miércoles, 1 de febrero de 2023 00:40 www.gentedigital.es facebook twitter

Gente digital

Logotipo diario gente
Kiosko. Portadas de periódicos
entrevista

Luz Gabás: "Si 'Palmeras en la nieve' fue difícil, 'Lejos de Luisiana' me ha puesto a prueba"

La escritora oscense recibió este galardón gracias a su quinta novela, ‘Lejos de Luisiana'. Asegura que cuando acabó de escribirla sintió que "era algo especial". Para crearla se apoyó en una gran labor de documentación.

Archivado en: entrevistas, cultura, literatura, Premio Planeta, Luz Gabás

aumentar texto reducir texto imprimir enviar noticia comentar

"He visualizado todas mis novelas como películas, mi forma de escribir es así"

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear 

Francisco Quirós Soriano
11/11/2022 - 00:33

No hay quinto malo. Luz Gabás grabó su nombre con letras de oro en el palmarés del prestigioso Premio Planeta gracias a su quinto libro, ‘Lejos de Luisiana', un fresco histórico de finales del siglo XVIII en el que no falta el amor. Una vez asimilado este éxito, la escritora oscense cuenta a GENTE cómo vivió ese gran momento y los detalles de esta novela.

Sábado, 15 de octubre de 2022. Supongo que esa fecha ya no se le olvidará jamás.
Sí, para siempre, esto no se olvida. Ha sido muy fuerte. Es una satisfacción inmensa a nivel personal y colectiva, para mi entorno familiar, amigos, vecinos, lectores... también ha sido una locura. Sinceramente, no me lo hubiese podido imaginar.

¿Cómo vivió esa gala?
Con muchos nervios. Habían publicado los finalistas y me veía río arriba. Desde fuera no se ve, pero a lo largo de la gala se van descolgando novelas, así que vas viendo que apareces en un grupo más reducido. Cuando se conocen a los dos finalistas, ya sabes que uno de los dos reconocimientos es para ti. Fue un reto templar esos nervios para mostrarme con normalidad.

¿Tenía el discurso preparado?
Tenía pensado por si se daban las circunstancias. Esa semana ya sabía que estaba dentro de las nueve finalistas. Como en los Oscar o en los Goya, tienes algo preparado por si acaso. Recuerdo que cuando subí al escenario me preocupaba quedarme en blanco, aunque me dijeron que no lo aparentaba, estaba muy nerviosa. He podido ver después el discurso y me veo gestos propios de los nervios, la voz me temblaba. Soy muy trabajadora y suelo ir sobradamente preparada.

Con su primera novela, 'Palmeras en la nieve', ya saboreó las mieles del éxito. ¿Qué reconforta más, el triunfo en el debut o alcanzar un reconocimiento del calibre del Premio Planeta?
De la primera novela recuerdo la ilusión, fue brutal. Ver escrito el proyecto que yo quería hacer y que se publicara, eso no lo olvidaré jamás. Gracias a 'Palmeras en la nieve' pude acabar logrando el Planeta, si no hubiese publicado esa novela no habría publicado las siguientes, no habría cogido una técnica, no sería una escritora capaz de enfrentarme a un proyecto como el de 'Lejos de Luisiana'. Si 'Palmeras en la nieve' fue difícil, esta novela me ha puesto a prueba. El Premio Planeta es, para mí, una satisfacción interior. Soy consciente de que mucha gente trabaja y no recibe premios, pero ya que existe y está montado así, el hecho de que se haya valorado 'Lejos de Luisiana', que cuando la terminé en primavera sentí que era algo especial, es un broche de oro, encima se cumplen diez años de 'Palmeras en la nieve'; es como si aquella decisión de dejarlo todo para escribir tuviera sentido. Es una razón para estar muy agradecida a la vida con todas sus alternancias de emociones y disgustos.

Más allá de esas satisfacciones, ¿ve algún paralelismo entre las tramas de 'Palmeras en la nieve' y 'Lejos de Luisiana'?
Sí que lo hay. Al fin y al cabo es un momento del pasado de España desconocido, algo que me produce asombro. Sobre Guinea la gente recordaba muy poco, salvo en los casos de gente que tuvo familiares allí, y con Luisiana pasa un poco lo mismo, solo se acuerdan de ello personas mayores y vagamente. De la figura de Bernardo de Gálvez se ha estudiado y ahora han sido libros, parece que ha habido algo más de interés, pero hasta ahí. Todo este entramado de relaciones sociales de los nativos de allí con los de fuera me parece muy similar al de 'Palmeras en la nieve', con el añadido del mundo de las tribus americanas, que en nuestra mente ha quedado muy ligada a las películas del Oeste. Los españoles que estuvieron allí se relacionaron con las tribus y con la esclavitud. Esa mezcla de culturas e idiomas me pareció fascinante, en un momento de apenas 40 años y en un entorno tan mítico como el río Misisipi. Encima me topé con la leyenda de un indio kaskaskia que se había enamorado de la hija de un comerciante francés, una historia absolutamente trágica, con maldición incluida.

¿Fue ese el hilo que le llevó a tejer esta historia?
Totalmente. Cuando leía buscaba el hilo adecuado. Sí que es cierto que los franceses se casaban con las indias, pero darle la vuelta y que fuera una mujer francesa la que se enamorara de un nativo me generaba interrogantes sobre cómo abordarlo. Cuando di con la leyenda vi que no iba tan desencaminada, que eso también sucedía, es inevitable, eran comunidades muy pequeñas en las que la gente se acaba conociendo. Ahí surgió todo junto a un artículo que me encargó la revista Zenda en relación el papel de España en la independencia de Estados Unidos. Con todos esos hilos, tocaba poner orden y acotar porque me hubiese gustado abordar toda la parte de los colonos malagueños y de Gran Canaria que fueron allí, pero la novela se alargaba demasiado.

Estuvo tres años documentándose para esta novela. ¿Ha habido algún aspecto que le llamara poderosamente la atención?
Me llamó la atención la parte de los colonos malagueños y canarios. Era de película, gente que marchaba tres meses en barco, sin tener nada, llegaban allí y les daban un buey, una carreta, utillaje y simiente para ir río arriba a un sitio inhóspito, con el miedo de que te puedan atacar los nativos en cualquier momento... Lo desconocía totalmente. Los que fueron a Guinea lo hacían con un contrato de trabajo, pero estos iban a la aventura: creaban un asentamiento, se morían como moscas y, de repente, venía una inundación que les obligaba a empezar de cero. Esos primeros colonos tuvieron una vida muy difícil.

Hay una historia de amor con mucho peso dentro de la trama, pero el amor también aparece en la novela representando en el sentimiento de pertenencia a una tierra y el deseo de libertad. ¿Cuál de todos esos sentimientos considera que tiene más fuerza?
El andamiaje de la novela, que es la relación entre Suzette e Ishcate, pero el amor inquebrantable del que hablo es muy amplio, no es solo el amor romántico. Por ejemplo, en la historia de las hermanas, Margaux representa la Ilustración y Suzette representa el Romanticismo, quería que hubiera ese choque entre lo que estaba cambiando entonces en el mundo. También está el deseo de no perder la libertad, encarnado en Ishcate, una persona que siente un amor por su tierra y que representa que ve cómo sus tradiciones se van perdiendo de manera irrecuperable por la llegada de otros que tienen más fuerza y habilidad. Hay cuatro dramas dentro de la novela, todos ellos son una forma de amor, pero con diferentes vicisitudes: no es el mismo sufrimiento el de Bamboula, que ha sido esclavo toda su vida, que el de Suzette, a quien no le falta de nada en la vida.

Más allá de ser un elemento geográfico para ambientar la novela, ¿quería que el río Misisipi tuviera un carácter simbólico?
Sí, lo es, primero por lo que representa, atraviesa el corazón de Estados Unidos, y después porque cuando lo decimos te imaginas algo grande, épico. La sensación que he tenido escribiendo la novela es que en aquella época todo costaba muchísimo esfuerzo. El Misisipi es simbólico porque representa la vida de las protagonistas, de hecho la novela está dividida en curso alto, curso medio, curso bajo y mar, con el simbolismo que tiene cada etapa de infancia, adolescencia, vida madura y el final de la misma. Además, visualizaba la vida de todos los personajes, también la nuestra, alimentada por los afluentes de toda la gente que nos rodea, somos quienes somos por lo que aprendemos y por quiénes nos acompañan. El río es eterno, nunca acaba, y la novela viene a decir que, a pesar de todo, siempre continúa, a veces manso y en otras ocasiones se desborda. El Misisipi es la vida en esta novela.

En el discurso que dio tras ganar el premio dijo que "la sociedad es como un fresno, capaz de crecer en el cemento". No es mal mensaje para tiempos de incertidumbre como los actuales.
Esa misma semana, yo estaba en mi pueblo y saqué una foto de un pequeño fresno de 10 centímetros que había crecido en medio de una plaza de cemento. Simbólicamente tiene una carga brutal. No en vano, el fresno, que en inglés es ashtree, el árbol de la ceniza, es el símbolo del renacimiento. Esta imagen está muy presente en la novela. Como mensaje para la sociedad en la que vivimos, en la que ya no hay discursos sólidos, una sociedad líquida como dijo Bauman, cuando te fijas en la naturaleza, en un entorno como en el que yo vivo, y ves estas certezas te surge una ironía que es muy romántica: si el fresno es capaz de salir en el cemento, hay que seguir adelante.

Igual que 'Palmeras en la nieve' tuvo una adaptación cinematográfica, ¿ve a 'Lejos de Luisiana' dando el salto a la gran pantalla?

Puede hacerlo, pero como todas. He leído la novela finalista, de Cristina Campos, y tengo la misma sensación. Ahora hay una relación muy buena entre la literatura y el cine, que me parece fantástico, se retroalimentan: si alguien ve una película, acaba leyendo el libro y viceversa. Me parece muy bonito este diálogo permanente entre los diferentes lenguajes. A esta novela la imagino en el cine, pero no sé si la harán, dependerá de un productor y un director. Mi forma de escribir es así, las cinco novelas las he visualizado como películas, pero llevarla a la gran pantalla ya no depende de mí.

Gente Digital en Facebook

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD
Desarrollado por Tres Tristes Tigres