenido que oír muchas veces eso de que no puedes vivir de la música?
Las cosas no son lo que tú digas, sino lo que son. No solo me puedo ganar la vida, es que me la estoy ganando. Mi hermana, que tiene 22 años, me pregunta qué debe estudiar y le respondo que lo que le guste. Si algo no te gusta ya es imposible que pongas pasión en ello, y sin pasión no vas a despuntar. Lo que diga el mundo te la tiene que pelar, porque si no fuera así, no existiría el cubismo, la vanguardia... todo lo que fue en un momento rompedor. Al final se trata de lo que decía Shakespeare hace cuatro siglos, "to be or not to be".

En la industria musical actual parece que se pondera mucho el seguimiento en redes sociales de los artistas. Aunque cuentas con un número importante de followers, ¿crees que en tu caso ha funcionado la vieja fórmula del boca a boca?
Sí, totalmente. Las redes sociales y los medios son un ascensor, pero el ascensor no es propiedad tuya, sino de otros señores muy grandes. En el momento en el que quieran cortarte los cables, te caes. Sobre el fenómeno 'OT' con el que mucha gente se indigna, hay que dejar a los chicos que aprovechen esa oportunidad, al final también son víctimas, en el momento en el que las grandes multinacionales les corten los cables, se acaban cayendo, y acaban siendo víctimas del juego. Yo subo por las escaleras, nunca voy a llegar allá arriba, pero a mí ni Dios me baja, solo me bajo yo. Yo me puedo caer o equivocarme, pero no hay nadie que sea dueño de mi capacidad de convocatoria. Esto se llama libertad.

En tus canciones se aprecian sonidos de procedencias diferentes, desde el rock más puramente americano hasta ritmos tradicionales de Latinoamérica. ¿Qué música escuchabas de pequeña y cuál crees que ha marcado más tu camino artístico?
Escuchaba de todo, no tengo prejuicios. De niña mi grupo favorito era Los Tres Sudamericanos, que hacían cumbia, y después escuchaba Mana Mouskouri, Nat King Cole, y a Janis Joplin, porque mi papá se murió cuando era muy niña y para conocerlo escuchaba su música. Mi familia estuvo en Inglaterra en la década de los 60, ya sabes que los gallegos decía Castelao que no protestamos, emigramos. Se fueron allá y heredé un compendio tremendo. Me gusta toda la música peninsular, no solo mi folclore, que por supuesto también, es lo más, sino que voy desde el fandango mallorquín hasta el vira portugués.

¿Cambia mucho para un artista la puesta en escena en un concierto donde el público está sentado y apenas puede interactuar como antes de la pandemia?
Al principio sí, el primero se hizo rarísimo, es como si tienes que hacer el amor con alguien sin tocarle. Después creo que ha sido una forma de aprender a descodificar la sutileza de la expresión, de los ojos, el pequeño movimiento; nos ha hecho más observadoras, si no, estás en el escenario y eso es un funeral. Hay que hacer un ejercicio de imaginación, pero a mí no me cuesta mucho porque he empezado cantando en cervecerías y siempre digo que esto es un gimnasio, el día que no sea capaz de matar tigres, igual ya pienso que no valgo para nada.

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