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Butacas y percheros

En días pasados, leí en los medios que el Grupo Socialista en el Ayuntamiento de León, y de la mano de la concejala Evelia Fernández, ex responsable de Cultura en otro tiempo; mueve ficha registrando una pregunta interesándose por cómo están las gestiones que el alcalde y la concejala de Cultura y Patrimonio han hecho respecto a la situación en la que se encuentra el Teatro Emperador.

Archivado en: Maximino Cañón, Teatro Emperador, Cine Condado, cine

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Maximino Cañón
24/3/2017 - 01:10

La cuestión tiene su miga pues, si bien en otros tiempos ha sido nuestro buque insignia de cuantas celebraciones tuvieron lugar en el mismo: teatro, revistas, festivales musicales etc., pero, sobre todo y de manera más continua, cine; en la actualidad se encuentra dentro de una gran incertidumbre, tanto por el tema económico como por el programático. Otra duda que se plantea es la de dotarle de cometido y actividad en la supuesta nueva etapa, salvados los impedimentos de seguridad. La solución no es fácil, pero tampoco imposible. Pero de ello ya tendré ocasión de hablar en otra ocasión, con las ideas más claras. ‘El Emperador', como otros lugares de ocio de nuestra ciudad, guarda infinidad de anécdotas. Era un teatro (dedicado al cine fundamentalmente) con una capacidad que superaba las mil doscientas localidades y en el que, junto con el ‘Condado', se consideraban los cines de postín que la empresa ELDE poseía en León, entonces sin competencia, donde se proyectaban los ansiados estrenos que, por entonces, llegaban con bastante retraso. Estaban unos amigos y amigas ubicándose en los asientos numerados de la selectiva butaca de patio, cuando, después de señalar las localidades que les correspondían, se disponían a sentarse cada uno en su sitio, a la vez de despojarse de las prendas de abrigo, tal como correspondía al clima de aquel domingo invernal, cuando como es incluso hoy día habitual colocar la misma encima de la butaca de adelante sin cerciorarse si en la misma había alguna persona, cuando aparecieron unas manos exaltadas manifestando su sorpresa e indignación por el abrigo que le había caído encima diciendo ¡oiga, pero esto qué es, que mi butaca no es su perchero! La situación se originó porque la butaca en cuestión superaba en altura a la estatura de la persona que la ocupaba. Después de conocer este episodio, entendí que lo mejor es poner la ropa en el regazo o en el respaldo de la tuya, aunque se arrugue.

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