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Adiós a la mi vaca pinta

Uno que, como la mitad de los españoles de hoy día, desciende de los pueblos, no ha perdido contacto con algunos de los hechos que tiempo atrás sucedieron y que se comentaban por doquier cual si de una orden del día se tratara. Cierto es que pocas cosas, si exceptuamos lo que en cada pueblo o localidad pasaba, ocurrían para alimentar los largos ratos de ocio que las labores propias del lugar dejaban.

Archivado en: Maximino Cañón, pueblos, vaca pinta, filandón, tertulias

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Maximino Cañón
30/10/2015 - 02:20

No me atrevo a calificar esos encuentros entre los paisanos y paisanas de Filandones, pues eso que tanto se prodiga en nuestros días para ensalzar las conversaciones comentando historias que cada cual conocía o le habían contado, eran simplemente conversaciones al lado de la lumbre en las largas noches de invierno, con el frío y la nieve de compañeros. Lo que aquí digo lo hago de oído contando historias que conviene no olvidar porque, de alguna manera, deben de formar parte del acervo cultural de lo que en tiempos pretéritos ocurrió, en este caso en los pueblos de la alta montaña. Sucedía que a mediados del siglo pasado, con una economía de subsistencia predominante en la mayoría de los pueblos, la gente joven, entre lágrimas de los progenitores, buscaba emprender viaje en barco por ver si volvían con un ‘aiga' después de hacer fortuna o las Américas, como habían hecho los ‘indianos' que por los veranos, después de mucho tiempo, volvían a reencontrarse con los orígenes luciendo sus mejores galas. De los que no volvieron, que también los había, no se comentaba casi nada, pues como decían los sabios del pueblo cuando se trataba el tema: "No creáis que por mucha América que sea, se atan los perros con longaniza". Uno que había comprado la vaca sin haberla pagado, le pareció bien, para mayor recochineo, dedicarle un disco al vendedor el día que embarcaba en Vigo y lo hizo con un título alusivo al destino del dinero acordado con un apretón de manos por la compra de la vaca al fiado (comprada y no pagada), dejando clara la intención del emigrante con la siguiente letra de la canción: "Adiós la mi vaca pinta, la de los floridos cuernos...". Pero mira tú por dónde, el dueño de la vaca escuchó la dedicatoria y la Guardia Civil se encargó de que se hiciera con el importe debido y de que las Américas, de momento, las hiciera en los calabozos de la benemérita.

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