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sociedad y deporte

"El fútbol es un espectáculo en el que se ha normalizado la violencia verbal"

La pelea entre los padres de unos jugadores de categorías inferiores abre el debate sobre la difusión de valores en el deporte. Los expertos apuestan por trabajar con progenitores, niños y entrenadores.

Archivado en: violencia fútbol, educación

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Francisco Quirós Soriano
24/3/2017 - 09:13

En tiempos de redes sociales y vídeos virales, pocos son los ciudadanos que aún no han visto las imágenes de la pelea entre los padres de algunos jugadores infantiles del Alaró y el Collerense, dos equipos de Mallorca. Estas agresiones originaron en primer lugar una condena generalizada, aunque, con el paso de los días han dejado un poso en forma de debate: ¿qué valores se transmiten en el fútbol de base?

Para José Antonio Luengo, psicólogo del Getafe CF, esta pregunta no es novedosa. "Los hechos que hemos visto en televisión, con esa violencia tan desproporcionada, no se dan todos los días. Sin embargo, otros actos como insultos, vejaciones, el enfrentamiento verbal entre aficiones, o despreciar de manera permanente a los jugadores del equipo contrario y al árbitro, es decir, todo lo que representa a la violencia verbal, sí que es habitual. El gran problema es que ha llegado a normalizarse este comportamiento", expone a GENTE.

Para Luengo "el ambiente de los partidos puede ser intenso y vivo, cargado de cánticos y gritos de ánimo hacia nuestro equipo. Esto forma parte del espectáculo del fútbol y también del deporte. Otra cosa, evidentemente, son los gritos de menosprecio hacia el rival, los jugadores o la afición rival o, por supuesto, hacia el árbitro. Y hay ocasiones en que detectamos a personajes más o menos aislados, pero airados y descompuestos, que no paran de provocar. Ahí puede empezar todo". "El problema es que cuando dos personas llegan a las manos es muy difícil frenarlo, que es lo que dio pie a la explosión de hechos violentos del pasado fin de semana en Baleares", argumenta.

MENSAJES OPUESTOS
A partir de su dilatada experiencia, Luengo destaca que este tipo de conductas paternales despiertan en los niños "un sentimiento de vergüenza sin posibilidad de respuesta porque el niño sigue jugando, seguramente abochornado, incapaz de salir de esa situación. El sentimiento de vergüenza ajena, de querer desaparecer de ahí es un hecho palpable".

Por eso, este psicólogo aboga por un trabajo en tres líneas complementarias, no excluyentes. "La difusión de valores no sería adecuada si sólo trabajamos con los padres, necesitamos hacerlo de forma paralela con los niños y los entrenadores. En muchas ocasiones los comportamientos de los jugadores tienen más que ver con el del técnico que con el del padre", expone al tiempo que apela a la parte formativa del deporte: "El fútbol es un espectáculo hermoso, pero que, desgraciadamente, está rodeado de algunas miserias y, sobre todo, de violencia verbal como elemento muy habitual en el día a día, tanto en la grada como en el campo".

Además de este trabajo en tres ámbitos, este psicólogo también apunta a forjar una idea del modelo de jugador que se quiere formar en las escuelas, teniendo en cuenta que "se puede competir bien siendo una persona educada, exquisita, que sepa tratar bien al contrario, dar la mano al acabar el partido y, sobre todo, la humildad".

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DESDE EL PERFIL 'HOOLIGAN' HASTA EL OBSESIVO:

Preguntado por los comportamientos más habituales de los padres en las gradas, José Antonio Luengo establece la siguiente clasificación: "En primer lugar estaría el padre o madre modelo, que anima durante el partido y después sólo le pregunta si se ha divertido. En un segundo escalón está aquel que es razonable, que anima, pero que en determinadas situaciones pierde los nervios. Luego estaría el padre obsesivo, entrenador, que cree que tiene en su hijo un diamante en bruto al que pulir él y sólo él, creándole una presión difícil de asumir."

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