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León, ex minero y ex... más cosas

"Minero le quiero madre, de las minas de León, que aunque el carbón sea negro, que aunque el carbón sea negro, las pesetas blancas son". Esta letra de una canción del Maestro Pastrana y que en tiempos cantó con mucha profusión, entre otras agrupaciones corales leonesas, ‘La Coral Isidoriana', nos remite a los años en los que, junto con la minería asturiana, éramos grandes beneficiados por la extracción de carbón, generando riqueza entre los miles de trabajadores (y digo muchos miles), dando vida a los lugares donde las minas desarrollaban su actividad.

Maximino Cañón
23/11/2018 - 02:20

Hoy día ya no queda prácticamente nada de aquellos hombres que, con unas buenas y merecidas nóminas, exponían sus vidas a cambio de procurar un estado de bienestar entre los suyos. Nuestra provincia se beneficiaba de los muchos mineros que se gastaban el dinero de una manera generosa, contribuyendo a un mejor vivir entre quienes, vendiendo todo tipo de artículos, veían marchar viento en popa sus negocios sin pensar siquiera que, con el tiempo, ese viento de prosperidad se convertiría en nubarrones llevándose por delante todo aquello que sirvió para mantener un buen nivel de vida entre los que aportaban sus esfuerzos sacando de las entrañas de la tierra ese valioso mineral, si bien, también, dejando por el camino luto en muchos hogares.
El minero siempre estuvo acompañado de una aureola de hombre generoso, trabajador y sin miedo a la muerte pensando, no sin razón, que una vez en la mina no sabría si iban a salir con vida de la misma. Esto viene a colación después de enterarme del cierre de la última mina de carbón del Bierzo (el pozo Salgueiro), que, aunque ya no aportaba mucho económicamente, simboliza el fin de un ciclo histórico, como declaraba el alcalde de Torre del Bierzo, Gabriel Folgueral. Para completar las "malas noticias" la OCDE nos embrisca los robots amenazando con que, a partir del 2030, peligrara uno de cada tres empleos. También dicen que de momento no hay porque asustarse que esto sólo es un riesgo y que faltan doce años para que se cumpla esta previsión. ¡Menudos ánimos! Por eso me pareció, más que justificada, la manifestación del jueves pasado 15-N, para que León no sea un León dormido y vaya enseñando sus garras, porque "después del burro muerto, la cebada al rabo", demostrando que ni somos burros ni estamos muertos.

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