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CINE: CRÍTICA

'Cars 2', más acción que sustancia emocional

La secuela del universo animado sobre cuatro ruedas creado por Pixar en 2006 llegó a los cines españoles el pasado 6 de julio. Envuelta en el formato 3D, permite pasar un buen rato, aunque no llega al nivel de la anterior ni de otros productos que tienen el sello de la factoría americana.

Archivado en: cine, estreno, crítica, Cars 2, Pixar, John Lasseter, Marcos Blanco

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gentedigital.es/Marcos Blanco Hermida
15/7/2011 - 10:59

El cine sobrevive gracias a productos como las creaciones de Pixar, reyes de la animación con una dilatada trayectoria que incluye multitud de títulos. Entre ellos, 'Wall-E', o 'Ratatouille''. Han transgredido la esclavizada relación entre el género y la infancia para incluir a los adultos dentro de su público objetivo, mediante historias originales en el plano creativo, técnicamente golosas, entretenidas a lo largo del metraje y, sobre todo, dotadas de una constante inteligencia emocional. La aparición de 'Cars' ratificó todos estos principios, pero a la secuela le falta el último aspecto, aunque subraye la importancia de la amistad sobre la fama o lance un perspicaz guiño al medio ambiente.

La continuación del filme inicial, dotado de una visión en 3D que tampoco supone un gran valor añadido, permite contemplar a Rayo McQueen por todo el mundo en un campeonato que decide cuál es el coche más rápido, tras la simpática incitación de su querido amigo, la grúa Mate.

Tokio supondrá la primera carrera para este entrañable vehículo, que vuelve a retomar su vertiente más chulesca, y allí comenzará una trama de espionaje relacionada con el combustible, repleta de malentendidos y en la que Mate tendrá un papel principal, mucho mayor que en la primera película de 'Cars'.

Ambientada en unos decorados animados espectaculares y con mayor presencia temporal de la acción, tanto sesuda como física durante las competiciones automovilísticas, que en 'Cars', la trama deportiva transcurre paralela a la intriga empresarial para desembocar en un final obligado, probablemente previsible.

Los corazones sensibles y cinéfilos que se emocionan con una mosca vibrarán en bastantes fases del filme, pero quienes precisan un poco más de filosofía existencial, de miga humana o una exigente coherencia artística, saldrán de la sala menos impactados que cuando Rayo McQueen entró en sus vidas. Nadie puede quitarle mérito a la construcción de este maravilloso mundo motorizado, pero da la impresión de que la sustancia interna es muy mejorable.

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