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Federico Trillo: "El poder es siempre una realidad inagotable para escribir una novela"

El exministro de Defensa analiza en ‘El censor de Shakesperare' las claves de la obra del famoso autor, a partir de una época con grandes cambios geopolíticos.

Archivado en: entrevistas, cultura, literatura, Federico Trillo

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"La censura sigue existiendo en lo políticamente correcto"

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Francisco Quirós Soriano
22/7/2022 - 00:17

La vida y obra de William Shakespeare ha dado para mucho. Sin embargo, uno de los aspectos quizás menos conocidos de la trayectoria del dramaturgo inglés es que sus obras también tuvieron que pasar los complejos filtros de la Inquisición en nuestro país. Ese detalle no pasó desapercibido para Federico Trillo-Figueroa en 1999 durante una visita a la biblioteca al Real Colegio de San Albano, situado en Valladolid. Ese fue el germen de su nueva novela, 'El censor de Shakespeare' (editorial Espasa).

Hace unos años publicaba una tesis, que fue muy premiada, en relación a Shakespeare. ¿Qué le ha llevado a volver a recurrir a este autor para escribir esta novela?
Entonces quedó algo pendiente, una historia que contar, la de las obras completas censuradas por la Inquisición. Tiene esa parte única, en un seminario en Valladolid, fundado por Felipe II para ingleses, que aún sigue funcionando y donde está ese ejemplar. Había leído que existía ese ejemplar y cuando fui allí me di cuenta que merecía otro libro. Debía abordarlo desde la ficción porque, aunque digo en el prólogo que había otros papeles, no era difícil imaginar la personalidad de Shakespeare a través de sus obras y la del inquisidor a través de su censura. Así crecieron los dos personajes. Como Shakespeare tuvo en su pueblo natal a un compañero de estudios que se hizo jesuita, decidí que ese hombre del que nunca más se supo fuera el inquisidor que hace esa censura en Valladolid. Así surgió. Las dos criaturas nacieron hace muchos años, pero han tardado mucho en salir a la luz porque he estado muy atareado con la política; en cuanto la dejé, pensé que tenía que ponerme con ello, dejarlo escrito para mis amigos, mi familia y toda la gente que tenga la generosidad de leerlo.

En una de las primeras páginas escribe un agradecimiento a sus padres. ¿Esta pasión por Shakespeare le viene de su madre?
Exactamente. Normalmente los periodistas me suelen preguntar qué hay de mí en el personaje del libro, cuando no tiene nada de mí. El que sí estudió en los jesuitas fue mi padre, yo no, yo fui a un instituto público y además estoy muy orgulloso de eso. Hay mucho en la novela de lo que me contó mi padre durante su etapa estudiando en los jesuitas, los ejercicios que les daban, la mentalidad, el recurso a los salmos, su organización... Todo eso se lo debo a que me lo transmitió mi padre y sus amigos de la Compañía de Jesús. Mi familia venimos de provincias, como casi todos en Madrid, y me trajeron al Teatro Español cuando tenía 15 años a ver una obra que es la clave de este libro, 'Medida por medida'. Es la única obra que está arrancada, no ya censurada, del ejemplar de Valladolid. Qué curioso.

El prólogo está ambientado en 1999, en aquella labor de documentación para la tesis. ¿Le ha llevado mucho trabajo posterior para esta novela o con aquel poso ha podido elaborarla?
Para la ambientación me ha ayudado la estancia en Inglaterra, porque allí los libros de viejo siguen funcionando, tienen un mercado muy divertido, he pasado muchos años comprando en Charing Cross o en un 'cottage' o en una feria buscando cosas antiguas sobre la personalidad sobre William Shakespeare. Se ha escrito una barbaridad sobre él, si existió o no, si fue el verdadero autor de sus obras, si era homosexual, si era muy querido... Todo eso hay que tratarlo sin que sea una monografía, sino de una forma agradable, novelada, y que respete todas las sensibilidades, y creo que lo he logrado.

La novela se ambienta en 1624. Prácticamente 400 años después, ¿se parece en algo la España actual a la que refleja en la novela?
En 1624 empezaba nuestra decadencia, el final de una etapa inmejorable en la historia de España. Probablemente nunca hemos tenido una etapa tan buena hasta el periodo de 1978-2020, la etapa de la democracia ejemplar, la que envidiaba el mundo, la Transición modélica. Quizás 1624 y 2022 se parecen en que en ambos parece estar iniciándose la decadencia por la depravación, la manipulación de las instituciones, el desgaste del sistema... Me da mucho pena.

El protagonista de esta novela, Monseñor Sankey, tiene un dilema moral y ético muy evidente. ¿Usted se ha visto en esa tesitura de confrontar la amistad con el deber?
Probablemente. Cuando se tienen cargos de responsabilidad la amistad no puede ser el sentimiento prevalente, sino la lealtad a los principios. Cuando se está en un Gobierno hay que ser leal al programa de ese Gobierno y a su eficacia. En efecto, ahí se plantean conflictos.

Presentó la novela en el Congreso de los Diputados, un lugar muy especial para usted. ¿Qué recuerdos le vienen a la mente?
Casi puedo decir que los mejores de mi vida. Siempre he sido un enamorado del Congreso como el templo de la palabra, de la razón dialogante, así lo dije cuando tuve el honor de presidirlo. Es verdad que me conmueve haber pasado 22 años de mi vida ahí, ejercitando esa palabra, algunas veces desde la oposición con dureza y otras desde el Gobierno.

El título de esta novela habla de la censura. ¿Sigue estando presente en nuestra sociedad, aunque sea de una forma un poco más velada?
Sí, en la forma que decía antes, en la forma de lo políticamente correcto, sobre todo a través de ver al adversario político como enemigo. Los americanos inventaron para eso un nombre, 'shit-storm', tormenta de porquería. A cualquiera le echan una tormenta de mierda encima y nadie lo salva. Estas cosas son las que creo que hay salvar de las importantes aportaciones de las redes sociales, se debe ejercer una responsabilidad, de tal modo que no puedan elevarse de ese modo. Es una censura brutal, hay cosas que me dejan estupefacto.

El siglo XVI-XVII fue muy prolífico para intrigas palaciegas, esa polarización religiosa que se ve en la novela. ¿Da esto más material para una novela o las intrigas que hay dentro de la politica?
Creo que el poder es siempre una realidad inagotable para una novela, siempre. En este caso, y lo digo en el libro, lo religioso se usa como un instrumento de poder y lo cultural también, la censura que se hace sobre Shakespeare es un instrumento del poder, la España hegemónica y recalcitrante contra lo que ellos consideran lo más tolerante. Ahora se da en el poder en estado puro y la confrontación, es espantoso. Lo que echo de menos de la etapa mía es la capacidad de entendimiento; ahora me asombra la capacidad decidida de ruptura. Si quitamos excepciones, todos quieren romper lo que une. Es muy serio.

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