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Mis apuntes

El río

Calor, pesadez, cansancio, sopor.... Calificativos todos ellos relacionados con el verano. Un verano más en el calendario de nuestra vida y ninguno igual a otro. Veranos para trabajar, para vaguear, para divertirse si se tercia y para festejar. ¿Qué sería de un verano sin bicicletas, sin fiestas y de una fiesta sin verano?

Archivado en: Ana Isabel Ferreras, rio Esla, pantano de Riaño, baños en el río

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Ana Isabel Ferreras
12/7/2019 - 08:28

Ahora que las piscinas se ponen a reventar, cumpliendo su función de bañeras gigantes a la intemperie, vuelvo un año más a recordar el río de mi infancia, y lo añoro. Nunca dejaré de quejarme de los efectos colaterales que el pantano de Riaño ha provocado en mi querido río, el Esla, a su paso por Gradefes. Quién lo ha visto antes y quién lo ve ahora. Imposible volver a adentrarse en sus aguas buscando sus caricias en verano. Porque intentar cruzar de una pilastra a otra, enfundada en neopreno hasta las cejas y sujeta con arnés de seguridad, para evitar las corrientes traicioneras, la verdad es que me seduce más bien poco o nada.
Añoro aquellas largas tardes calurosas, ante la mirada vigilante de madres y abuelas, donde correteábamos por la orilla con nuestras eternas sandalias de goma o cangrejeras, merendábamos el bocata de nocilla (no había nutella), y jugábamos haciendo trastadas, cazando renacuajos y enseñándonos unos a otros a nadar cruzando el río, a estilo "perro" primero para ir perfeccionándonos después. Y con trikini, por supuesto, que de aquella estaba muy de moda.
Muchos y buenos recuerdos de la mejor época sin ninguna duda: la infancia, donde todos deberíamos rozar en algún momento eso que llaman "felicidad". Es una pena que las generaciones posteriores no hayan podido disfrutar del río tanto como lo hicimos nosotros. Tendrán que conformarse con pasear a su lado, embelesarse mirándolo y si pueden, preservar su conservación. Eso sí...viendo como sus aguas se escapan a su roce y fluyen bien controladas hacia los riegos castellanos.
La playa de Gradefes conserva aún su letrero, desafiando el tiempo y los cambios forzados. Lo de la España vaciada y el envejecimiento de la población ya lo anunció el pantano hace bastantes años. Ahora lo que toca es aguantarse y torearlo.

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