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El otro abrazo de Vergara

Al concejal de Podemos en el Ayuntamiento de León, Nicanor Pastrana, lo tenía jodido -o le tiene jodido aún- su propio partido. Crucificado más bien. Eso de formar alianza con el PSOE municipal encabezado por José Antonio Diez -en definitiva, integrarse como uno más en el equipo de gobierno socialista, sueldo incluido, al margen de sus correligionarios- no les encajaba en ninguno de los supuestos. Y no les cuadraba porque la propia formación, en comandita, pretendía ser algo así como un edil embozado y en la sombra. Camuflado entre las paredes de Poridad.

Archivado en: Julio Cayón, Nicanor Pastrana, Podemos, Pedro Sánchez, Ayuntamiento de León

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Julio Cayón
17/1/2020 - 12:15

¿Y cuál era lo mollar de la cuestión? Algo muy fácil: dictarle a Pastrana lo que debía decir y hacer en Ordoño II. Tenerlo atado. Dócil. Una especie de democracia vertical. Pero los tiempos cambian que es una barbaridad. De un día para otro. Como si se tratara de un fascinante y espectacular ‘aleop', que diría un mago de levita y chistera cuando, frente a las miradas expectantes y atónitas del público, resuelve el truco. Pues igual.
Hace poquito más de un mes -allá, por la primera quincena de diciembre- Podemos, de forma radical, desautorizaba el apoyo de Pastrana a los dineros municipales, al presupuesto de Diez. Y el enfado, en forma de denuncia, lo hacía público la muchachada ‘podemita' con un argumentario que conllevaba, además, el descrédito (político) del concejal ante los afiliados y simpatizantes de la extrema izquierda leonesa. Y sin encaje de bolillos, oiga. A la brava.
Y mira por donde el jefe supremo de la ‘peña', el de la amplia y espesa coleta, el que se las tenía tiesas con los socialistas de Sánchez -que son muy diferentes al resto de socialistas españoles- se abrazaba al ‘baró' del Gobierno y del partido de la rosa, al adalid de la progresía -palabra que repite machaconamente- para, como vicepresidente, cogobernar el país. O lo que pueda quedar de él más pronto que tarde si la ‘santa' Constitución no lo remedia, que tampoco está el asunto como para ponerse a hornear pasteles de crema y confituras.
Sin embargo y pese a los antecedentes y las espinas, todos tan contentos. Entusiasmados. Y de lo dicho, nada. Porque hay que escuchar las gruesas palabras que Sánchez dedicaba a Podemos -a Pablo Iglesias- fechas antes de las elecciones generales, y después se producía el abrazo de Vergara entre uno y otro. Por lo tanto, el concejal Pastrana puede dormir tranquilo. A pierna suelta. Todo es cuestión de achuchones. Y muy apretados. Mucho apretujados, que diría Rajoy en sus tiempos de gloria.

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