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un amigo de león

Del ladrillo al radiador

"Mamá, mete el ladrillo en la bolsa que voy a la cama". Aunque esta entradilla le parezca a Luis un sin sentido, por el contrario, a muchos de mis seguidores y amigos, les resultará más que familiar esta expresión. Esto viene al hilo de las fuertes heladas que en estos días hemos tenido en León, las cuales nos hacen recordar aquellos ‘bajo ceros' constantes con los que el duro invierno nos deleitaba. El frío entonces lo combatíamos como podíamos.

Archivado en: Maximino Cañón, frío, heladas, radiador, bolsa de agua caliente, ladrillo caliente

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Maximino Cañón
24/1/2020 - 03:30

Como muy pocos domicilios tenían calefacción, era de agradecer el calor que las cocinas de carbón desprendían para calentar las viviendas. Todavía recuerdo los grandes depósitos que, colocados encima de la cocina, y aprovechando la energía calorífica del carbón, proporcionaban agua caliente para todas las necesidades del hogar, incluyendo los baños y las duchas, que nos hacían olvidar aquellos baldes de zinc con que, en aquellos tiempos nos bañábamos, de aquella manera. Aquello sí que era tecnología elemental pero con resultados superiores.
Es cierto que, a pesar de todo, eran frecuentes los "sabañones" sobre todo entre los trabajadores de la hostelería que tenían que lavar el menaje con agua fría, de la de entonces. Los calcetines de lana hechos en casa eran un gran remedio para mantener los pies calientes dentro de unas botas con pisos de "crepe" (quien las tuviera), cuando se pisaba nieve. En definitiva que fueron otros años, predecesores de los que vinieron después.
Todo ello lo digo esperando que esto que relato ayude a distinguir entre el ladrillo, normalmente sustraído de una obra, y lo que hoy día, una gran parte de la población disfruta como calefacción, bien sea central o particular. Un poco después (en aquellos años) se prodigó la bolsa de goma que, aunque más cara, mantenía el agua y los pies calientes en la cama sin rasgar las sabanas con las esquinas, pero con el inconveniente de que alguna vez se aflojaba el cierre dando lugar a tener que explicar a tú madre si la humedad en el colchón provenía de un fallo del cierre de la bolsa o es que se te había aflojado la vejiga. Ahora, como casi todas las casas se alimentan con electricidad, cuando esta falla, y te tienes me meter en la cama, lo haces como dice mi amiga y gran cinéfila, ‘Yoya', poniendo en práctica la siguiente frase con tanta gracia, como razón: "Con estos fríos te tienes que desnudar a traición". Esto es León, mientras no nos cambien la estación.

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