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Aquellas funciones de antes

El teatro y la revista eran para mayores generalmente. A nosotros nos quedaba el cine con mayúsculas y, como alternativa deseada. Al mismo tiempo, y a escala de barrio, se desarrollaba una actividad que, casi sin saberlo, representaba los albores de una cultura asequible a todos lo públicos.

Archivado en: Maximino Cañón, teatro de antes, teatrillos, títeres

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Maximino Cañón
03/5/2019 - 04:40

Esta actividad consistía en una especie de teatrillo de variedades donde, generalmente chicas, exhibían sus conocimientos en la materia. La idea bien podría venir de los llamados ‘títeres' que en época veraniega tenían lugar en las plazas o plazoletas al aire libre a eso de las diez de la noche.
Al llevarse a cabo en plena calle, nos sentábamos en el suelo mientras que los mayores lo hacían en los asientos (banquetas, sillas y taburetes) traídos de casa. Los ‘títeres' gozaban de una gran aceptación ya que, al ser gratuitos, dejaban a criterio de los asistentes aquella ‘voluntad' que, mediante un platillo, era solicitada por los artistas al finalizar la función. De esta manera los chavales, ávidos de cualquier diversión a nuestro alcance, asistíamos a la función (así se denominaban a la puesta en escena de cada actuación) que, generalmente, las chicas de algo más edad, proporcionaban. El lugar era, casi siempre, el portal o patio donde alguno/a de las artistas vivía, y el decorado consistía en una cuerda de una pared a otra de la cual colgaba un cacho tela dando un cierto aire de misterio a cada interpretación.
Una vez anunciado el número, salían las actrices mostrando sus mejores conocimientos, en el canto, el baile y la poesía, dejando con la boca abierta a la concurrencia debido al alto nivel que sus actuaciones transmitían. A diferencia de los títeres aquí se cobraba la entrada antes de empezar la esperada función cuyos precios oscilaban entre los diez céntimos de peseta para los más pequeños y un real para los de más edad. Era impresionante ver el ‘taconeo' y ‘el movimiento de faldas' con que a los espectadores nos deleitaban. En cualquier caso, la imaginación (y la falta de medios y dinero) se desarrollaba a fin de poder sacar unas ‘perras' con las que comprar unas pipas, chicles o una manzana bañada en azúcar requemada con color rojo. De mayores asistimos a grandes producciones teatrales o musicales impregnadas de gran luz sonido pero nunca serían equiparables a la autenticidad de aquel taconeo que Reyes, Dulce, Loli, Espe, y demás chicas del elenco, mostraban sin haber asistido a ninguna academia. Con mis mejores recuerdos a todas ellas.

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