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Disparate

Cada día te cuentan un caso, cada uno más absurdo que el anterior. Transportista, muchas horas en su furgón, se para en la carretera, baja y le zumban ochenta pavos, no por detenerse mal sino... ¡por mear a gusto! (tendrá que llevar pañal, como esas cajeras de algún supermercado).

Archivado en: Javier Cuesta, Ley de Pesca, transportistas

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Javier Cuesta
17/6/2016 - 04:40

Campesino corta maleza en la orilla del Esla, limpia el cauce y lleva leña a casa, aparece el Seprona y le calca tres mil euros porque entre la broza hay un sagrado aliso (ese hombre estará deseando, naturalmente, que alguna riada se lleve por delante todos los cuarteles hasta la desembocadura en Oporto).
Dicen los aficionados que interpretar la nueva Ley de Pesca exige tener al menos tres carreras. Cada año es un poco más locura: que si el martes pesca sin muerte, el jueves muerte pero poca, el sábado con muerte digna... que no puedes transportar vivo el animal, ni matarlo, ni comerlo allí, ni devolverlo al río, ni darle un beso si no es a escondidas... El pescador debe solicitar sitio, llamar a un teléfono, le llega un mensaje, con ese código busca al guarda y, si tiene suerte y lo encuentra, éste le adjudica un puesto. Con la desventaja de que desde la Asociación hacen cien llamadas antes que él para reservar, luego no van y en ese tramo finalmente no hay nadie mientras en otro están apiñados. La medida permitida para trucha común es 19 en Asturias, en C. y León 21. Si pescas allí debes ir al cuartel a sacar una guía o al traerlas te atizarán por dos centímetros en el Negrón. Así es el endiablado sistema, o algo parecido. Lo justo para que el paisano mayor, pescador de toda la vida, rompa la caña en dos cachos y saque ticket en la pescadería. Al parecer ni la Guardia Civil controla la enrevesada ley, por tanto sanciona preventivamente no sea que estés infringiendo algún artículo; después ya reclamas y si tienes razón te lo quitan.
Al desilusionado pescador le queda el pataleo. En carta pública de 30 de mayo, uno se quejaba razonablemente de que acabaran con ese deporte "burócratas sentados en sus sillones con un mapa encima de la mesa" y la Junta "con una ley injusta, sumamente restrictiva y antinatural (...) complicadísima, un galimatías de normas, reglamentos y prohibiciones que caen en el ridículo y en la estupidez".
Sea lo que sea, todo acaba siempre en prohibir y sancionar. Sin ser pescador ni campesino ni transportista, puedo sentir su mismo cabreo. Tanta impotencia como ellos.

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