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Un amigo de León

"Arrastro, arrastro... y todas mías"

Así finalizaban muchas partidas de cartas de las que, cada día, tenían lugar en los ya casi desaparecidos bares de aquellos barrios en los que muchos pasaron largas veladas. No sé si por crisis o no, pero los cierto es que como no existían los sindicatos democráticos, sólo campaba por sus respetos el llamado ‘vertical' porque las normas venían de arriba para abajo,.. y a callar. Por ése y otros motivos se expresaba aquello de que aquí había paz y trabajo, sí, sobre todo en Alemania, casi como hoy y aunque también se decía aquello de "aquí paz y después gloria".

Archivado en: Maximino Cañón, cartas, mus, tute, arrastro

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Maximino Cañón
14/3/2014 - 03:30

Esta última no supe lo que era hasta que ya entrado en años Mila, mi esposa, me explicó que era una calefacción caldeada con paja y que venía por unas canalizaciones subterráneas proporcionando un cariñoso calor en nuestros duros inviernos y de común uso en tierras de Sahagún y su comarca pues, al contrario que los sindicatos verticales, el calor se transmitía de abajo para arriba. Pero volviendo a otro calor, el que proporcionaban las estufas en muchos bares, ya que calefacción sólo la había en los cafés de cierto empaque, era el que se desprendía de algunas mesas en las que se jugaban partidas; las más cotizadas eran a la hora del café. Se podía decir que eran ‘mesas calefactoras' porque de ellas saltaban chispas. ¡A ver si das bien!, se escuchaba. ¡Que tienes una manos que parece que te las comió un gocho! Y así tarde tras tarde, y dejando constancia de las partidas sobre las mesas de mármol (entonces se conocían pocos ecologistas que hubieran aplaudido el ahorro del papel), pasaban los días esperando que llegaran tiempos mejores, para algunos; o que, para otros, que la cosa quedara como estaba. En la actualidad sólo se juega en los pueblos por el verano y en los bares periféricos. El juego de las cartas quedó tocado de muerte con la prohibición del fumar en los lugares públicos, que conste que creo que es una norma que ha hecho mucho bien a la humanidad, pero la sociología del momento era otra, y ahora casi no se escucha aquello de: "Arrastro, arrastro y todas mías". O aquello de: "Date mús con las que tengas". Ni tampoco lo de "Ponme café, copa y una faria" y si era gallega mucho mejor. Nunca entendí porqué las farias gallegas, concretamente las de Coruña, se cotizaban cual habano de la época si todas se hacían en monopolio de la Tabacalera Española.

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