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Antonio Molero: "Un gran problema actual es la falta de paciencia"

El actor toledano vuelve a mostrar su talento sobre las tablas del Teatro Fígaro gracias a la obra ‘Una terapia integral'. El texto aporta mucho humor y crítica, sustentado con una ambientación de lo más peculiar.

Archivado en: entrevistas, cultura, teatro, Antonio Molero

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"Disfruto sobre los escenarios porque puedo ver la reacción del público"

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Francisco Quirós Soriano
09/12/2022 - 00:37

Televisión, cine y, sobre todo, teatro. La carrera de Antonio Molero está llena de numerosos trabajos en diferentes ámbitos, aunque han sido algunos títulos de la pequeña pantalla, como ‘Los Serrano' o ‘Médico de familia' los que han hecho que su cara sea aún más reconocible para el gran público. Ajeno a esa fama, el actor toledano continúa demostrando su talento en el espacio que más le gusta, las tablas del teatro. Esta vez llega al Fígaro con ‘Una terapia integral', una obra con mucha miga escrita y dirigida por Cristina Clemente y Marc Angelet.

Prácticamente un año después de la buena acogida de 'Escape room', regresa al Teatro Fígaro. ¿Cuál es la receta de 'Una terapia integral'?
Es una obra muy original, escrita con muchísimo sentido del humor. Ahora que está tan de moda el tema de los cocineros, la repostería y la gastronomía en general, se ha querido mezclar ese mundillo de los grandes chefs con el de la terapia y los 'coach', de tal manera que lo que en un principio parece un curso para simplemente hacer pan se acaba convirtiendo algo mucho más profundo. Tiene un punto de vista muy cañero por parte de las personas que han escrito la obra, que son los mismos que la han dirigido. Simplemente entrar en el teatro y ver un obrador de pan ya te pone en situación, no es la típica comedia de sofá que estamos acostumbrados a ver.

¿Tiene también un punto de sátira?

Sí. Le da un poco de caña a todo, tanto al mundo de los grandes gurús de la cocina como a los del mundo del 'coaching'. Yo hago un personaje muy curioso, crea muchísima expectación porque aparezco en escena como veinte minutos después de que haya comenzado la función, ellos son tres alumnos a los que he dejado una nota para que comiencen a trabajar, a hacer pan, así que se dedican a especular sobre cómo será el profesor. Ahí entró yo y empiezo a desmontarles su vida. Es una comedia muy bien armada.

Durante el confinamiento, una de las actividades recurrentes fue precisamente hacer pan en casa. No sé si fue su caso.
No. No hice pan ni repostería, no soy muy de dulce, pero sí que es cierto que cociné mucho, más que nunca antes en mi vida.

Con nuestra vorágine diaria, el pan se nos suele quedar muy tostado o muy poco hecho...

Casi siempre poco hecho. El problema que tenemos ahora es la falta de paciencia, los procesos lentos ya casi no se utilizan, no se llevan. Habría que recuperarlos.

¿Desde cuándo se comenzó a trabajar en esta obra?
Han pasado como cinco o seis semanas desde que comenzamos a leer el texto. Más o menos el tiempo habitual que se tarda en poner en pie un proyecto de este tipo.

¿Cómo de difícil es atraer al público al teatro en un mes como diciembre, donde hay tanta oferta de ocio en Madrid?

Bueno, lo difícil es traerlos en abril, que aunque no lo parezca es más complicado. Ahora, en diciembre, no sé si el público sale de debajo de las piedras, es una maravilla y una alegría. Se suele pensar que la gente de fuera y la propia de aquí, de Madrid, viene solo a la ciudad a hacer compras, pero qué va, también consumen cultura, es un hervidero de público que ya quisiéramos en otras épocas del año, por ejemplo, cuando empiezan a abrir las terrazas y llega el buen tiempo, ahí sí que se nota.

Sobre su trayectoria, ¿cuál es el pan más redondo que ha hecho?
La verdad es que me han salido muchos panes redondos, no en cuanto a mi capacidad de hacer pan sino a la repercusión y a la aceptación que ha tenido entre el público. Los más conocidos han sido en televisión, pero siempre digo que la tele ha sido un poco accidental, cuando surge esa posibilidad estoy encantado de hacerlo, pero aquí, en los escenarios, es donde más he disfrutado, sin duda. Tengo a la gente ahí, al lado, y me gusta ver cómo reacciona el público a mi trabajo; en la televisión o en el cine eso no ocurre en el momento, hay que esperar meses, incluso un año como en el caso de las películas. Por eso me gusta el contacto directo, el cara a cara.

¿En qué obrador le gustaría entrar, desde el punto de vista interpretativo?
No tengo ninguno en concreto. Tengo 54 años y disfruto mucho de lo que me va viniendo. Cada vez que me dan trabajo estoy agradecido, afortunadamente en teatro nunca me ha faltado. Virgencita, que me quede como estoy.

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