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Navidad jubilosa

No quisiera yo saltar por la ventana de la nostalgia, quede tal propensión para etnólogos y poetas. Pero sí debo confesar que fui niño de EGB y de Nacimiento navideño. De lo primero ya hay un libro por ahí que no leeré, en su condición de best seller. ¿Lo del nacimiento? Si cierro los ojos aún puedo ver a un criajo ilusionado apañar musgo cada diciembre en Veneros, extenderlo en casa y colocar sobre él ovejitas de un precioso belén Made in Italy (no Taiwán) con gran cuidado de que sus hocicos tocasen siempre yerba y de renovar el musgo seco para que pudieran pacer dichosas. ¿Habrase visto mayor ingenuidad?

Archivado en: Javier Cuesta, Nacimiento, Navidad, reyes magos

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Javier Cuesta
20/11/2015 - 01:10

Aquello fue quizá mi aprendizaje como pastor, oficio que tendría luego ocasión de practicar sin otra ventaja que mucho tiempo para leer indiscriminadamente.
La tradición se acaba y la modernidad no da para esparcir figuritas en los hogares (ah, y por despegar musgo de una piedra hoy te enchironan). Existe incluso una ruta de Belenes diseñada por Diputación como muestra de algunos artesanos, acaso los últimos escaparates de tal decoración navideña. Pesebre, polvorones y reyes magos... todo desplazado por abetos de plástico, roscón millonario y un barbudo con trineo. Odioso es comparar, ya sé, aunque inevitable: temo que el mundo de las emociones sinceras haya salido perdiendo. Complicado meterse en la mente infantil; lo intentan los creativos publicitarios y ellos saben que ya la única manera de estremecer la espina dorsal de un niño es regalarle... ¡un palo! (Cómo han cambiado los tiempos y el tiempo en singular y hasta el tiempo de la tele: en el parte meteorológico salía un señor muy serio que daba la previsión con gravedad inquietante; ahora son guapas jóvenes con tanto empeño por seducir que parecen estar sintiendo un orgasmo al indicar las isobaras; vale, no hemos empeorado en todo).
Resumiendo: que en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo, en la vida y en la tele, Navidad jubilosa prescribió hace mucho para la generación de EGB, y más este año en que los políticos han pervertido la fecha colocando junto a sus zapatos una urna, a pie de árbol, para que les regalemos algo. Sí, básicamente cuatro años de ociosidad, la mitad de la vida laboral que necesitan para una pensión vitalicia. Ellos a nosotros ya nos han dado, vaya si nos han dado. Siempre atentos a la rima, no podían fallarnos y no lo han hecho en este provocativo año que acaba en cinco.

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