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¡Qué nevada, hoy o hay clase!

Palabra mágica que desataba una inusitada alegría por lo que la nevada suponía entre los estudiantes. El levantarte y ver que las calles estaban cubiertas de nieve impidiendo el tránsito por las mismas ponía en marcha la imaginación entre los chicos del barrio al disfrutar de antemano de lo que se vislumbraba, como consecuencia de la nevada, como era la ausencia de clase, sin apelar a una gripe inexistente; así como de la guerra a bolazos que tendría lugar, bien entre los propios del barrio o bien acosando a las chicas que perpetradas con las ‘botas Katiuska' y con los libros en la mano. ¡Qué valentía más cobarde!

Archivado en: Maximino Cañón, nieve, nevadas

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Maximino Cañón
22/11/2019 - 04:40

Eran otros tiempos. El Ayuntamiento disponía de escasos medios para combatir las copiosas nevadas que, por aquellos años, caían puntualmente en los inviernos de nuestra ciudad. Entonces era normal apelar a la colaboración ciudadana, con especial incidencia sobre los establecimientos públicos ubicados a ras de suelo para que los responsables, con pala en mano, limpiaran la parte que les correspondía haciendo más transitable el caminar por las aceras. Hoy se denominaría ‘hacendera leonesa capitalina', entonces no existía la magnífica y acertada UME.
No me extenderé dando mi parecer sobre si antes caían nevadas mayores o si hacía mas frío, pero sí quiero decir, apelando a los recuerdos en imágenes viendo a las educadas chicas de entonces acoquinarse ante las embestidas que una juventud un tanto asilvestrada y machista, (era como nos habían educado, imperando la supremacía del hombre sobre la hembra), que hoy tendríamos cumplida respuesta por parte de las féminas en un enfrentamiento a bolazos cara a cara, sin complejos,y sin que por ello fueran a ser calificadas de ‘mari machos' ni cosa por el estilo. Tampoco existen hoy casi carbonerías como antaño, donde podíamos adquirir, o apropiarnos, con o sin autorización, de aquellas bolas de carbón (ovoides) que, junto a una zanahoria y una bufanda al cuello, daban apariencia humana a los muñecos de nieve dotándoles de ojos y nariz para adornar nuestras plazas en aquellos duros inviernos.
Mi reconocimiento, sin paliativos, a la Unidad Militar de Emergencia (UME) por la eficaz labor humanitaria y de gran solidaridad que viene realizando, así como a su promotor José Luis Rodríguez Zapatero. Al César lo que es del César.

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