4 versos de Rilke


Oh sonrisa, primera sonrisa, sonrisa nuestra.

¡Qué único fue aquello! Respirar el aroma
de los tilos, escuchar el silencio del parque…
y de pronto mirarse, y sonreír de asombro.

A primera vista, sentimentalismo puro. En realidad, fenomenología pura. Rilke no es Bécquer. De paso, esta escena tan hermosa y sutil, imposible sin el perfume de los tilos, es mucho más explícita que todos los descoyuntamientos amorosos de la tele y el cine.

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