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Alimentos para crecer

La industria agroalimentaria se ha consolidado en los últimos años como un sector económico emergente y de gran proyección de futuro. El éxito se ha debido, entre otros muchos factores, al apoyo decidido de las administraciones públicas a la hora de legislar sobre las denominaciones de origen y la protección de marcas, así como el apoyo del dinero público a programas de comercialización, publicidad y, sobre todo de internacionalización.

Archivado en: Francisco J. Martínez Carrión, productos de León, industria agroalimentaria,

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Martínez Carrión
09/10/2015 - 09:05

Hoy, muchos alimentos se asocian a unos territorios determinados y ambos a procesos de calidad. En la provincia de León, la Diputación lleva ya varios años haciendo un excelente trabajo con su programa "Productos de León", una marca que ha logrado aunar alimentos de calidad, tradicionales, elaborados con excelentes materias primas con turismo, medio ambiente, fiestas populares, sostenibilidad, y gastronomía.
La potenciación de esta industria agroalimentaria, bajo estrictos indicadores de calidad, se ha convertido en una eficaz herramienta para sostener la economía de amplias zonas rurales y frenar con cierto éxito el drama de envejecimiento y la despoblación. A este resultado han contribuido las iniciativas que han logrado relacionar estrechamente la industria agroalimentaria con la gastronomía y ambas con el turismo, el ocio, el paisaje, el arte, la historia y el medio ambiente. Todo ello conforma un paquete comercial de indudable valor económico y de gran atractivo en mercados muy urbanos, como es Madrid (ahora conectada con León a través del AVE) o todo el norte peninsular, sobre todo el País Vasco.
Productos tan típicos de la provincia de León como la cecina, los vinos prieto picudo o mencía, las alubias, pimientos, cerezas o castañas, por poner sólo ejemplos bien conocidos, han logrado construir una imagen de productos tradicionales e identificados con el paisaje y un medio ambiente razonablemente bien conservado. La potenciación de las denominaciones de origen o áreas protegidas, la unión de los productores y las campañas de ayudas de las instituciones públicas para fomentar la participación en ferias, jornadas y, sobre todo, en facilitar la exportación, han sido claves en el resurgir de un sector económico que durante muchos años ha sido marginal y hasta menospreciado frente a sectores tan agresivos y poderosos como la minería del carbón, la construcción o la agricultura extensivas de las grandes zonas de regadío a base de maíz o remolacha, grandes derrochadoras de un recurso tan preciado como es el agua.
Ha tenido que estallar una de las mayores crisis económicas de la historia para poner en valor la tradición y los alimentos de siempre y, sobre todo, para convertir a los pequeños y conservadores agricultores de ayer en los modernos emprendedores y empresarios agroalimentarios de hoy. Este cambio de mentalidad ha hecho posible que la cecina triunfe en los mercados árabes o que el vino del Bierzo compita con otras denominaciones de origen españolas en los estantes de los supermercados de Londres.
El éxito no es exclusivo, claro está, de la provincia leonesa. En toda España hay ejemplos similares. El resultado final es que el sector agrícola, el mundo rural, disfruta de una nueva oportunidad para su renovación y modernización.

 

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