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'El termo' de Julio Iglesias

Empezaba a hacer sus pinitos cantando en festivales así como en TVE y, si mal no recuerdo, una de las primeras actuaciones como cantante, y con la que tuvo gran aceptación en sus primeras actuaciones, fue con ‘La vida sigue igual', canción con la que ganó en julio de 1968 el Festival de Benidorm. Con ella lograría el número 1 de las listas españolas, lo que dio lugar a su carrera de éxitos.

Archivado en: Maximino Cañón, Gwendolyne, 'La vida sigue igual', Julio Iglesias, Real Madrid Juvenil,

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Maximino Cañón
12/1/2018 - 02:20

Cuando con veinte años era el portero de Real Madrid juvenil sufrió un grave accidente, lo cual le obligó a dejar la práctica del fútbol y dedicarle su atención a la canción durante el largo periodo que pasó en sanatorio con la incertidumbre de como sería la recuperación. Todo ello empezó con el regalo de una guitarra que el enfermero que le atendía le hizo.
Después, como de todos es sabido, llegó con sus canciones a donde ningún español habría soñado llegar. Vendió más de 300 millones de discos en multitud de idiomas, además de actuar ante las máximas personalidades políticas del momento. Pero aquí, como amantes y practicantes del llamado cachondeo o burla sobre lo ajeno, lo que más nos atrajo, quizás también porque algún imitador lo patentó, fue el sacarle punta a lo que se nos ponía por delante. Julio Iglesias, para qué vamos a negarlo, rompía entre las féminas por su particular interpretación de canciones llenas de romanticismo, motivo, a mayores, por el que era necesario sacarle algún defecto que le hiciera ser el blanco de nuestros dardos cargados de envidia. En cualquier caso, una cosa es el tener manía a alguien, y, otra, ponerle un mote que le hiciera rebajar sus valores ante las chicas, repito, aunque desconozco el autor. Estábamos en ésas, cuando Julio triunfaba cantando una canción dedicada a su novia de entonces, producto de su estancia en Inglaterra, cuyo nombre era ‘Gwendolyne Bollote', cuando alguien dijo, con una gran ocurrencia cómica, para qué dudarlo, después de escuchar el comienzo de la letra que decía así: ‘Tan dentro de mí,... conservo el calor', dijo. ¡Ya está!: ‘el termo'. Y con ‘el termo' se quedó durante un tiempo a la vez que, junto al calor que conservaba el mencionado ‘termo', amañó una fortuna impensable convirtiéndose el autor e intérprete de Gwendolyne, al mismo tiempo, en nuestro mejor embajador triunfando en países en donde ningún español había plantado sus reales.

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