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Julián Ruiz: "El tocadiscos ha impulsado mi vida"

Más de 800 discos, propiedad del famoso productor musical, conforman la exposición ‘Los vinilos de Plásticos y Decibelios'. La muestra sirve para conocer la evolución de la industria a lo largo del siglo XX.

Archivado en: entrevistas, cultura, música, Julián Ruiz

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"La única forma de atrapar la música es a través de las portadas"

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Francisco Quirós Soriano
16/6/2022 - 16:20

Locutor, ingeniero de sonido y productor. Muchas son las facetas que han ligado a Julián Ruiz con la industria musical española pero, por encima de todo, se le puede considerar un melómano. Esa es la razón que le ha llevado a tener una colección de 623.202 vinilos, un catálogo que bien podría servir como repaso de la historia musical del siglo XX.

Ahora, una parte de todos esos discos, 867 concretamente, forman parte de la exposición ‘Los vinilos de Plásticos y Decibelios. La colección de Julián Ruiz', que se puede visitar en la Sala 1 del Centro Cultural Condeduque hasta el próximo 18 de septiembre.

Si tuviéramos que hacer una tarjeta de presentación de la exposición 'Los vinilos de Plásticos y decibelios', ¿qué pondría?
El público va a quedar asombrado. Esta mañana he ido a la exposición y me he encontrado con la portada de un álbum de Lou Reed que seguro que la gente se va a preguntar de dónde viene. Estoy muy orgulloso. Estaban los mejores fotógrafos, los mejores artistas visuales del siglo XX, eso es indiscutible. He estado desde el año 1961, que me compré mi primer disco, coleccionando vinilos.

Desde aquel año 1961 hasta este 2022 la colección es muy extensa. ¿Cómo ha sido el proceso de selección?

Horrible, lo he pasado fatal. Después de 623.200 discos, elegí 4.000. Cogía la portada de cada disco, lo analizaba y, si me pinchaba un poco en el corazón, lo seleccionaba.

¿Cómo surgió la posibilidad de llevar a cabo esta muestra?
Llevamos tres años de retraso por culpa de la pandemia, esto no ha surgido ahora, tenía la idea en la cabeza, cómo presentarlo y cada detalle. La gente se cree que todo es muy fácil, coger unos discos y ya. No. Todo esto lleva mucho trabajo, de hecho hay secciones, como las caras, las imágenes, mundos ficticios, portadas eróticas, bandas sonoras desde 'Bambi', que me la compró mi padre... Son muchos años hasta llegar a un momento en el que apareció el CD y partió el corazón de los amantes de las portadas de vinilos. El CD no deja de ser un invento japonés que, al no tener espacio físico, lo acaban achicando todo. Además, siempre he pensado que si algo se puede digitalizar, se puede copiar fácil; para copiar un vinilo necesitarías un reproductor para hacer estrías con un diamante puro... Es muy complejo. Ya cuando surgió el casette se dijo que las copias estaban matando la música.

Ahora asistimos a un cierto auge de los vinilos. ¿Será duradero o solo una moda pasajera?

Por fin se han dado cuenta. ¿Para qué quieres un CD? Puedes coger un portal cualquiera de 'streaming' y escuchar esa misma música. En cambio, cuando tienes un vinilo lo puedes poner en casa en un equipo de alta fidelidad, es otra cosa. Recuerdo siempre cuando abría un vinilo, quitaba el plástico y ese olor, el tacto... No se puede describir con palabras, y me sigue pasando. Al principio fui coleccionista, pero luego entré en la radio con 19 años y pasé a ser propulsor de todo lo que salía, si no estaba en España lo compraba fuera, me he gastado verdaderas fortunas en discos, gracias a Dios que con la producción gané bastante dinero.

¿Cuál es el disco que más te ha costado conseguir?

Luché mucho por uno en concreto. En Nueva York, cerca de Washington Square, donde se juega al ajedrez, hay una calle en la que está precisamente el Electric Ladyland Studio que fundó Jimi Hendrix. Justo enfrente hay cuatro o cinco tiendas de discos antiguos de vinilo, no quieren CD. Allí encontré, en el año 1974, el disco de los caníbales de The Beatles. El hombre de la tienda me dijo que no me lo vendía por menos de 10.000 dólares, le dije que era imposible que pagara aquello, pero él me respondió que ese disco iba a valer mucho más, y tenía razón. Mi estrategia regateando siempre es la misma: tenía 1.000 dólares en metálico, los saqué y empezó a pensárselo. Finalmente cogió el dinero y me dio el vinilo. Ahora no se sabe el valor real que tiene porque es una de las 1.000 copias que salieron en aquel momento.

Si hablamos de The Beatles es imposible no hacerlo de The Rolling Stones. ¿La censura fue un impedimento para poder conseguir alguno de sus discos?

Me los compraba en Inglaterra y, cuando era más joven, me los compraba mi padre, que era periodista deportivo. Yo también trabajé como periodista deportivo, fue una ventaja, con 39 años, conocía medio mundo. Y, claro, visitaba muchas tiendas de discos. En Tokio he comprado multitud de discos, ediciones especiales, además; en la vieja Tower Records, de Sunset Boulevard, me he pasado días enteros; en Fnac de París he pasado horas y horas mirando discos. No es un afán de coleccionista, es un impulso vital, el tocadiscos ha impulsado mi vida. Cuando yo tenía 5 años, mi padre se compró un tocadiscos, no me dejaba que lo tocara, pero mi vida empezó a girar sobre él. Ahí empezó todo.

Si te digo 'Let's twist again', ¿qué recuerdo te viene a la mente?
Tenía un vecino que conseguía cosas por la base americana de Torrejón de Ardoz y me tocaba las narices con muchos grupos norteamericanos. El que más me gustaba era Chubby Checker, era un 'standard play', no había singles. Fue el primero que me compré. Luego me trajo mi padre de Inglaterra, en noviembre de 1962, el primer single, 'Love me do', y cambió mi vida. A cuánta gente le ha cambiado la vida The Beatles. Todavía oigo esos temas tan frescos y jóvenes de The Beatles y son mucho más fuertes que toda la parafernalia posterior. Mi disco favorito es 'Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band', qué portada tiene, madre mía, eso lo pones en un CD y se queda en un chiste.

Precisamente sobre las portadas, el modelo actual de la industria no anima a crear joyas como esas.

Ahora las portadas importan tres narices, solo importa TikTok e Instagram. En las portadas actuales se pone una foto cualquiera y adelante. Solo hay que compararlo con las portadas de los discos de Pink Floyd o Led Zeppelin, que son verdaderas obras de arte. También recuerdo mucho 'Abraxas', de Santana, a cuyo dibujante, Mati Klarwein, lo conocí en Ibiza. Y por supuesto tengo las portadas de discos que hizo Andy Warhol, desde Aretha Franklin, Diana Ross, Paul Anka... y, sobre todo, las de The Rolling Stones. Para ellos hizo cuatro, por ejemplo, la de 'Sticky fingers', sobre la que, por cierto, pregunté a Mick Jagger sobre si era él quién se bajaba la cremallera y lo negó. Los Rolling estaban muy picados con The Beatles, tanto que cuando se publicaron en febrero de 1967 'Strawberry fields forever' y 'Penny lane' contraatacaron con 'Ruby tuesday' y 'Let's spend the night together'. De este último, en la portada ponía 'No quiero que me dejes'.

Una pregunta más a nivel personal. ¿Cómo estás viviendo esta muestra, sientes que se está exponiendo una parte casi íntima tuya?
Sí, es como si me quitaran un trozo del alma, pero sería mucho peor si lo vendiera, sería una tragedia para mí. Los coleccionistas son muy posesivos, adquieren obras solo para verlas ellos, especialmente los de cuadros caros. Yo no soy así, me gusta hacer feliz a la gente; las portadas te llevan a la música, y la música te lleva a recuerdos, buenos y malos. Creo que esta exposición llega al corazón. La música es maravillosa, está en el aire y no se puede atrapar, la única forma de hacerlo es a través de las portadas.

 

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