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Un amigo de León

¿De parte de quién...?

Eran años en los que el tener un teléfono, de esos de colgar en la pared, no estaba tan generalizado como está en nuestros tiempos. En teléfono era un bien que todos deseábamos tener. Los números eran de seis cifras y el facilitarlo a un chico suponía pasar la barrera de la amistad. La cosa normalmente venía precedida de un encuentro con alguien, por mediación de amigos, en el baile o, como el que esto escribe, y de lo que no me arrepiento, en una boda. Yo, que me reía de aquel dicho de que unas bodas hacen otras pues, ‘zas, en toda la boca', pero para bien.

Archivado en: Maximino Cañón, teléfono, citas, bodas, ligar

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Maximino Cañón
30/1/2015 - 03:30

Después del primer acercamiento, verbal me refiero, llega el momento de fijar posturas para los días posteriores si la cosa había cuajado por el momento. El chico, eran otros tiempos, haciendo alarde de arrojo y valentía se lanzaba en el momento de la vacilante despedida, con una mano en el bolso y con el pie en el primer escalón del portal de la fémina, y le decía. ¿Me das el número de teléfono? Y si ella, después de darse cierta importancia manteniendo el suspense por unos segundos, te lo daba, era que la cosa iba por buen camino. Una vez conseguido el objetivo (obtener el teléfono) regresabas a casa dando chupadas al pitillo, parecidas a las que daba la gente cuando cantaba Bingo y se podía fumar, y pensando para tus adentros: Hoy he triunfado. Se te hacía eterna la espera del día y hora en que, siguiendo sus indicaciones, podías efectuar la anhelada llamada y fijar otra cita. Al llegar el momento marcabas el número con las manos temblorosas pensando en quien contestaría, si sería ella, su hermana o hermanas, su madre o, éste era el más temido, su padre. Pero una vez despojado de los miedos oías una voz, generalmente femenina y de su madre, que con cierta candidez te decía: Dígame, está Mari (por ejemplo), decías,...y aquí venía el meollo de la cuestión, con la voz más firme, con cierta autoridad y sin dar confianza alguna te contestaba: ¿De parte de quien? El resto queda en el recuerdo de los lectores/as que vivieron aquellos años. Después vinieron los móviles, las tabletas, el whatsapp y ya no preguntamos los padres quién llama ni de parte de quién porque ahora se llama directamente, pero eso no es ya lo nuestro ni de los nuestros. De las fotografías hablaremos otro día que jugaron un papel importante.

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