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cañón contra cañón

¡Que te meto interno...!

Maxi Cañón y Luis Cañón disertan esta semana sobre los internados de niños y jóvenes con las distintas visones y experiencias que marcan varias décadas de distancia temporal.

Maximino Cañón & Luis Cañón
04/10/2019 - 02:20

 

¡QUE TE METO INTERNO...!

MAXIMINO CAÑÓN

Esta expresión se escuchaba en algunas casas dirigida al niño o la niña de comportamiento alterado en mis años de estudiante, allá por los años cincuenta, y otros, cuando haciendo travesuras eran objeto de las sentencias emitidos por sus padres, generalmente, más por el padre que por la madre, a ver si con ello lograba meter en vereda al hijo. Era normal ver a niños procedentes tanto de la provincia como de otros puntos de España y del extranjero, sobre todo de los países de habla hispana. Los Maristas de León tenían una acreditada fama (que aún hoy mantienen), tanto en lo referente al buen nivel de formación en los estudios, como en el ambiente disciplinar, aunque, en algún caso, se pasaran en la aplicación de autoridad.
No puedo olvidar a un fraile, al que conocíamos como ‘El Pive', debido a su estancia en Argentina, que nos atemorizaba lanzándonos una raqueta de madera maciza de las de jugar al frontón, que si hubiera alcanzado en la cabeza a alguno no lo contaríamos ahora. ¡Menudo ejemplar! Yo tenía un amigo. al que llamábamos ‘El Caracas' debido a su lugar de procedencia, y un primo de mi edad, Carlos ‘Guti', que además de primo es amigo. Envidiábamos a los internos al ver como, en la hora del recreo les daban, para merendar, dos onzas de chocolate introducidas en un bollo de pan. En conjunto creo que, a pesar de no tener los controles tan exhaustivos que se tienen hoy, la alimentación era buena para aquellos años consistente en dos platos y postre, que no en todas las casas se tenía semejante menú. Pero, en cualquier caso, los niños preferíamos estar al lado de nuestros padres, que internos, aunque tuvieras buena alimentación y cine los jueves y los domingos en el colegio.

CONTRARIO A LOS INTERNADOS

LUIS CAÑÓN

UERIDO Maxi: Salvo una excepción (un amigo tuyo que estuvo en Carrión de los Condes), no conozco a nadie que haya disfrutado de un internado; al contario, sé de alguno que espera paciente la vejez de sus padres para devolverles la mala decisión ingresándoles en una residencia de ancianitos.
Por mucho que hay quien quiera justificarlo, lo de  ir “de interno” es una gran putada. Separar a los niños de sus padres en edades tempranas y complicadas es un crimen, que de alguna manera siempre deja huella.
Tal es así, que apenas quedan internados en nuestra ciudad, creo que sólo se mantiene  uno en activo, y de un colegio que tenía fama de espabilar a los chavales a capones. Por algo será.
Me imagino que antes se enviaba a los chicos a estudiar porque donde vivían no era posible, o porque simplemente no podían. Ahora, según me cuentan, les envían porque en muchos casos les estorban, porque no hacen vida de ellos. Fundamentalmente porque los padres han perdido la autoridad.
Compartir, educar y convivir con niños es muy complicado, seguramente la tarea más difícil que existe, y hoy en día, hay quien piensa que colocando a un niño en un colegio, y pagando la cuota, todo está solucionado.
Otro asunto son los comedores, donde si está demostrado que los niños fortalecen sus relaciones, asimilan el protocolo en la mesa y aprenden unos de otros. El pequeño Dimas, desde bien pequeño, ha ido siempre al comedor y te puedo asegurar que come mejor que yo, no en cantidad evidentemente, pero si en variedad.

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