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Un amigo de León

Cine, juventud y precio

Me confieso aficionado al cine desde la primera vez que, ya no me acuerdo, me llevaron, creo que fue a uno al aire libre en un verano en la capital de España. Más tarde, casi como el resto de los mortales de mi generación, y metido de lleno primero en la niñez, después, en la pubertad y luego en la mayoría de edad, no teníamos otros pensamientos, junto con el salir con chicas, y no como ahora, que se dice salir de casa y entrar juntos en la de los dos, en la mayoría de las veces sin pasar por la vicaría ni por los juzgados.

Archivado en: Maximino Cañón, cine, 'Mula Francis'

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Maximino Cañón
19/6/2015 - 11:36

Digo esto porque en la actualidad, a pesar de la dura competencia con los medios audiovisuales existentes, como diría un entendido: "No hay color". El cine, como otras muchas otras actividades, se perfecciona al verlo en su versión dimensional, es decir, la películas en pantalla grande y rodeado de ese misterio que proporciona la oscuridad de una sala (aunque a veces tenga uno que aguantar a un vecino o vecina comiendo un recipiente de palomitas) que te traslada a lugares inimaginables donde te tratas cara a cara con el protagonista. Total que, como mencioné anteriormente, las salas de cine fueron sustituidas por sucursales bancarias, video clubes, y bingos, hasta que, con el tiempo, también muchas sucursales de bancos cerraron, lo mismo que muchos bingos, y las salas de cine, las que quedaron llamadas minicines, han venido manteniendo el tipo generalmente por la asistencia a los mismos de esa juventud que, aunque duramente azotada por la crisis, todavía emplea los pocos dineros de los que disponen en ir a ver una película en pantalla grande, como debe de ser. Es cierto que antes se veía todo desde la 'Mula Francis', que era aquella mula que hablaba y, en nuestra inocencia aún nos lo creíamos, hasta las llamadas de "gichos"o de espadas. En ningún otro sitio vi que al protagonista se la llamara 'gicho' (protagonista) pero es que en León somos así. El cine sigue gustando, lo que ya no gusta tanto son los precios de la entrada. Me explico: en la semana del 11 al 17 de mayo, y de lunes al jueves, así como los llamados 'día del espectador', los cines han mantenido la buena costumbre de celebrar la fiesta del cine bajando los precios menos de la mitad y, por primera vez en mucho tiempo, pude ver largas colas y una sala totalmente llena. Que cundan las ideas. Que ¡viva el cine¡ y que baje el IVA

 

 

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