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CRÓNICA: CONCIERTO EN PENÉLOPE (MADRID)

Train, sensibilidad y diversión para una reducida parroquia

La banda estadounidense encabezada por Pat Monahan ofreció un concierto emocionalmente intenso y con muchos instantes divertidos en la sala Penélope (Madrid) ante una parroquia poco numerosa. Hicieron un repaso a sus cinco discos con 14 temas y añadieron una espléndida versión de Aerosmith. Además, solicitaron peticiones al público para realizar cortas interpretaciones. Pese a este tramo final tan extraño, dejaron un gran sabor de boca entre los asistentes. Este martes 12 actúan en Barcelona.

Archivado en: música, crónica, concierto, Train, sala Penélope, Madrid, Pat Monahan

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Pat Monahan, durante un concierto reciente de Train.

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gentedigital.es/Marcos Blanco
12/10/2010 - 13:59

A gran parte de los ciudadanos españoles, un grupo de música llamado Train no les sonará mucho. Probablemente nada. Quizá recuerden 'Drops of Jupiter' si les cantas la letra y casi con total seguridad habrán escuchado las onomatopeyas de 'Hey, Soul Sister' si ejercitas sus memorias, pero poco más. La verdad es que la banda norteamericana, que lleva más de una década en el celuloide, posee un notable reconocimiento en Estados Unidos. Sin embargo, fuera de esas fronteras, tomando como ejemplo España, la notoriedad del proyecto nacido en San Francisco se transforma casi en una cuestión renacentista, un volver a empezar. Cosas del mercado.

De este modo, el aspecto de la madrileña sala Penélope minutos antes de que comenzase el concierto de Train no auguraba la presencia de un grupo sólido, con cinco discos de estudio en el bolsillo y curtidos en esas maravillosas batallas que se hacen llamar conciertos. El local no estaba lleno. Ni siquiera se acercaba un poco a la soñada situación. Si hubiese divisiones en cuanto a aforo dentro de la escena musical madrileña, el escenario previsto para el concierto se situaría entre la tercera y la cuarta categoría. Asimismo, la conocida discoteca no reúne las condiciones más idóneas para la música en vivo. Para salvar los tímpanos, había que colocarse cerca de la mesa de sonido, donde se dejaba ver en una hoja el repertorio previsto para la velada.

Con diez minutos de retraso sobre el horario previsto apareció el tren procedente de San Francisco con la inconfundible sonrisa de Pat Monahan como carta de presentación, que calentaba sus extraordinarias cuerdas vocales al ritmo de 'Parachute', el primer tema y uno de los incluidos en 'Save me, San Francisco' (2009), el último trabajo discográfico de la banda. Frente a ellos, poco público, pero deseoso de pasárselo bien y agitado por el magnetismo artístico de un divertido vocalista. 'Get to me', 'Meet Virginia' y 'She´s on fire' fueron las siguientes piezas en acción con gran acierto. Sobre todo, cuando Monahan hizo subir a un grupo de chicas, que se pusieron la camiseta de las 'Trainettes', para que bailasen y gritasen el estribillo del cuarto tema de la noche. Además, se sacaron una foto para publicarla en el Facebook del grupo. Una sorpresa en clave de country, el megáfono que sirvió como introducción a 'I got you' o la apoteosis sentimental de 'If it´s love' formaron parte de un concierto muy atractivo en su primera parte.

MONAHAN, UN TESORO VOCAL

La banda manifestaba una notable cohesión sonora allí arriba, aunque se echaban en falta algunos 'solos' o píldoras de virtuosismo instrumental que vistiesen a las canciones de otro modo, más allá de las habilidades vocales ratificadas una y otra vez por Monahan. Éste se atrevió a cantar a capella, lejos del micro, el comienzo de 'When I look to the sky' y los espectadores lo agradecieron porque, al fin y al cabo, uno va a los conciertos para escuchar con los ojos esos temas de los discos, pero quiere algo más, ¿no? La cita tuvo una continuación celestial con 'Calling all Angels' y el personal se sabía las primeras letras de 'Save me, San Francisco', circunstancia que sorprendió gratamente a los chicos, un tanto estupefactos. 'Words' y 'Marry me', instante en el que Pat bajó al foso para casarse virtualmente con unas cuántas chicas, fueron el preludio del esperado 'Hey, Soul Sister'. Aquello parecía un karaoke. Y los Train saboreaban el momento.

El grupo se marchó con una de esas despedidas que no cuelan, como si tuviesen prisa por ir al banco. Enseguida regresaron y tocaron 'Drops of Jupiter', una de las piezas musicales más bellas del siglo XXI en boca de este excepcional cantante. ¿Dónde estaba la 'Umbrella' que aparecía en la hoja del repertorio? Se la saltaron. Entonces, interrogaron al público para saber cuáles eran los temas que faltaban por sonar en una extraña iniciativa. Cortos fragmentos de 'Cab', 'Mississippi', 'Brick by Brick', 'All American Girl' y 'Free' fueron sucediéndose para deleite de los verdaderos seguidores, en su mayoría jóvenes norteamericanas situadas entre las primeras filas.

¿Y ahora? Claro que conocemos por estos lares a Aerosmith, querido Monahan. Se marcaron un ‘Dream on' de escándalo y todavía les faltaban algunos minutos. Algo así entendí. Había que despedirse en clave metafórica y optaron por 'This Ain´t Goodbye' , cargándose un final redondo. Además, faltó 'Let it roll'. El concierto no alcanzó la hora y media, un registro exiguo para compensar la inversión en la entrada, y el 'bis' merecía un poco más de coherencia. Pese a todo, dejaron un gran sabor de boca. Y su firma en muchas entradas.

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