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Messi en la otra orilla

Doce años como sufrido progenitor, rascando frío en campos de fútbol de la región, son tiempo bastante para observar, horrorizarse y tirar la toalla; título suficiente para hacer balance y opinar. En síntesis: experiencia colectiva desdeñable y momentos gratos que discurrían por el carril de las sensaciones íntimas, más bien.

Archivado en: Javier Cuesta, cantera, fútbol base, Messi,

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Javier Cuesta
23/12/2015 - 03:30

Siempre pensé escribir una especie de gacetilla desde la grada o algo así, inventariando el catálogo de disparates semanales, y aún hoy me arrepiento. Un diario notarial, sin valoraciones, que sin embargo hubiera devenido bochornoso, con trapos sucios. Debí hacerlo y no lo hice. Fedatario indolente, ahora ya sólo puedo tirar de memoria para ver a un padre y a un abuelo correr más kilómetros que su hijo/nieto respectivo, dándole instrucciones desde la banda; a una madre grabar en cientos de vídeos cada momento futbolístico del niño (Tanta pasión para nada, tituló Llamazares un libro); a un pobre guardameta ultrajado por hinchas del equipo contrario; a un duro preparador emulando a Clint Eastwood en cada entreno; a un joven árbitro zarandeado de camino a la ducha; a un fichaje estrella importado de otro club local desplazar a chicos de la casa y largarse desagradecido al acabar la temporada; a un supuesto crack ascendiendo dos categorías de golpe porque su papá/manager tenía muchos euros (más dura será la caída); a un coordinador fatuo humillando a adolescentes en el vestuario tras una derrota; a un niño con gemelos de culturista, sobre-musculado del gimnasio forzado por su papi; o a un soso y efímero míster censurando a un crío el ser deportivamente tímido, y juro que en la puntita tuve a Cioran ("la timidez, fuente inagotable de desgracias en la vida práctica, es la causa directa y hasta única de toda riqueza interior") pero no solté la frase pues intuí que no me entendería.
Esos y otros por el estilo son valores de clubs que se consideran a sí mismos legendarios. Casos extremos, aunque no aislados sino frecuentes (muy repetidos, tristemente). Intereses, privilegios, mucha tontería, fanatismo, ingratitud, broncas, rivalidades enfermizas, obligación de ganar, obsesión por llegar... ¿ganar qué, llegar dónde? Mientras tanto, chavales sensatos que se divierten con el deporte y salen a jugar porque sí, acaban por desistir viendo los tejemanejes. Porque sabemos que en el fútbol profesional no hay escrúpulos, pero ¿en el de base tampoco?

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