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Un amigo de León

Nos vemos en el bar. ¡Benditos! (2)

Era el Bar Cantábrico de antaño, según me expresa, su actual propietario José María F. Rubio, hostelero de pedigrí, y testigo de curiosos recuerdos de la profesión, lugar de encuentro de variadas y cultas peñas de la sociedad leonesa: médicos, abogados, funcionarios, empresarios y altas autoridades, así como intelectuales y jóvenes parejas en busca de la tranquilidad del lugar.

Archivado en: Maximino Cañón, bares, benditos bares, brandy, bar Cantábrico

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Maximino Cañón
29/11/2013 - 03:30

Se escuchaba música culta. Se ofrecía el repertorio de las canciones que el trío Castilla, instalado en un pequeño escenario en lo alto del local, iba a interpretar para el respetable, siempre acompañando a un buen café, un coñac (después por imperativo, se le llamó Brandy) y una buena faria o puro. Esto daba cierto sabor a las frías noches leonesas los fines de semanas y donde las mujeres en compañía de su marido salían de la rutina hogareña. Pero aquel Cantábrico, además de ser recordado hoy por el buen servicio que proporcionaba, como dice José María, siempre está presente el recuerdo de el emblemático camarero Pepe (natural de Villaverde de la Cuerna), a través de su fotografía que, con buen acierto, pende en una columna de la actual cafetería del mismo nombre, como diciendo aquella frase tan familiar a la hora de servir alguna consumición: ¿Qué van a tomar los señores? Y es que el Cantábrico albergaba ese halo de buen ambiente y de amor por el arte que hasta los artistas de reconocido prestigio como Modesto Llamas han dejado patente su buen hacer en el mural, (hoy se puede ver también en el nuevo Cantábrico) que refleja un oleaje bravío del mar cantábrico, asimismo dejaron su impronta en el nuevo establecimiento; Manolo Sumers; Cándido Fernández Ichaurbe y Ocón de Oro. Pero si algo perdura en la memoria muchos leoneses es la irrupción de la policía, una madrugada de Jueves Santo en la que, en la sala de juego contigua al bar, y siguiendo la tradición, había un gran corro de gente jugando a las chapas que, aunque si bien estaban prohibidas, se hacía la vista gorda, hasta que llegó un inspector Policía nuevo y lleno la Comisaría al grito previo y pistola en mano dijo: "Ni caras ni cruces"; alto, esto es una redada, todos a Comisaría...y si llega a venir antes se encuentra con el alcalde, el gobernador, procuradores en Cortes, pues nunca mejor dicho, de todo había aquella noche en la viña del señor... Fernández Rubio. (Continúa).

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