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Dignidad (I)

Un país con más de cuatro millones de parados no puede prosperar ni su insípida ministra levantarse satisfecha un solo día. Eso equivale a media docena de provincias cruzadas de brazos. Hombres y mujeres sin tarea, sin ingresos, sin orgullo. Sin dignidad.

Archivado en: Javiaer Cuesta, dignidad, los Simpson, payaso Crasty, Lisa, Marx, hambre,

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Javier Cuesta
22/1/2016 - 04:40

Y entre los 18 millones de ocupados hay, gracias a la reforma laboral de un gobierno ultraliberal, enorme porcentaje con un trabajo de mierda, una birria de salario o ambas cosas. Ya dijimos que todo está en los Simpson: el payaso Crasty le dice a Lisa, que trabaja como su becaria y cometió grave fallo al llevarle la agenda "¡ay, ojalá te estuviera pagando algo para poder bajarte el sueldo!" Casi hemos llegado a eso, a una recompensa que se queda en nada, algo parecido a lo que Marx llamó salario del hambre. Si no es verdad, que lo niegue alguna de tantas teleoperadoras, sufridoras de un empleo que -por otra parte- representa la principal y precaria oportunidad laboral en nuestra ciudad.
Quizá la otra gran salida, el plan B, sea la auto-ocupación. Solución laboral, no profesional (hay cierta diferencia). Un estudio reciente de la Universidad de León concluía que la edad media para montar una empresa el año pasado fue de 38 años y con una formación superior. Otro dato destacado: son cinco veces más los emprendedores con edades entre 45 y 54 años, lo que indica un perfil de personas mayores que tienen por delante todavía algunos años hasta su jubilación pero ninguna expectativa. Autónomos o pequeños emprendedores, un sector que ha contribuido a rebajar el desempleo aunque a un alto precio porque se trata de un recurso extremo, forzado por la necesidad y la falta de otras opciones. Forzado por la desesperación. Son proyectos sin solvencia económica (¡a buenas horas nos vienen Herrera y del Olmo con su Lanzadera financiera!) y sin convencimiento, sin el componente vocacional que tenían antes, por eso acaban a menudo en el abandono, una vez que han agotado los beneficios legales. Se dice incluso que muchos son un paso previo para marchar a Alemania.
Y ahora que Air Europa cobra sesenta euros por sus entrevistas de trabajo, me acuerdo de un buen comercial que acudía a procesos de selección en los que siempre algún chorra de recursos humanos le atosigaba con preguntas del estilo de ¿a qué huelen las nubes?, hasta que, muy harto, mandó todo a freír y acudió al autoempleo. Abrió un bar... por ver, por estar, como tantos.

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