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REPORTAJE

La casa Oniger y su fascinación por el ‘tic-tac’

La saga familiar se remonta a la época del bisabuelo y que ha conseguido perdurar 132 años,
a pesar de la guerra y las crisis

Archivado en: REPORTAJE, TEJIDO LOCAL, GETAFE

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La modernidad trivializó la importancia del reloj como pieza central

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07/7/2017 - 08:36

Dueño de las horas, protagonista de famosas canciones, jefe absoluto de los eventos sociales, de los toques de queda, del principio y del final del día; el tiempo es quien dicta la vida y el reloj quien la marca, convirtiendo a este último en un objeto especial. Aunque los modelos y los formatos hayan cambiado, todo sigue rigiéndose por los mismos parámetros, según cuenta a GENTE el relojero José Ignacio García-Ochoa y García, propietario de la joyería relojería Oniger de Getafe (calle Polvoranca,3) para quien el ‘tic- tac' es música para los oídos. Proveniente de una larga saga, acaba de ser reconocido por su aportación a la economía y a la sociedad getafense.
El principio de su estela se remonta a 1885, cuando su bisabuelo empezó con el negocio en Sonseca, Toledo. Tras él seguirían sus pasos sus dos hijos. "Concluida la Guerra Civil, mi padre Cayetano se estableció en Getafe, por ser un pueblo con visos de prosperar, de ser pujante económicamente", explica. "He visto evolucionar el sector, y a la ciudad pasar de las calles embarradas a las empedradas. Antes, el comercio se establecía en poco más de tres vías, Madrid, Toledo y General Palacios. En los años 60 la localidad comenzó a desarrollarse, llegaba gente de otras ciudades para surtir de mano de obra las factorías y nacieron las grandes superficies, y se multiplicaron las sedes de las pequeñas", detalla. Para García-Ochoa, el que Getafe comenzase a entrar en la espiral de la modernización suponía "perder un poco de cercanía con el cliente, aunque a la vez se ganase en número de ventas". La evolución también trajo consigo el convertir al reloj en un elemento más trivial, al sustituirlo por aparatos como el móvil o la radio, lo que hace que se opte menos por la reparación. "Antes no existía todo eso, por lo que mi padre hacía largas jornadas para poder arreglar los relojes. En los casos mas urgentes se prestaba uno de sustitución mientras duraba la reparación. Era algo muy importante", según dice.

MONUMENTAL
Su familia además estaba especializada en relojería de monumentos. "En Getafe, hasta el tiempo del alcalde Pedro Zarzo, llevábamos la conservación del que había en el Ayuntamiento, que era mecánico y con pesas. También nos encargamos del de los padres Escolapios o el del Ayuntamiento de Parla, entre otros", subraya. Con el tiempo dejó de hacerse, al igual que las masivas reparaciones de los de muñeca, oficio que ha quedado para las piezas de alta gama.

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