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Razón de ser de la Diputación

La continuidad de una institución del siglo XIX, como la Diputación Provincial, en pleno siglo XXI es un debate que algún día habrá que abrir si de verdad se quiere abordar una reforma en profundidad de la Administración Pública. Hay provincias, como es el caso de León y en comarcas, como El Bierzo, donde no es racional que un mismo ciudadano esté sometido, en diferentes grados, a la administración de hasta ocho entidades, cada una con sus competencias y color político correspondiente: junta vecinal, ayuntamiento, mancomunidad, comarca, Diputación Provincial, gobierno autonómico, gobierno de la nación y Europa. ¿Falta alguno más?

Francisco J. Martínez Carrión
17/4/2015 - 05:50

La Diputación, junto con las juntas vecinales, es el eslabón más débil de la cadena administrativa. Gran parte de sus competencias han sido asumidas en los últimos años por los gobiernos autonómicos y por los grandes ayuntamientos. En teoría, la Diputación está para dar servicios públicos a los ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes, es decir, la práctica totalidad de una provincia como León. Pero, sin embargo, y es la gran contradicción, la sede central está en la capital de la provincia, donde viven el 90% de sus empleados. Es, asimismo, en la capital, donde se concentran servicios de la Diputación como bibliotecas, museos, salas de exposiciones, geriátricos, centros asistenciales, talleres, parque móvil y un largo etcétera más de instalaciones de todo tipo. León, Ponferrada y San Andrés del Rabanedo son ciudades de más de 20.000 habitantes y por lo tanto deberían quedar excluidas de los servicios de la Diputación y, sin embargo, son las grandes beneficiadas porque concentran todas esas instalaciones y la residencia de sus funcionarios, en detrimento de los pequeños y medianos municipios, que, en principio, deberían ser los grandes beneficiarios.
Las diputaciones nacieron hace casi doscientos años con el objetivo de garantizar servicios mínimos y básicos a todos los municipios, como el suministro de agua, la luz, el teléfono, el alcantarillado, los accesos, la sanidad básica, la educación, etcétera. Afortunadamente casi todos esos servicios hoy están generalizados y son de disfrute público en toda la provincia y muchas de aquellas competencias iniciales ahora han sido asumidas por las autonomías o por el Gobierno central. ¿Qué razón tienen hoy en día las diputaciones?
Y para más inri, en las últimas décadas, las personas que han presidido la Diputación han sido residentes en León capital y en algunos casos hasta concejales del Ayuntamiento de la capital leonesa. Es decir, poco conocían de la realidad del mundo rural, al que deberían prestar los servicios. Ah, bueno, y para colmo, la elección de los diputados provinciales es indirecta. El ciudadano del mundo rural no puede elegir directamente a sus representantes, por lo que lo normal es que los ayuntamientos con mayor representación, es decir los más urbanos, impongan su mayoría y elijan a un presidente que poco o nada tenga que ver con los ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes que es a los que debe administrar.
En estas próximas elecciones, al menos, el PP se ha puesto la venda antes de la herida y ha nominado como candidato a presidir la Diputación a un alcalde de pueblo, a Juan Martínez Majo, un político bregado en la administración local, eficaz, que ha logrado transformar y modernizar su pueblo (Valencia de Don Juan) y con experiencia en la propia Diputación en anteriores mandatos. Una excepción que confirma la regla.

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