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Un amigo de León

Muerte sin flores

Antes de iniciar la columna semanal, después de las, se supone, fiestas de la Navidad y de los Reyes, me despierto con una noticia que no por ser relativamente cotidiana, no deja de hacerle pensar a uno en la miseria que es para alguno lo que llamamos vida. Cuando nos referimos a la vida nos pasan por la imaginación aquellos buenos momentos que, a lo largo de nuestra existencia, hemos sentido y nos han hecho pensar que el buen vivir, o el pasar buenos ratos, solos o en buenas compañía, no tiene fin y que ello va a durar para siempre.

Archivado en: Maximino Cañón, indigente, muerte sin flores

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Maximino Cañón
17/1/2014 - 03:30

Me refiero al fallecimiento, creo que de muerte natural, (aunque a mí parece que todas las muertes son naturales) de un ‘sin techo' o ‘indigente' que se había cobijado en la entrada de uno de esos comercios situados en la Avenida de Ordoño II y que dan cierta protección en las duras noches leonesas. Según leo en la prensa local, parece que la muerte le vino por un fallo cardiaco (siempre que uno muere le falla el corazón al revés a veces no). Pero lo cierto es que el hombre, natural de Zamora, de 63 años, según la información publicada, se acostó tapado con una manta, con los bienes que poseía dispuesto a pasar la noche para, al día siguiente, seguir buscándose la vida, si se la podía llamar así, no se volvió a levantar. Es innegable que después de uno muerto ya poco importa lo que venga detrás pero, de lo que no hay duda, es de que todo ser ha tenido un antes que, como en este caso, a veces se desconoce y que alguna vez ha estado en la mente el saber cómo sería el desenlace. La mayoría de las veces uno se vería rodeado de los seres queridos, si alguna vez alguien le quiso de verdad, pensando que nunca le olvidarían y también de aquellos amigos con los que compartió momentos de felicidad o de infortunio y, seguramente, también acompañado por unas flores como expresión de un cariño imaginario que hagan presente este momento. Pero yo, como no creo que ninguna de estas cosas se vayan a dar en el caso que nos ocupa, pienso en ese ser desconocido, con familia o sin ella, pero tan persona como los demás, que dejó este mundo de manera silenciosa en la soledad de una noche de enero sin que, seguramente, nadie le haya mandado un sencillo ramo de flores como expresión de algún cariño olvidado.

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